«Yo fui uno más en la ciudad desnuda» – GENTE Online
 

"Yo fui uno más en la ciudad desnuda"

Posar desnudo en el epicentro de la ciudad de la furia fue una oferta que no pude rechazar. ¿Cuántas veces uno puede pavonearse así, en pleno centro de Buenos Aires, sin ser arrestado? Eran las seis del sábado seis. Cuatrocientos cincuenta personas reunidas en
la esquina de Av. de Mayo y 9 de Julio. Taxistas. Punks. Amas de casa. Ejecutivos. Jubilados. Jubiladas. Estudiantes. Gordos. Gordas. Flacos. Flacas. Peludos. Lampiños. Todo durito. Todo caído. Depende… cuatrocientos cincuenta personas, yo entre ellas, a punto de quedarnos íntegramente sin ropas. Hay una pequeña historia, mi trémula (al principio) y desinhibida (finalmente) decisión de participar.

"Otra de tus locas ideas, no te va a dar el cuero", me dijo mi madre, siempre un baluarte del pudor y la sana razón.
"Qué grosso que sos, vas a correr en bo... en pleno centro", decían, vivaban, mis amigos. "¿Nos querés posar, mi
amor?
", le pregunté hace unos días a Kitty, mi novia. Ella, sabia, guardó pudores y me respondió:
"Te acompaño, pero no me desnudo".

A las 6:30, la tensión bullía. Escuchamos las instrucciones de boca de Spencer Tunick, el fotógrafo neoyorquino que congregó este enjambre de senos, piernas y panzas, y traducidas al español por Javier Vergara, miembro de
Sólo Somos Superhéroes, un grupo de jóvenes a favor del fomento de las artes que invitaron a Tunick a la Argentina. En las plazoletas aledañas, los curiosos se agolpaban. Vergara gritó a través del megáfono:
"Los curiosos, conviértanse, última chance". Tunick, camisa naranja, alegre papada y hablar delicado, seguía dictando el paso. Jorge (37), de Balvanera, dice:
"Por favor, que aparezca algún conocido mío". Paula (24), de Barrio Norte, está en la misma frecuencia:
"Me mata la intriga". Entre la marea de voces, se escuchó también un anónimo: "¡Esta pelada de c… es para
Cavallo!
". A las 7, llegó la orden: "Get naked!" ("¡Desnúdense!"). Cayendo en cascada, la ropa de todos nosotros se encontró con el piso. Mi novia -completamente vestida y cumpliendo su palabra- me observaba desde un costado, tal vez para infundirme algo de valor. El obelisco era un lejano testigo.

Durante los primeros instantes me resultó imposible no mirar. ¿Qué vi? Vi un montón de cuerpos flácidos, duros, grandes y pequeños, desde la voluptuosidad hasta la escasez. Vi una cola velluda a mi lado. Y, más allá, una cola calva, baldía. De pronto, habían desaparecido los taxistas, los punks, las amas de casa y el resto de la lista. No hubo diferencias de bolsillo; las clases sociales parecieron desvanecerse junto con las ropas. Ahora simplemente quedaban personas desnudas, un verdadero happening de la piel. Unos cuantos proferían gritos, una grosería aquí y allá. Yo no puedo negarlo, grité más de una vez. La ansiedad trabaja de maneras misteriosas.

Federico Fahsbender, cronista de GENTE, aguarda el momento para ingresar en la primera toma de Tunick. Eran las siete de la mañana del sábado 6. Mi mamá me había dicho: no te va a dar el cuero", dijo el periodista.">

Federico Fahsbender, cronista de GENTE, aguarda el momento para ingresar en la primera toma de Tunick. Eran las siete de la mañana del sábado 6. "Mi mamá me había dicho: no te va a dar el cuero", dijo el periodista.

Una corrida en 9 de Julio y Av. de Mayo, rumbo a la segunda foto.

Una corrida en 9 de Julio y Av. de Mayo, rumbo a la segunda foto.

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