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En charla con GENTE, Mariela Fernández detalló el abuso que sufrió de chica: “Mi hermano fue mi héroe”

En charla con GENTE, Mariela Fernández detalló el abuso que sufrió de chica: “Mi hermano fue mi héroe”

Karina Noriega

En charla íntima con GENTE, la conductora explica su sentir “porque me puse en el lugar de esos chiquitos sufridos”.

En la mañana del jueves 20 y al frente del noticiero de C5N, Mariela Fernández entrevistó a Silvia y Sebastián, dos víctimas de pedofilia que hoy, de adultos, tienen una ONG para contener a quienes sufrieron abuso infantil. Hacia el final de ese diálogo la conductora y locutora, sin haberlo planeado, reveló su dura historia de abuso sexual cuando tenía diez años.

En charla con GENTE, cuenta qué la modificó poder contarlo públicamente, por qué su hermano “es mi gran héroe”, cómo educa a su hija de veinte años y detalla cómo esa historia traumática que pudo contar en terapia por primera vez en 2010 tuvo secuelas en su despertar sexual “para poder disfrutar del placer libremente”.

“Gracias por la sororidad y la escucha”, dirá al final de la charla, consciente de la importancia de que se hable de abuso infantil en los medios de comunicación y “que se implemente la ESI en los colegios, para que los chicos sepan que su cuerpo es suyo y debe ser con consentimiento”.

–¿Cómo fue para vos contar al aire lo que habías sufrido? ¿Es algo que pensaste de antemano, sabiendo que iban a tratar el tema del abuso infantil?

–Las entrevistas las manejo con Claudio (Rígoli), con quien nos dividimos los temas. Cada uno lleva aquellos en los que se siente más seguro. La noticia la estaba manejando prácticamente él, y ya sobre el cierre el productor nos dijo: “Una más y ya cerramos, pasamos a Donald Trump”. Ahí me habilita Claudio y mi pregunta nace desde el llevar servicio. Sale desde mi inquietud por esos chicos por haber sido, justamente, una nena de diez años que no pudo verbalizarlo en ese momento. Me puse en el lugar de los chicos que estaban del otro lado, sin poder hablar, y para resaltar esos ruidos, esas alertas, a los cuales los papás debemos estar atentos.

–Fue muy valiente tu testimonio para ayudar a visibilizar un tema muy silenciado aún, que sólo ocupa lugares en Policiales tras una denuncia.

–Exacto. Les pedía a mis entrevistados un consejo para eso, porque ellos hablaban mucho de la justicia, a raíz de esta nena de seis años a quien el papá la violó y finalmente quedó liberado. Y surgió esa pregunta que despertó un revuelo increíble. Jamás pensé que iba a generar tanto, y enhorabuena, porque como decís vos se pone en cuestión el debate de la ESI: es necesario hablar de sexualidad. Llevar herramientas a los chicos para que conozcan su cuerpo y para que entiendan que es propiedad de uno y que entiendan que nadie tiene derecho a acceder a él sin el consentimiento de uno.

–En tu relato marcás claramente la importancia de alertar a los adultos.

–Sí, incluso mi pregunta surgió inocentemente. En ese momento yo visualicé a los niños sufriendo del otro lado de la pantalla, que como yo en su momento, no lo pueden manifestar. Son los papás o las abuelas –porque hoy hay muchas que los crían, porque los padres tienen que trabajar– quienes deben estar atentos. Lo que sugiero es charlarlo, dialogarlo, por más chiquitos que sean los niños. Ellos entienden todo.

–¿Cómo has educado en ese sentido a tu hija?

–Ahora tiene 20 años, pero siempre desde chiquita lo pusimos en palabras y verbalicé eso de que ella sepa cuidar su propiedad, que es su cuerpo, y que elija. El miedo en mí, una vez que nació Martina, fue que no le pase lo que a mí me tocó vivir. La manera que encontré fue dialogar con ella naturalizando la sexualidad, porque hay mucho tabú y creo que si se hablara un poco más, muchos tendrían más herramientas para defenderse ante un acto de abuso.

–Contaste que habías podido hablarlo en terapia tiempo después. ¿Cómo fue el proceso para poder manifestarlo en ese espacio, hace diez años?

–Es algo que yo tenía tapado, que generó características en mi personalidad que yo enhorabuena haciendo terapia. Que determinados patrones míos fueron provocados a raíz de este abuso, como la autoestima baja, ser una persona bastante introvertida mucha parte de mi vida (por más que parezca lo contrario), miedo a expresar mi parecer porque uno se siente menospreciado y un felpudo, sentís que tu opinión y tu palabra no valen. Tuve también mucho pudor en lo que fue mi despertar sexual. Me llevó bastante trabajo amigarme con mi cuerpo y el del otro para sentirme libre y gozar del sexo, que es tan maravilloso cuando las dos partes están de acuerdo. Y esto es lo que le quise inculcar a mi hija desde pequeña, no mostrándole el sexo como algo feo, como algo sucio, sino diciéndole: “Es hermoso, en tanto y en cuanto vos quieras disfrutarlo”. Siempre pregoné: “Tu cuerpo es tuyo”; “Cuidá tus partes”; “Tapate”; “Cualquier cosa hablá con mamá”. Es difícil, pero los papás tienen que estar.

–Justamente es lo que recalcaste en tu testimonio, que tu mamá no lo veía.

–Ella no se dio cuenta y fue mi hermano quien vio una situación y lo puso en palabras de inmediato. Mi vieja enseguida accionó y rompió el vínculo con esa familia y produjo la separación y el fin de lo que estaba sufriendo.

–Cuando recordás lo que sufriste para alertar a otros, ¿cómo vivías ese horror?

–Había vínculo y era un primo segundo mío, en encuentros familiares. A veces era en la casa de mis padres o en la casa de los padres de él. Y mientras los adultos comían pizza, los nenes jugaban. Ellos estaban en otras cosas. Mientras “jugábamos a las escondidas” o “al cuarto oscuro”, eran esos los momentos en los que llegaban las situaciones de abuso. Yo tenía diez y él, 17 años.

–Y hasta que tu hermano Esteban no descubre lo que estabas viviendo, esto no se detiene. Porque sus familias seguían teniendo vínculo.

–Yo estaba totalmente sometida, ¿viste? Amenazada, con vergüenza, no entendía nada. Yo era una nena de diez años en la década del ochenta, que no es lo mismo que la cabeza de una niña de esa misma edad de hoy, 2020. Éramos más inocentes y estábamos en otro mambo. Yo jugaba a la rayuela en la vereda de mi casa o nos juntábamos con los vecinos a jugar al carnaval. No existían ni las consolas de juegos ni los celulares. La verdad, no supe qué hacer a mis diez años, más que callarme la boca, bajar la cabeza y soportar.

–Un tormento muy grande no poder hablar ni zafar de la situación.

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–Es muy difícil. Por eso yo le agradezco a mi hermano del medio, que me liberó. Es mi héroe en todo esto. También tenía a Santiago, mi hermano de dos años en ese momento. Él estuvo afuera de toda la historia, pero se puso al tanto de mayor y me acompañó. Con mis padres pude hablar una vez que pude hacer terapia, hace diez años. Ese vínculo creció mucho y sanamos todos, porque es un dolor que arrastra toda la familia. Y entiendo que hicieron lo mejor que pudieron en pos de mi bienestar. Con los años, desarrollarlo en terapia me permitió digerir esto que me pasó a los diez, aceptarlo y de esa manera, seguir adelante. Fue muy liberador ponerlo en palabras, en sesión y en mi círculo íntimo.

–¿Por cuánto tiempo se extendieron los abusos? ¿Tenés conciencia del tiempo?

–Fueron algunos eventos. Te soy sincera, es algo que descubrí en mi terapia.,. Calculo que en el transcurso de un año se habrán dado un par de situaciones puntuales. Por fortuna, mi hermano vio eso de inmediato. Lo pudo poner en palabras teniendo siete años. De hecho, la frase que él usa es: “Má, esta persona le puso el pito en la cola a Mariela”. Afortunadamente lo pudo decir: por eso en esta historia es mi héroe. En su momento, con la amenaza por parte del abusador de que no diga nada, me dio terror. Me acuerdo que lo miré a mi hermano y lo miré como diciendo: “Callate la boca”.

–¿En qué contexto logra contarlo tu hermano?

–Estábamos en la casa de él cuando pasa esta situación que vio Esteban. Cuando nos fuimos, íbamos en el auto y mi hermano se lo cuenta a mi mamá. Me acuerdo que ella manejaba y como nosotros éramos chiquitos, íbamos atrás. Mi mamá frenó automáticamente y me preguntó cómo estaba.

–Es muy importante el mensaje que diste y que hayas usado tu rol de comunicadora para poner el foco en tanta violencia intrafamiliar que encima, con el encierro, muchos sufren.

–Sí, me pareció importante usar el aire para algo productivo. Aún estoy sorprendida de todo lo que generó una pregunta que, insisto, fue para llevar algo de servicio a los papás que están del otro lado. Celebro que se hable de este tema y ojalá hoy, con que uno haya podido hablarlo con algún amigo, con algún familiar o con alguien, ya para mí está cumplida la misión. El ponerlo en palabras es el primer paso para empezar a mejorar la calidad de vida de uno.

Si sufrís abuso o conocés a alguien que lo sufre, llamá al 137 o comunicate a la línea de WhatApp 113133-1000.

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