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“Vine a la Argentina para hacer una revolución del amor”

“Vine a la Argentina para hacer una revolución del amor”

Redacción Gente

Este payaso es cosa seria. Dice cosas como “la salud debería ser un
intercambio de amor entre seres humanos, no una transacción económica”
o “debo
pedirle disculpas por las políticas implementadas por los Estados Unidos y por
la estupidez de mi Presidente
“. Y sin sacarse la nariz colorada. Hunter Patch
Adams -en carne, hueso y pinturas- visitó la Argentina. Fue quien inspiró la
película de 1998 que lleva su nombre (protagonizada por Robin Williams y
dirigida por Tom Shadyac), pero eso es una anécdota apenas. Es, sí, uno de los
médicos -recibido en 1971 en el Medical College de Virginia- más reconocidos en
el mundo por haber creado una técnica curativa basada en el humor.
A los 58 años -nacido un 28 de mayo en Washington “pero criado en el estado de
Virginia del Norte”
, insiste en aclarar-, está casado con Linda Susan Edquist y
es padre de dos adolescentes: Atomic Zagnet (17) y Lars Zig (6). La agrupación
Ser Feliz -formada por empleados del sector de atención al público del Hospital
Garrahan- fue la mejor excusa para que el titular del Gesundheit Institute, la
fundación que él lleva adelante, volara a Buenos Aires. Arribó el lunes por la
mañana junto a una comitiva de payasos formada por su hermano Wildman, sus dos
hijos y un grupo de amigos. El martes por la madrugada se paseó por los pasillos
del Hospital Udaondo (en Barracas), y luego dio un discurso en el Hospital
Garrahan. Al día siguiente hizo lo mismo en el Durand y en el Clínicas. Fiel a
su misión, los destinatarios de sus payasadas fueron los chicos internados. Al
fin y al cabo, los únicos privilegiados

PATCH ADAMS ES MI NOMBRE. Alto, flaco, de gran bigote blanco, mira a su
alrededor con unos ojos que parecen explotar de bondad. Por donde camina genera
tanto caos como alegría. Viste un bombachudo multicolor, una camisa floreada al
mejor estilo hawaiano, un saco de pijama y unos zapatos tan largos como él. En
medio de su visita al Hospital Garrahan, habló con GENTE. Eso sí, para estar a
tono con el entrevistado, era imprescindible portar nariz de clown.

-Mister Adams, ¿cómo encontró la situación sanitaria de los hospitales públicos?
-Oh, estoy feliz por estar aquí entre ustedes, y por el enorme cariño recibido.
Pero no vine a la Argentina a hacer un examen sobre las instituciones. Solo vine
para estar con los niños y cumplir con mi trabajo.

-¿Cómo podría describir su técnica?
-Lo que yo hago es brindar amor a aquellos pacientes que lo necesitan. Vine a la
Argentina para hacer una revolución del amor. Quiero demostrar que no solo con
medicamentos se cura a una persona.

-¿Qué hace la medicina al respecto?
-La medicina, my friend, ha descuidado el vínculo emocional que se establece con
el paciente. A través del humor se pueden obtener resultados extraordinarios.
Sueño con ver, alguna vez, un Happy Hospital (Hospital Feliz), donde los
pacientes tengan alegría todo el tiempo. Ojalá la palabra “amor” forme parte
algún día de los manuales de medicina.

-¿Y de dónde provienen esos sentimientos en su caso?
-Del amor incondicional que me dio mi madre. Ella me demostró que el amor es la
fuerza más poderosa, mucho más que el dinero, como muchos piensan. Recuerdo que
tuvieron que amputarle una pierna, porque era diabética y fumaba mucho, y yo
siempre le hacía el mismo chiste: “Mamá, ¿qué se siente al tener una pierna en
el cementerio?”.
Ella se reía, y hasta el último día de su vida les repetía el
chiste a sus amigas. Ahí está la clave: el sentido del humor, que ayuda a
doblegar las enfermedades más terribles. Y lo que hago es eso: brindar el mismo
amor que me dio mi madre. Lo único que contagia es la risa. Y, por suerte, es
salud y no enfermedad.

-Sus ideas deben haber soportado fuertes rechazos dentro del ambiente
científico…
-He soportado de todo: burlas, acusaciones y amenazas. He puesto en riesgo mi
carrera y mi credibilidad como profesional. Pero nunca dejé de creer que el amor
es la única fuerza que nos une a todos. Lo que sucede es que vivimos en un mundo
complejo, lleno de estructuras y prejuicios. Desde que soy chico me negué a
permitirlo.

-Hay algo famoso en su carácter, y es su reticencia al periodismo. ¿Por qué?
-¡Porque lo importante no soy yo, sino mi trabajo! Lo importante es que el poder
del amor, la compasión y la generosidad sean sentimientos normales para todos.

-Criticó severamente al presidente George W. Bush. ¿Qué tan en serio lo toman en
su país?
-Demasiado como para haber inspirado una película y haberme tildado por la
prensa de mi país como un “antisistema” por ser un activista social.

-Cuando usted era un mero estudiante de Medicina, ¿nunca pensó que estaba
equivocado?
-Nunca. Recuerdo las palabras de un profesor que me dijo alguna vez: “Si quiere
ser payaso, váyase a un circo”. ¡Y soy tan buen payaso como médico!

-Muchos argentinos lo conocen solamente por Patch Adams, la película. ¿Qué opina
del film?
-Los que vieron la película, o los que quieran verla, deben saber que no es una
biografía sobre mi vida. Está inspirada en algunos acontecimientos, pero no es
más que ficción. Los que quieran saber más sobre mí deberían ver el documental A
different drummer (Un baterista diferente). Esto es fácil: algunas películas
solo buscan entretener, y otras buscan ser una obra de arte, como Amelie, que me
encantó. Yo pienso que mi historia fue usada para entretener y facturar
millones.

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Una de las clásicas payasadas de Patch Adams. En el Hospital de Clínicas fue recibido por una multitud.

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