“Yo soy hombre de pocas palabras, pero pueden fumarse lo que quieran” – GENTE Online
 

Yo soy hombre de pocas palabras, pero pueden fumarse lo que quieran

Uncategorized
Uncategorized

Siempre que se habla de Calamaro, se habla de algo más. En esa entelequia
llamada rock nacional, el tipo es de otra raza, otro planeta. Se despega del
montón, y por derecho propio. Por ser poeta, un letrista de acero fino y
sensible, por tejer melodías que en la vida te vas a olvidar, y para colmo
tejerlas a toneladas, sea en Los Abuelos de la Nada, en Los Rodríguez
o para él mismo. Volvió hace cuatro meses de su pequeño gran exilio en Madrid,
con un disco de versiones –El Cantante–, un hit –Estadio Azteca– y
la vida tóxica, las narices frías, enterradas por lo pronto en el archivo de su
cabeza. Tenía que tocar. Casi seis años sin hacerlo en este país, desde agosto
de 1999, cuando presentó su Honestidad Brutal en el Paseo La Plaza.
Fue el sábado 12 de febrero, en la plaza Próspero Molina, Cosquín,
Córdoba, para el segundo y último día del festival Siempre Rock. El
regreso del rey, dijo la prensa. Y regresar, regresó. Con unos cuantos de sus
mejores anillos y con la Bersuit –sin Gustavo Cordera– como su banda en escena,
para hacerle el aguante, y Cordera mismo, como su chaperón espiritual hoy en
día. Casi veinte mil personas para verlo. Y eso, precisamente, es el nudo de la
trama. El héroe repatriado, recuperado a sus 44. ¿Qué iba a hacer después de
seis años? Y más punzante aún: ¿cómo estaba? De ánimo, de mente, de pinta. El
salmón, y la corriente.

VINE PARA VERTE. Don Eduardo Calamaro (87) termina el desayuno en el
hotel Paraíso de las Sierras, un tres estrellas en Cosquín. Camisa
blanca, voz un poco severa. Su mujer, doña Esther, la madre de sus cuatro hijos,
está en su habitación. Y el hijo, el pródigo, el que se perdió para volver, que
hizo discos que tanto le gustan, se le sube al escenario en unas horas.
Andrés nunca paró de trabajar, ni enfermo ni sano. Siempre estuvo
componiendo. ¿Y sabés qué? No estoy nervioso por verlo tocar. Empezó tocando a
los 14, en fiestas infantiles, por la Coca y el pebete de jamón y queso. Una vez
hizo como trece funciones en el
Gran Rex, y fui a todas. Con mi mujer
saltamos como si estuviéramos en el gimnasio. Qué sé yo, en los momentos
difíciles no sabíamos si Andrés se iba a morir o no. Pero siempre trabajó,
cumplió su destino. Muchas veces tuve miedo por él, que le pasara algo malo,
pero volvió del infierno.

–Siga, Eduardo.
Mi hijo no volvió para hacer un recital. Volvió a su lugar, su patria,
que es el mejor lugar donde puede estar. Andrés es un trabajador argentino.
Cuando íbamos a verlo a España, se nos hacía difícil. Siempre en verano, y salía
mucho a tocar. Eran visitas cortas, pero muy cariñosas. Ahora está con el Pelado
Cordera, que es un tesoro, son grandes amigos. Y yo estoy feliz, contento. Esto
es muy importante para mí, lo vivo como una gran vuelta. Sus amigos son
fraternales, generosos, lo ayudan. Nosotros hubiésemos preferido que estudiara,
pero hizo su camino…

LA BANDA QUE TE AGUANTA. La clave en la vida de Calamaro, hoy por hoy, es
Bersuit. Y su cantante de chiva blanca. Según Jorge Guinzburg, productor del
Siempre Rock
, fue Cordera quien lo convenció para subirse a escena. Calamaro
ya lo había hecho, de amague, así, dos temitas, en la presentación de Bersuit en
el festival Gesell Rock este último enero, y en el último show de la
banda en Mendoza el mismo mes. Ahora, fue la definitiva. Y la Bersuit misma fue
la banda que acompañó a Calamaro. Pepe Céspedes, bajista, explica: “Para mí,
tocar con Andrés es un orgullo. La amistad viene desde hace muchos años. El fue
nuestro padrino cuando tocamos en un teatro en el 91. Ahora, acá estamos,
haciéndole el aguante. Viene de hace casi seis años de no tocar, pero está bien
de ánimo
”. Y Cordera afirmó días atrás, entre risas: “Está como un nulo
que trata de recuperar a sus amigos que hace tanto no ve. No se acordaba de sus
canciones. Ahora se lo ve bien porque está muy feliz, tiene una luz en sus ojos.
Es como un jugador que viene de una gran lesión. El técnico lo va llevando. Y el
técnico soy yo. Pero hay que tener cuidado, porque viene de una lesión grave, de
una fisura expuesta, y nosotros sabemos de fisuras expuestas
”. Cierto es. La
vida del Pelado, en un punto, fue tóxica, como lo fue la de Andrés. Y del
reencuentro, a ensayar. Todo diciembre, duro y parejo, en los estudios El
Cielito
, cuando Andrés cayó con pila de discos suyos, y a elegir qué se toca
para la vuelta. “Pelado, ¿tocar quince temas está bien, no?”, le
preguntaba Andrés a Cordera antes del show de Cosquín, medio tímido. Así es la
confianza, la simbiosis. Llegaron el sábado juntos a la plaza Próspero Molina,
y la cara de Calamaro, entrando rápidamente y sin responder, lo delata bastante.
Es su fragilidad, sus nervios bastante nerviosos antes de salir a tocar. Lo que
le representa volver. Y ver qué hace de su vida, con los años del consumo que ya
pasaron, y el mundo que le reclama que toque, que hable. Pero está bien. “Está
contentísimo de conectarse de nuevo con la gente
–afirmó Cordera–, de
leer sus libros y comer como un sapo
.”

LAS LEYES DEL OLVIDO. No se acordaba de la letra de Costumbres
Argentinas
, dicen. Alguien se la garabateó, y salió a tocar. Fue un Calamaro
en plan goleador, con lo más sabido de su catálogo. Crímenes perfectos,
El salmón, Mi enfermedad, Te quiero igual, No se puede
vivir
del amor… Medio tímido, medio que se suelta, medio que los
enardece a todos, que los hace vibrar de amor. Agradece a la Bersuit por
acompañarlo, al Pelado por la idea, y a la gente por venir. Y dijo, así, en un
rapto de rebelión: “Yo soy hombre de pocas palabras, pero pueden fumarse lo
que quieran
”. Diez años atrás, decía frente a cien mil personas en un
recital gratuito en La Plata: “Qué linda noche para fumarse un porrito”.
Apología a las drogas, dice el Código Penal. Por eso, lo mandan a juicio
oral este 11 de julio. Calamaro aclara en su defensa: “Fue un intento de
comunicarme con el sector más pesado del público, para evitar hechos de
violencia
”. Es cierto. Animos caldeados, botellas que volaban, sin lugar
para ir al baño. Noche brava. Y dijo lo que mejor le parecía.
Hasta julio, falta rato. Y es Andrés, la corriente y su cabeza. Tiempo le sobra.

El salmón, en una pausa en pleno concierto. Veinte mil personas lo vieron. Su padre, Eduardo, afirma: “Volvió a su lugar, su patria”. Calamaro, en esa del regreso.

El salmón, en una pausa en pleno concierto. Veinte mil personas lo vieron. Su padre, Eduardo, afirma: “Volvió a su lugar, su patria”. Calamaro, en esa del regreso.

Andrés en llamas, para una avalancha de clásicos como <i>Te quiero igual</i> y <i>Mi enfermedad</i>.

Andrés en llamas, para una avalancha de clásicos como Te quiero igual y Mi enfermedad.

Comentarios

Vínculo copiado al portapapeles.

3/9

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipisicing elit.

Ant Sig