«Voy a pelear por reunir a mi familia h1asta el día en que me muera» – GENTE Online
 

"Voy a pelear por reunir a mi familia h1asta el día en que me muera"

Son las 19 del último sábado en La Habana, en su departamento, humilde y
chiquito entre imágenes de santos, allá por el barrio Plaza de la Revolución.

-Hilda, ¿qué hará el 24 de diciembre a la medianoche?
-Voy a rezar por mi familia, y me acostaré a dormir.

Ya no puede, y se echa a llorar. Todo fue en vano. Se suponía que Hilda
Molina, la neurocirujana cubana disidente de Fidel Castro y su dictadura, se
reuniría con su hijo, el neurólogo Roberto Quiñones Molina y sus nietos
argentinos, Roberto (10) y Juan Pablo (3) para esta Navidad. Nietos a los que
jamás conoció. Los intentos de Cancillería, en estas últimas semanas, fueron sin
duda repetidos. Hasta el presidente Kirchner se lo pidió a Castro por carta.
Pero Fidel dijo que no. Hilda se enteró por boca de Roberto, este último
miércoles. Fue el clavo final. Y se clavó duro y hondo. Porque en casa de
Roberto, allá por Palomar, están el arbolito y el pesebre, armados desde hace
unos días. El mismo que debería haber visto a Hilda y a su madre, Hilda Carmen
Morejón, de 86 años y gravemente enferma. El 24, Roberto y los suyos se irán con
su clavo y su dolor a pasar las Fiestas en algún lugar de la costa atlántica,
con la familia de Verónica Scarpatti, su esposa. Y en Palomar, el arbolito, solo
y sin propósito, quedará con las luces encendidas en vano.

EL PALOMAR, UN HIJO. Es el último sábado a la mañana en su casa, y
Roberto apura un café con leche, entre la pila de recortes de diarios que hablan
de él y su madre. Pide disculpas por una frase suya, dicha días atrás en pleno
hervor -"El Gobierno se quitó los pantalones"-, y en cambio, le agradece
profundamente al gobierno por ser el más sensible de todos, según él, en los
diez años sin su madre. El agotamiento se le nota, sobre todo en las ojeras. En
los últimos días, tuvo un pico de presión arterial. Es un hombre aplastado, pero
no caído: "Voy a pelear por reunir a mi familia hasta el día en que me muera.
Nada me importa más que verla reunida. Es la garantía de que mis hijos crecerán
sanos
".

En el Palacio San Martín, sede de Cancillería, esto representa un verdadero
problema. No sólo una marcada tensión entre el gobierno argentino y el gobierno
cubano, al cual se ha mostrado sumamente amistoso, absteniéndose de votar en su
contra por cuestiones de derechos humanos en la ONU, reponiendo un embajador
luego de años en La Habana, e invitando a Castro mismo a la asunción del
presidente Kirchner. Se desató un vendaval. Kirchner, bastante furioso por esta
crisis, le ordenó al canciller Rafael Bielsa las renuncias de Raúl Taleb,
embajador argentino en Cuba, y Eduardo Valdés, jefe de gabinete de Bielsa y su
mano derecha. Por demás, Alicia Oliveira, encargada del área de Derechos
Humanos, presentó su renuncia dos semanas atrás.

Ahora, ¿cuál fue el punto de quiebre? Al saber el miércoles la negativa de
Castro, Hilda acudió a la embajada argentina en La Habana. Se dijo que amenazó
con encadenarse, comenzar una huelga de hambre, una protesta. Esto, se dice,
crispó los nervios de Cancillería. Entró en calidad de huésped, una categoría
que en Cuba no existe, como no existe la de asilo político.

-¿Qué ocurrió realmente, Roberto?
-Fue invitada para que tengan un poco de contención, porque son familiares
directos de argentinos. Allí, mi abuela se descompuso, y se retiró cuando estuvo
en un estado que le permitiera salir al edificio. Y jamás se le cruzó por la
cabeza pedir asilo político. Quería entrar, e irse. Pero sí, la huelga de hambre
es una posibilidad que yo y mi madre hemos evaluado en conjunto. Estamos
dispuestos.

Y agrega: "Lo que ocurre en Cancillería me parece una situación que se
aprovecha para que rueden cabezas. Lamento que mi familia haya quedado en el
medio
". La cabeza que permaneció intacta fue la de Jorge Taiana, el
secretario de Relaciones Exteriores y segundo en jerarquía, cruzado en un duro
enfrentamiento con Bielsa. Al contrario de Valdés y Oliveira, que siempre fueron
sensibles al caso Molina, Taiana, según Roberto mismo, "nunca se interesó".
Y sigue: "Cuando Taiana estaba en la OEA, le envié quince cartas. Me
respondió dos y sin decir mucho. En Cancillería, fue Oliveira la que sacó mi
expediente del escritorio de Taiana. El nunca se comprometió
".

La oferta cubana había dictado la posibilidad de que Roberto viaje con su
familia a Cuba -y con gastos pagos- para ver a su madre. Roberto mismo, dice, no
viajará a su país natal ni muerto. Menos aún, con sus hijos y su esposa. "Lo
sentí como una ironía cruel. Me pueden dejar preso a mí, y terminar de separar a
mi familia, que mis hijos se queden sin su padre
-y sigue-, tal vez, que
me planten droga en la maleta, y por narcotraficante nadie me defienda. Sé de
qué es capaz el gobierno cubano. Mi madre me dijo: 'Ni se te ocurra venir. Temo
por los niños.' Yo no tengo ninguna garantía. Ni pienso ir
". A través de
Alfredo Forti, embajador argentino en Honduras, el gobierno argentino propuso
otra vez a Cuba que Quiñones Molina visite a su madre, reforzando el pedido de
Kirchner. Negativa otra vez. "Estamos negociando en una situación extrema,
con gente que es irreflexiva e irracional. Son inflexibles. Pero Fidel hace
estas cosas. No le importa
", sentencia Roberto.

Esta semana, fue tapa de cada diario, fue segmento en cada radio. ¿Y la
próxima? ¿Qué será? ¿Una foja en un archivo? "Ese es mi miedo", dice
Roberto. "Que mi lucha termine sin respuesta en un cajón. Y esta Navidad, no
quiero morir de desilusión, de vacío. Que mi madre y mi abuela, que está
gravísima de salud, mueran sin conocer a sus nietos. Y que el gobierno cubano
finalmente les juegue sucio
". "Lo peor de todo", continúa, "son
los niños
." Ven por tevé a sus abuelas, y preguntan: "Van a venir al
final, ¿no?
" Roberto no sabe qué decirles.

LA HABANA, UNA ABUELA. La línea está pinchada por el régimen. Y hay un
auto con paramilitares de civil en la puerta de su edificio. Los mismos que una
vez le tiraron un baldazo de sangre en la puerta. Hilda atiende.

-Mira, no tengo miedo. Y estoy dispuesta a una huelga de hambre. Si tengo que
hacerlo, lo haré. Ya no me queda ninguna esperanza.

-Su posición es extrema.
-Estoy desesperada. Ya quedan pocos horizontes. Cuando supe la decisión de
Castro, me puse muy nerviosa, y mi madre también. Fui a la embajada porque me lo
ofrecieron. Su salud es pésima. Ya no es un ser vivo. Es un cadáver. Y no quiero
que mi hijo venga aquí, y que lo metan preso.

-¿Qué espera, Hilda?
-No sé… Que si no me muero en esta isla, algún día vea a mis hijos. Tal vez,
cuando se case el más grande, Robertico, ¿sabes?
Castro no cede. Y en La Habana, le cae el sol a Hilda. Como le cae hace diez
años.

Hilda hoy, en su departamento en La Habana.

Hilda hoy, en su departamento en La Habana.

Roberto y sus hijos, entre fotos. El gobierno cubano les ofreció viajar a la isla. El se niega: Me pueden dejar preso a mí, y terminar de separar a mi familia. No tengo ninguna garantía". ">

Roberto y sus hijos, entre fotos. El gobierno cubano les ofreció viajar a la isla. El se niega: "Me pueden dejar preso a mí, y terminar de separar a mi familia. No tengo ninguna garantía".

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