“Voy a someterme a todos los análisis que quieran: yo no maté a mi mujer” – GENTE Online
 

“Voy a someterme a todos los análisis que quieran: yo no maté a mi mujer”

"Se dirigió a su casa, entró a la misma solo o junto a otras personas que lo esperaban. Participó en el enfrentamiento con su mujer, María Marta García Belsunce, colaboró o presenció impávido la pelea y los disparos. Y luego dejó a otro u otros el arreglo de la escena del crimen. No olvidemos que las pericias de sangre detectan la presencia de dos hombres y una mujer, además de María Marta, en los lugares donde existen los rastros hemáticos. Carrascosa dejó a los demás coautores organizando la primera escenografía del encubrimiento del asesinato…”. Exactamente con estas palabras el fiscal Diego Molina Pico describió –en su pedido de elevación a juicio de la causa, en febrero de 2004– el asesinato de María Marta García Belsunce. Sostuvo, palabras más, palabras menos, que el viudo mató a su esposa y que el resto de la familia lo encubrió. Quienes lo conocen bien y están muy cerca de él, aseguran que hoy sigue pensando lo mismo. Y que no ve la hora de que llegue el juicio oral, para verlo condenado. Dicen también que sonrió y apretó fuerte su puño derecho cuando se enteró de que el Tribunal Oral Nº 6 del departamento judicial de San Isidro le ordenó a Carrascosa presentarse, el martes 30 de mayo a las nueve en punto de la mañana, en el laboratorio pericial del Poder Judicial de La Plata, para someterse a una extracción de sangre con el fin de determinar si coincide con la hallada en una pared del baño de su casa.

Es importante recordar que el viudo se venía negando sistemáticamente a realizarse el análisis mientras la causa estaba en manos de Molina Pico, a quien considera su archienemigo. Carrascosa evitaba hacerse la extracción porque sospechaba que el fiscal no era imparcial: directamente creía que iba a utilizar la muestra de sangre para inculparlo. La guerra entre ambos viene de larga data. Molina Pico está convencido de que el día del crimen –27 de octubre de 2002–, Carrascosa y su familia lo engañaron cuando señalaron que María Marta había muerto a causa de un resbalón en la bañera, golpeando su cabeza con el intercambiador de la ducha. No sólo eso, también cree que limpiaron el baño para eliminar pruebas y que maquillaron el cadáver para que nadie se diera cuenta de que había sido masacrada a tiros. Molina Pico no entiende por qué Guillermo Bártoli –cuñado de la víctima–, con la anuencia de Carrascosa, se apuró tanto a gestionar el certificado de defunción, primero en provincia de Buenos Aires, y finalmente en Capital, lugar donde no ocurrió la muerte. Tan es así que en una conferencia de prensa dijo que si hubiese tenido alguna prueba más lo habría procesado también como coautor. Pese a todo, esa noche se realizó el velorio, al que también asistió Molina Pico. El hermano de la víctima, Horacio García Belsunce, llamó al jefe de policía de entonces, Angel Casafús, y le pidió “sacame la policía de encima”, frase que se hizo célebre y pesó siempre contra su familia. Y para colmo de males, después un grupo de parientes encontraron un plomo de bala, lo confundieron con un “pitito” de estante, y lo terminaron arrojando al inodoro. Pese a todo, María Marta recibió sepultura. Con el tiempo, y como avanzaban las sospechas de que no había muerto por accidente, se ordenó exhumar el cadáver y la autopsia estableció que la habían masacrado con seis disparos en la cabeza.

A partir de allí, el fiscal arremetió contra el viudo y sus parientes, porque tiene la certeza de que taparon intencionadamente los orificios de bala del cráneo con el producto La Gotita para disfrazar el crimen, pese a que los dos médicos forenses que se encargaron de la necropsia determinaron que no había pegamento en la cabeza de la víctima.

Ajeno –aparentemente– a todo lo que sucede a su alrededor, Carlos Carrascosa está tranquilo. Es más, fue él quien dio su consentimiento para sacarse sangre ahora que la instrucción de la causa está en manos de los jueces María Angélica Echegoyen, Hernán San Martín y Luis María Ricci, y no de Diego Molina Pico. “Voy a someterme a todos los análisis que quieran: yo no maté a mi mujer”, repite el viudo ante sus íntimos. Su defensa, ejercida por el doctor Alberto Cafetzoglus, intentará demostrar en el juicio oral la supuesta parcialidad del fiscal contra su cliente. Carrascosa –imputado como coautor de Homicidio calificado por el vínculo y Encubrimiento calificado– ya estuvo preso 41 días en la DDI –Dirección de Investigaciones de San Isidro– y ahora goza de una prisión morigerada, gracias al pago de una fianza de cien mil pesos.

El viudo intentará impulsar otra de las hipótesis, la que sostiene la familia García Belsunce y responsabiliza al conflictivo vecino del country Carmel, Nicolás Pachelo, y un grupo de vigiladores que, según ellos, se dedicaban a robar en el barrio privado donde ocurrió el homicidio. Intentarán apoyarse en un hecho que resultó muy poco difundido en los medios: Pachelo hoy está preso por ser responsable de una serie de robos consecutivos en casas de amigos o conocidos. Firmó un acuerdo en septiembre de 2005–en lo que se conoce como juicio abreviado– con la fiscal general de Capital Federal, Ana María Lenardón de Palazzi, aceptando una pena de cuatro años de prisión por ser culpable de siete robos a allegados a quienes previamente les había hurtado las llaves. No es todo. En la provincia de Buenos Aires firmó otra resolución con el fiscal Mario Kohan admitiendo un robo y, por ende, un año más de cárcel.

Uno de esos hechos se produjo el 13 de setiembre de 2003, entre las 21.30 y las 22 horas, en un departamento perteneciente a María Marta Auge. Allí una persona encapuchada ingresó después de abrir la puerta con llave y le apuntó con una pistola a la cabeza. La mujer tuvo que entregarle 1.000 pesos y 350 dólares. El sujeto le dijo que le diera más dinero porque si no la mataría, y que además esperaría que llegara su hijo para liquidarlo también. Y luego se retiró del lugar. Por otra parte, Gastón Auge Areco, hijo de la damnificada, prestó declaración testimonial y manifestó conocer a Nicolás Pachelo desde que eran chicos. También que después del robo Pachelo, lo llamó para encontrarse y admitió que el culpable del asalto a la casa de sus padres era él. Gastón le consultó cómo había sido y Pachelo le dijo que él no había entrado en su casa, pero que había mandado “a dos tipos de Pilar”, y que no venía al caso decir quiénes eran.

Aunque cueste creerlo, en la Justicia nunca nadie le preguntó a Pachelo –hoy preso en la cárcel de Marcos Paz– quiénes eran los “dos tipos de Pilar” que supuestamente había mandado a robar, atento que a María Marta García Belsunce la mataron en Carmel de la misma localidad, mientras Pachelo residía en ese country.

Lo concreto es que a tres años y siete meses del crimen la sensación de impunidad crece: no hay culpables. Sólo dos hipótesis para encontrar a un presunto asesino. Demasiado poco.

Carrascosa visita a unos parientes en San Isidro mientras aguarda novedades de la Justicia. Sigue viviendo en el country CUBE de Escobar junto a un amigo, y sale poco, apenas para jugar al bridge y ver a su familia. Arriba: La última foto junto a María Marta en el country Carmel, donde ella fue asesinada de seis balazos en el cráneo.

Carrascosa visita a unos parientes en San Isidro mientras aguarda novedades de la Justicia. Sigue viviendo en el country CUBE de Escobar junto a un amigo, y sale poco, apenas para jugar al bridge y ver a su familia. Arriba: La última foto junto a María Marta en el country Carmel, donde ella fue asesinada de seis balazos en el cráneo.

“<i>Las pericias de sangre detectan la presencia de dos hombres y una mujer en los lugares donde existen rastros hemáticos. Carrascosa dejó a los demás coautores organizando la primera escenografía del encubrimiento del asesinato…</i>” (Del pedido de elevación a juicio del fiscal Molina Pico)

Las pericias de sangre detectan la presencia de dos hombres y una mujer en los lugares donde existen rastros hemáticos. Carrascosa dejó a los demás coautores organizando la primera escenografía del encubrimiento del asesinato…” (Del pedido de elevación a juicio del fiscal Molina Pico)

Según sus amigos, Carlos Carrascosa y María Marta García Belsunce vivían felices hasta que a ella la mataron. Según la reconstrucción, el primer disparo rozó su cabeza y la hizo caer al suelo. Luego, ya caída en el piso del baño, la remataron con otros cinco balazos. Antes se había defendido; por eso se cree que tres manchas de sangre encontradas pueden llegar a ser de sus asesinos.

Según sus amigos, Carlos Carrascosa y María Marta García Belsunce vivían felices hasta que a ella la mataron. Según la reconstrucción, el primer disparo rozó su cabeza y la hizo caer al suelo. Luego, ya caída en el piso del baño, la remataron con otros cinco balazos. Antes se había defendido; por eso se cree que tres manchas de sangre encontradas pueden llegar a ser de sus asesinos.

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