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Zona liberada (de delincuentes)

El interior del barrio Ejército de los Andes -a escasos metros de la General

Paz y Beiró y, por ende, de la ciudad de Buenos Aires- recrea una zona
militarizada. No hay paredes libres de impactos de balas. Y la mayoría de los
edificios del complejo, pese a no haber sufrido ataques, parecen a punto de
desmoronarse. Más de cien gendarmes patrullan sus estrechas calles en este
momento. Llevan armas largas, chalecos antibalas y cascos. Y cuentan con un
mínimo de tres vehículos por turno. Hay un puesto de control dispuesto en cada
uno de sus doce accesos. Las requisas se repiten a toda hora. Sin embargo, el
secuestro de drogas es cada vez menos frecuente.

Los pasillos de la Villa Matienzo -un asentamiento precario en el corazón de
Fuerte Apache- están abiertos a los visitantes. Ya no se escuchan disparos de
armas de fuego, se impone la cumbia villera. Suena la voz de Carlitos Tévez,
hijo dilecto local y orgullo boquense. Una de las paredes perimetrales ofrece la
bienvenida a los "extranjeros". Escrito con aerosol, bajo una calavera y en
perfecta letra de imprenta, se lee: "Bienvenidos a Fuerte Apache".

"Llegué al barrio en la madrugada del 5 de marzo de 1974, con el primer grupo de
vecinos. Yo vivía en la Villa Saldía, en lo que se conoce como Villa 31. Aquella
mañana llegó gente del gobierno, me subieron a un camión y enfilaron derecho
para la General Paz. Nos dejaron en este complejo que había sido construido para
bancarios, policías y militares, pero después del triunfo de Cámpora y la
llegada de Perón nos dieron prioridad a los más humildes. Yo sentí que cumplía
un sueño imposible: a los 23 años tenía a mi familia en un departamento de
cuatro ambientes. Eso sí, todos pagamos por nuestra vivienda. Los problemas
empezaron poco después. Los nudos más importantes, los del centro del complejo,
nunca fueron terminados. ¡Si todavía hoy, treinta años después, no tienen gas!
Muchos adjudicatarios vieron que las cosas no caminaban y nunca aparecieron.
Entonces, llegaron los primeros okupas… Después se formaron bandas, con mucha
gente que no vivía en el complejo, pero usaban su red de pasillos para escapar
de la policía. Y sonaban tiros a cada rato. Ahí empezó el encierro: después de
las 22 horas, te tenías que encerrar en tu casa para estar seguro. Acá no
entraba ni una ambulancia. A principios de los años 90 nos empezaron a llamar
Fuerte Apache. Desde entonces, cada vez que los vecinos salen a buscar trabajo
tienen que dar direcciones falsas. Si dicen que viven en el barrio, no tienen
chances. Yo estoy bien, hago changas, soy electricista y tengo buena mano para
arreglar computadoras. Confío en el trabajo de los gendarmes: en cinco meses
solucionaron problemas de años. Y mirá que se tuvieron que bancar que les
tirasen de todo… Ya no se escucha ni un tiro. Ellos dicen que no se van a ir
hasta que el barrio esté definitivamente pacificado. El Comandante mayor Gómez
nos recibe todas las semanas en la capilla, y los vecinos podemos plantearle
nuestros problemas. Ahora enfrentamos grandes problemas edilicios. En cualquier
momento, sin los explosivos del Ejército, cualquiera de estas torres se va a
venir abajo…"
(Raúl Guerrero, 53 años, presidente de consorcio del Nudo 2).

El barrio Ejército de los Andes ocupa una superficie de 25 manzanas en
Ciudadela, partido de Tres de Febrero. Son 13 nudos, 52 tiras, 22 monoblocks y
un asentamiento precario con nombre propio: Villa Matienzo. Cada nudo está
compuesto por tres torres de diez pisos cada una, que encierran un total de 150
departamentos. Las tiras son edificios de tres pisos, de desarrollo horizontal.
El complejo de 5.600 viviendas fue diseñado para albergar a 22 mil habitantes,
aunque un censo interno -realizado por los vecinos- denuncia más de 50 mil
almas.

Hay también quienes sostienen que, en realidad, los pobladores de Fuerte Apache
suman más de 100 mil personas. El valor promedio de un departamento, hoy, oscila
entre los 5 y 8 mil pesos. Sin embargo, son pocos los propietarios dispuestos a
vender: muchos esperan un inminente desalojo por parte del gobierno, que sería
resarcido económicamente con cifras muy superiores. Todas las construcciones del
complejo están unidas por un curioso sistema de pasarelas, propicio para un
escape perfecto. Es imposible internarse en el corazón de la Villa Matienzo con
un vehículo: sus pasillos apenas superan el metro de ancho. Según los mismos
vecinos, el Sector 54 -"los nudos rojos", detallan- fue durante años el lugar
más peligroso del barrio. Y, el Monumento a la Madre, el punto en el que se
concentraban las pandillas. Inaccesible para la policía, claro. Todos aquí
recuerdan las andanzas de un matón conocido como Cacho Tuerto. Y las incursiones
de la banda del barrio Alianza, de Caseros. Fue a principio de los años 90
cuando, en una de sus espectaculares coberturas para Nuevediario, el inefable
José De Zer bautizó al lugar como Fuerte Apache, en honor a una de las zonas más
peligrosas del Bronx neoyorkino.

La pared de la Escuela de Educación Técnica N.º4 es reconocida como el polígono:
sobre ella solían practicar puntería los delincuentes. Aún quedan rastros de los
disparos sobre el hormigón. Los tanques de agua, en lo más alto de las torres,
tienen sus tapas selladas con gruesos bulones para impedir que sean usados como
piletas de natación por los más intrépidos. Son pocos los ascensores que aún
funcionan. Y muchas las pasarelas que están suspendidas en el aire, apoyadas
sobre ladrillos tambaleantes. Hay paredes rajadas y tanques de agua que se
balancean con el viento. Aún peladas y desparejas, sus canchas de fútbol
continúan criando nuevos talentos.

Amanda De Fina pagó 8.500 pesos, Ley 18.188, por su departamento: un tres
ambientes en la zona que los vecinos conocen como Plan Alborada. Y si bien
cuenta con todos sus recibos, y paga mensualmente diez pesos en concepto de
expensas, jamás recibió escritura alguna. "Llegué al barrio en 1974, cuando me
desalojaron de mi casa en Once. Entonces el gobierno me dio dos opciones: irme a
un complejo en el cruce de la Autopista Ricchieri y General Paz o venirme para
acá, adonde podía comprar una propiedad en cuotas de 33 pesos. Esto no es el
Albergue Warnes, casi todos los que estamos acá somos propietarios",
insiste.
Durante sus primeros meses en el barrio, luego de distintos asaltos, decidió
vender sus alhajas de oro. "Entonces, el principal temor era cruzarse en medio
de un tiroteo
", asegura. Ahora recuerda la primera comisión policial del barrio:
"Eran tres policías a caballo. Un tal Flores, un borracho al que llamábamos Bordolino, y otro más que ya ni recuerdo. Ellos atropellaban a todos, golpeaban
a nuestros hijos… Acá hemos visto cualquier cosa: uniformados en la caja de una
camioneta disparando ráfagas contra los edificios, por encima de la gente. Había
pandillas, pero la peor banda asesina y violadora fue la policía. En lugar de
combatir a los delincuentes, los obligaban a robar para ellos".

Pese a su evidente desconfianza ante los uniformados, acepta y alienta el
desembarco de Gendarmería Nacional. "Esto no tiene nada que ver con el color del
uniforme. Los policías infunden temor, mientras que los gendarmes siempre nos
trataron con respeto. Hubo dos casos de abusos de autoridad desde que llegaron,
pero fueron planteados ante su jefe, quien los echó de inmediato. Sin dudas,
estamos mucho mejor".

Gendarmería Nacional desembarcó en el barrio Ejército de los Andes el viernes 14
de noviembre, siguiendo directivas del Ministerio de Justicia. El propio Gustavo
Béliz encabezó el inicio del procedimiento -parte del Operativo Cono- que aún no
tiene nombre propio. Desde entonces, hay doce puestos de control en los
distintos accesos al complejo de edificios. Y un comando de operaciones
improvisado dentro de la Comisaría 6.ª. Entre 111 y 120 efectivos patrullan la
zona a toda hora. El responsable de la misión es el comandante mayor Néstor
Alfredo Gómez del Junco: "No tuvimos mayores roces ni inconvenientes al ocupar
el lugar. No sufrimos enfrentamientos armados. Secuestramos pequeñas cantidades
de drogas y algunas armas. Desde el primer día, nuestra presencia disuadió a los
delincuentes y provocó que las bandas se fueran. No les es conveniente
enfrentarnos en las condiciones en que estamos: van a tropezar siempre con cinco
o seis gendarmes. El barrio es socialmente recuperable, porque sus habitantes
son trabajadores, gente muy buena".

La presencia de la gendarmería no tiene plazo. Sus objetivos están divididos en
tres etapas: búsqueda y consolidación de un nivel de seguridad aceptable;
integración de la población a la autoridad; y el reemplazo progresivo de los
gendarmes por policías.

Los vecinos sostienen, orgullosos, que han recuperado definitivamente el nombre
de su barrio. "Fuerte Apache terminó, somos otra vez el barrio Ejército de Los
Andes
".

Cuatro gendarmes patrullan el Sector 54, en el corazón del barrio Ejército de Los Andes. Seis meses atrás, era un lugar vedado para patrulleros y ambulancias.

Cuatro gendarmes patrullan el Sector 54, en el corazón del barrio Ejército de Los Andes. Seis meses atrás, era un lugar vedado para patrulleros y ambulancias.

Vista aérea del barrio Ejército de Los Andes.

Vista aérea del barrio Ejército de Los Andes.

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