Qué significa la palabra de moda procrastinar: la explicación con ejemplos simples y cotidianos de Lula Rosenthal – GENTE Online
 

Qué significa la palabra de moda procrastinar: la explicación con ejemplos simples y cotidianos de Lula Rosenthal

En tiempos en los que la palabra “procrastinar” se puso de moda, la talentosa cantante, actriz y panelista de Los Mammones desanda en primera persona su costumbre de “postergar, dejar para después”, para terminar con un final que revela que lo suyo es más que materia interesante para un… psicólogo.
Lula Rosenthal
Entretenimiento
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Hola, sí. ¿Qué tal? Soy María Procrastineishon: Sí, vamos a llamarme así.

Entonces ahí estaba yo, mirando la nada pensando en todo, artesaneando un cigarrillo de tabaco para armar, ese que dicen que es mejor que el industrial porque tiene menos esto y menos aquello, y siempre pensando que va a ser el último… ¡Já! Explota en mi interior una carcajada madre. Tres segundos me dura. Igual juro que es constante y rotundo esto de dejar de fumar. Lo pienso seriamente.

Y acá estoy, che… me paseo por la casa… fumando. Estas largas caminatas en mi 2x2 del barrio Congreso no son poca cosa. Altos días tengo. Por las tardes mientras pito miro por mi ventanita todo ese balcón sucio, lleno de basuras de vecinos. ¡Una suerte la mía! Vivo en el primer piso de un edificio de 14. Mi patiecito no es solo el basural común sino el gran cenicero de todos los balconeros que durante todos estos meses… Paren porque me caliento con este tema. Hace seis meses que vivo acá.

O sea… ¿Ninguno consideró siquiera agarrar un plato viejo o un vaso descartable para tirar allí sus porquerías? ¡Pero nooo!, ¿para qué? Si total está el patio de María la boluda. Yo le pongo voluntad, sepan que sí, eh. Todos los días tomo seis segundos de coraje para ir a buscar a todos los vecinos con balcón y putearlos. Pero poco me dura el impulso, pues primero tengo que limpiar el balcón y después dejar de fumar.

Y después pagar las cuentas, e ir al chino y cambiarles la sábana a los perros y limpiar sus necesidades que abundan por doquier… Y comer, también tengo que comer, bañarme, vestirme, maquillarme, ir a trabajar… volver… comer… ¿¡No ven que no me da el tiempo para limpiar el balcón, ni para putear al vecino!? ¡Ni para dejar de fumar tengo tiempo!… ¡Ah! y tengo que hacer una mierda del Token del Home Banking, que no entiendo un carajo y hace tres semanas estoy dándole la vuelta. “Token”, qué palabra boluda. ¿Quién la inventó?

¡Hablando de palabras!
Ayer estaba viendo llover colillas de cigarrillos industriales, mientras fumaba mis cigarrillos no industriales parada sobre toda la inmundicia del balcón. Mientras miraba mi laptop con 50 proyectos míos abiertos –por supuesto inconclusos-, me acordé de una palabra que siempre decía un amigo, Víctor, que muy bien no estaba… No vamos a profundizar en Víctor porque ese dato es el único importante sobre él.

La palabra que decía Victor era “procrastinar”. Siempre me quedaba esa palabra dando vueltas pero sobre todo porque sentía que todos la pronunciaban para el orto. Y así fue, lo descubrí tal cual: La pronuncian para el orto y hago una pequeña detención en el relato para aclarar, porque esto forma parte de la cultura y educación que yo puedo brindarle al pueblo. Es “ProcRastinar”, señores. Pro-cras-ti-nar. Con esa ‘r’, en ese lugar, entre la ‘c y la ‘a’.

Es importante que todos los sepamos. Pongo énfasis en el tema porque yo, de hecho, me acabo de enterar. Ah re. Sí, soy Millenial. Digo “Ah re”. Y “ando so fresh, so fresh, so clean” como Paulo Londra. Yo quiero ser como Paulo. Quiero llenar estadios y cantar mis canciones. No quiero que me caguen con contratos, eso no, pero después… ¡tengo tantas ideas! Tengo words abiertos desde 1832. Y nací en 1990.

Atesoro listas mentales con proyectos infinitos, todos bastante interesantes, modestia aparte, y hasta algunos maravillosos, modestia en parte. ¡Yo soy una artista, loco! Soy muy buena, creo. Piola, innovadora, de la nueva generación, con toda la vitalidad del mundo… bueno, tampoco tanto, pero… algo zafo.

Cuestión: Todas estas grandes ideas, proyectos y deseos que habitan en muá son tantos, tantos pero tantos, tantos, que no existe ninguno en su cien por ciento. ¡Tantas ganas tengo! ¡Oh, María! jamás se han visto semejantes ganas en un solo ser. ¡Una imaginación de la gran puta tengo! ¡Realmente!

Todo, todo muy bueno, muy genial, muy especial… peeeeeeero también ¡¡¡tengo menos fuerza de voluntad que un apio!!! Un embole todo. Para mí es un embole ser yo, eh. Embole mal. Ganas de todo, pensando en todo y haciendo nada. Paren que bajo un toque… (pausa dramática) ¡Che! ¡Víctor! Me olvidé de Víctor. Víctor no es importante. “Procrastinar”, ¿se acuerdan? Bueno, la googleé.

A ver, sí, aunque la googleé ya sabía que tenía algún sinónimo con “postergar, dejar para después” y esa onda. Iba por ahí la mano. Lo cierto, o la cuestión, es que este texto les dejará dos enseñanzas claves: una es que todos aprendimos como se escribe “procrastinar”. Esa “r” va ahí, no hay discusión. La segunda cosa es el significado de esa linda y engañosa palabrita. Engañosa digo por lo de la “r” y por lo de “postergar, dejar para después”.
Y ustedes dirán, ¿qué gran final tendrá este relato?

Pues ahí les va:
Procrastinar no es sólo “postergar”. “La procrastinación es un problema de regulación de emociones, no un problema de gestión de tiempo”, dijo Tim Pychyl, que ni idea quién es pero… ¿Gran apellido, no? Bueno. Procrastinar tiene que ver con evadir las tareas que deseamos hacer, por miedo. Miedo a fallar, miedo a que salga mal, miedo a que sea una basura y a nadie le interese, entonces ¿qué hacemos? En vez de enfrentarnos a eso y accionar, nos ponemos a pelotudear con otras cosas.

Por ejemplo: En vez de terminar una canción de mi disco, me entretengo con Instagram, ordeno libros que nunca voy a leer por órden alfabético, lavo antiguos frascos que compró mi abuela en Afganistán y etcéteras de cosas momentáneas que están en la lista de tareas que, si bien hay que hacerlas, no son importantes, no son lo que mi alma necesita. Postergo porque eso que tanto deseo concretar es lo que más miedo me da en el mundo.

“¿Seré lo suficientemente inteligente para esto? ¿Y si lo hago mal? ¿Qué van a decir? ¿Y si hago el ridículo? ¿Y si es una porquería?”, y así toda la vida, cosa que mientras más procrastinamos, más nos llenamos de ansiedad, frustración, inseguridad y resentimiento con nosotros mismos. No somos capaces de manejar los estados de ánimo negativos en torno a una tarea, entonces la evadimos y después nos quejamos de eso que nunca hicimos… qué boludos, ¿no? Bah, hablo por mí. No, y por ustedes procrastinadores natos también. Porque procrastinar no la va de “holgazanes o pajeros”, sino de ir en contra de nosotros mismos al 100 por ciento. Y entendamos esto:

No es que no somos productivos. Es una cuestión meramente emocional. Somos una excusa caminando. Incluso reconociendo que postergar eso que queremos hacer nos va a traer estrés más adelante, es más fuerte la sensación momentánea de que vamos a hacerlo mal, entonces tomar acción se vuelve una especie de amenaza. Qué irónico, ¿o no? Procrastinamos para no tener sentimientos negativos pero terminamos sintiéndonos peor después por no hacerlo. No estamos bien, chicos.

En síntesis, “procrastinar” no es “dejar para después”. Procrastinar es miedo a afrontarnos a nosotros mismos. Punto. Que tengan un buen día.

Fotos: Christian Beliera
Retoque digital: Gustavo Ramírez

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