Revolución en la escuela: Padres organizados para garantizar que los chicos vuelvan a las aulas – GENTE Online
 

Revolución en la escuela: Padres organizados para garantizar que los chicos vuelvan a las aulas

En un año atravesado por la pandemia y el consecuente aislamiento, la educación es uno de los grandes temas pendientes para el Gobierno. La sociedad reclama respuestas en todos los niveles y los padres se organizaron para proponer ideas y acompañar la reapertura de las escuelas.

"Somos un grupo de padres con hijos que cursan en diferentes escuelas de gestión pública y privada en CABA y GBA. Nos encontramos cada uno usando su cuenta personal de esta red para manifestar su preocupación por el tema educativo. Decidimos armar un grupo de whatsapp", dice el segundo mensaje del hilo de Twitter con el que se presentó, en octubre de 2020, Padres Organizados.

Si alguien viaja del pasado o del futuro, el nombre de la cuenta puede parecer abstracto. Pero en el contexto de Argentina 2020 se entiende perfectamente a qué se refiere ese título. El domingo 15 de marzo, el presidente Alberto Fernández anunció que las clases de todos los niveles educativos se suspenderían por 15 días para prevenir un brote de coronavirus en el país.

Entonces, Argentina acababa de superar los 50 casos confirmados de coronavirus. Cuatro días más tarde, con 128 casos positivos, Fernández anunciaba que el país entraba en cuarentena hasta el 31 de marzo.

Lo que nadie imaginaba entonces es que aun después de las vacaciones de invierno la educación seguiría siendo un tema casi tabú para el Gobierno. Poco se habló a nivel nacional de la vuelta a clases.

En marzo había mucha incertidumbre, bastante miedo y todos estábamos convencidos que la mejor decisión era permanecer en nuestras casas y que era prudente que los chicos no fuesen a la escuela

Victoria Baratta & María José Navajas, de Padres Organizados

En septiembre, el tema conquistó un lugar en la agenda: los padres insistieron en obtener una respuesta y los responsables de la cartera de Educación en diversos distritos manifestaron la importancia de regresar a la escuela, más allá de que en muchos lugares la continuidad pedagógica se garantizó a través de la educación a distancia.

Entonces Nicolás Trotta, ministro de Educación, señaló en septiembre que "la escuela como la conocemos la vamos a recuperar sólo cuando haya una vacuna". En el mismo momento Soledad Acuña, responsable de la misma cartera en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, manifestaba su preocupación por los alumnos. "La virtualidad no reemplaza el contacto con los pares", puntualizaba la ministra, que presentó protocolos para que los alumnos pudieran volver a la presencialidad.

En este contexto, los reclamos de los padres comenzaron a tomar cada vez más fuerza. Por eso no llama la atención que se hayan organizado para aunar fuerzas y plantear opciones que permitan a los alumnos volver a la escuela este año. "No buscamos que mañana mismo se abran todas las escuelas, sino que pedimos la declaración de la emergencia educativa y una planificación concreta y gradual para volver a las aulas", expresaron en su primera comunicación los Padres Organizados.

Victoria Baratta tiene una hija en jardín de infantes. María José Navajas también, pero además tiene un hijo que está en tercer año del colegio secundario. Ambas son historiadoras y forman parte del colectivo Padres Organizados. "La intención de comenzar a hacer algo en conjunto para instalar el tema del regreso a clases presenciales surgió el 6 de septiembre, a partir de la iniciativa de Florencia Gutman. Ella es diseñadora y sugirió hacer unos flyers para difundir en nuestras cuentas de Twitter. Desde ese momento todo escaló muy rápidamente", dicen, conscientes de que la escalada se debe a que canalizaron la preocupación de muchísimos padres.

–¿Qué cambió del 16 de marzo al 16 de septiembre, cuando decidieron organizarse?

–Cambió nuestra mirada sobre la situación que teníamos enfrente. En marzo había mucha incertidumbre, bastante miedo y todos estábamos convencidos de que la mejor decisión era permanecer en nuestras casas y que era prudente que los chicos no fuesen a la escuela. En septiembre, nuestro conocimiento y nuestra propia experiencia se había enriquecido. Por un lado aprendimos que era saludable salir de nuestra casa y aprovechar el espacio público, con los cuidados apropiados –lo empezamos a implementar casi diariamente– y de a poco nos animamos a los encuentros en plazas y parques. Por otro lado, leíamos acerca de la decisión de muchos países europeos para reabrir las escuelas (algunos, como Suecia, nunca las habían cerrado), y eso era un contraste muy fuerte con lo que se decía en Argentina, que sin vacuna no había ninguna posibilidad de regreso a las aulas.

–¿Qué cambió desde entonces hasta hoy? Si tuvieran que arriesgar, a qué adjudicarían el último giro del Ministerio de Educación?

–El primer cambio fue que se instaló de manera muy fuerte el tema de la educación y la exigencia de ofrecer respuestas claras. Hasta ese momento todavía seguía vigente una resolución firmada por todos los ministros de Educación, que establecía que el criterio de regreso a las aulas era una situación de baja o nula circulación del virus (situación absolutamente imposible de lograr). Eso abrió el debate y visibilizó la situación de niños y adolescentes, los grandes perdedores de la cuarentena. Se manifestaron dos escenarios muy contrastantes: países y ciudades con niños y niñas que volvían a las aulas sin ningún impacto serio en la curva de contagios y nuestro país, en donde ya se cumplían casi 7 meses de escuelas cerradas. La posición del Ministerio nacional se vio muy debilitada en ese debate. La combinación de argumentos que recogían la experiencia en diferentes países y el incremento de las demandas públicas de padres, madres y estudiantes que exigían recuperar espacios de presencialidad, fueron factores clave para el cambio de discurso de las autoridades.

La principal resistencia es el discurso del miedo, que es un discurso paralizador, que bloquea toda propuesta de clases presenciales

Victoria Baratta & María José Navajas, de Padres Organizados

–¿Cuántos padres se reunieron, y de qué distritos?

–El grupo original de padres y madres sigue siendo pequeño (somos 9 en este momento), pero logramos reunir unas 7.000 adhesiones a la carta y además nos vinculamos con padres y madres de diferentes lugares del país. Además, en provincia de Buenos Aires nos pusimos en contacto con varios grupos que ya estaban movilizados, con el objetivo de garantizar un cierre presencial a los chicos que están cursando el último año de primaria y secundaria. También comenzamos a contactarnos con gente en otras provincias como Córdoba, Santa Fe, Chaco, Entre Ríos y San Juan, que se están sumando al reclamo de un plan para el regreso a las aulas.

–¿Qué consignas identifican su lucha?

–Apuntan al diseño de estrategias claras y adecuadas para la recuperación de clases presenciales. Para ello entendemos que es imprescindible una ley que establezca la emergencia educativa y que declare a la educación como actividad esencial (en todos los niveles, desde el jardín de infantes hasta el último año de la secundaria). Eso supone un incremento significativo del presupuesto destinado a la educación y el compromiso de todos los actores para recuperar todos los contenidos que no pudieron dictarse este año y, fundamental, revertir la situación de deserción escolar que ya está afectando a más de un millón y medio de chicos en todo el país.

–¿Por qué deben volver los chicos al aula a sólo dos meses de terminar el año lectivo?

Es urgente que vuelvan aquellos que quedaron completamente desconectados y se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad. Hay que recuperar la escuela como lugar de contención para ellos. Pero la vuelta no sólo va a ser beneficiosa para ellos, sino también para el conjunto de los chicos y chicas, porque representa una oportunidad muy valiosa para poner en práctica las nuevas modalidades de concurrencia al ámbito escolar. Los distintos protocolos diseñados deben verificarse con todos los que intervienen en la cotidianeidad escolar (alumnos, maestros y personal auxiliar) y no debería postergarse su aplicación hasta el próximo año. Por supuesto que esa aplicación va a depender de la situación epidemiológica de cada distrito, pero debería hacerse en cuanto sea posible.

–¿Cuáles son las principales resistencias con las que se encuentran a la hora de plantear su postura?

–La principal resistencia es el discurso del miedo, que es paralizador y bloquea toda propuesta de clases presenciales. Ese discurso está instalado en muchos docentes y también en padres, madres e incluso en los adolescentes. Por eso mismo pensamos que una herramienta fundamental es buscar y divulgar la información disponible y ofrecer el testimonio de especialistas que avalan el retorno a las aulas. Usamos nuestras redes para eso y ya tenemos casi lista una página web: https://padresorganizados2020.ar/

–¿Cómo imaginan la escuela el 2021?

Las experiencias en el mundo hasta el momento vienen demostrando que un sistema gradual, que combina la virtualidad con la presencialidad, los ingresos y egresos escalonados, las clases al aire libre o en ambientes ventilados, los grupos y horarios reducidos y el uso de barbijos y elementos de higiene son algunas de las claves a tener en cuenta. Para el próximo año imaginamos una escuela adaptada a esta nueva normalidad de cuidados y protocolos, en la que todos vayamos aprendiendo cada día a cuidarnos mejor mientras que los niños y adolescentes puedan acceder a la educación y la interacción con los pares.

Muchos niños perdieron todo contacto con la escolaridad, otros la posibilidad de cerrar con normalidad su ciclo de secundaria, primaria o jardín. Otros la posibilidad de aprender todos los temas que debían comprender. Todos perdieron interacción real con sus pares.

Victoria Baratta & María José Navajas, de Padres Organizados

"Es difícil ponerlo en términos de compromiso. La mayoría de los padres y madres tenemos que trabajar para mantener a nuestros hijos y en este contexto ayudamos todo lo que pudimos, al oficiar un poco de maestros. No podría decir que una madre que no los pudo ayudar es porque no se comprometió con la educación de su hijo. El compromiso de los docentes no lo ponemos en duda. Lamentablemente, la virtualidad no reemplaza lo presencial y muchas veces no se pueden dar ni recibir clases de la forma adecuada, por cuestiones económicas", concluyen, con la esperanza de que tras las nuevas disposiciones del Gobierno Nacional los diferentes distritos puedan encontrar la forma de que niños, adolescentes y adultos vuelvan a las aulas.

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