Una vida al límite de la violencia y la legalidad – GENTE Online
 

Una vida al límite de la violencia y la legalidad

No puedo hablar mucho, porque en cualquier momento van a entrar a mi casa; hay francotiradores enfrente… Tengo una mira de mil metros de alcance y le aseguro que soy un excelente tirador. Yo no quiero matar a nadie, pero si entran voy a defender mi vida”, dice con voz visiblemente alterada Gabriel Novaro. Del otro lado de la línea está Luis Majul –quien lo está entrevistando para su programa de radio–, y sobre la vereda de su mansión, en el coqueto Barrio Parque, un comando del grupo GEOF que lo intima a que se entregue.

Matar o morir” es el lema de este abogado convertido en una especie de Bruce Willis en Duro de matar –claro que esta vez los policías son los que están afuera–, que se les anima él solo a cien efectivos del comando especializado más poderoso del país. Primero vigila todos los movimientos del exterior desde el plasma gigante de su cuarto. Los policías le cortan la luz, para desactivar el sofisticado circuito interno de televisión, y luego destruyen las cámaras, porque el atrincherado continúa monitoreando todos los movimientos gracias al grupo electrógeno de su mansión. Novaro sube al entrepiso con su M-16 y una máscara antigás, y coloca un espejo de frente para ver lo que sucede detrás suyo. Entonces los policías vuelan la cerradura de la puerta de entrada y lanzan una granada acústica.

El abogado resiste y descarga un cargador y medio sobre los policías, hasta que se le traba el arma. Novaro terminará en la sala de terapia intensiva del hospital Fernández, con un tiro en el abdomen que le hizo perder su riñón (aunque los médicos no lo confirmaron oficialmente, tanto el abogado como su pareja habrían tenido un alto grado de intoxicación esa mañana). Al lado del charco de sangre en su casa quedaban el fusil M-16, una pistola Glock 9 milímetros y una bolsa de cocaína, mudo testimonio de esa mañana de furia y locura incomprensible.

De armas llevar. Los ojos bien abiertos, el cabello oscuro tirante hacia atrás y un Rolex Daytona en su muñeca izquierda: “Este reloj es de brillantes y oro blanco. ¿Cuánto lo pagué? Me costó 65.000 dólares. Cuando vivía con mis padres tuve muchas carencias. Por eso, ahora que puedo me doy todos los gustos”, le decía a GENTE el polémico Gabriel Novaro (40) hace pocos meses. El sol golpeaba caliente sobre la mansión de 500 metros cuadrados en Barrio Parque y el abogado contaba animadamente su vida, apoyado sobre su cupé Porsche.

Amante de la noche, las armas y las modelos hermosas (hoy está esperando un hijo de la ex modelo Virginia Kelm –quien habría sido dejada de lado por Pancho Dotto debido a su inconducta– y antes salió con Nadina Perazzo, quien lo dejó por su amigo Leith, hijo del millonario saudita Gaith Pharaon), Novaro tuvo su minuto de fama el 28 de septiembre pasado, cuando el RENAR –después de una serie de denuncias– lo intimó a devolver las siete armas que tenía registradas. Entre otros, su vecino Claudio Cirigliano (titular de la concesionaria de ferrocarriles TBA) lo acusó por dispararle a una cámara de seguridad: “El vecino que me denuncia es el dueño de LUA Seguros, una compañía que tuvo una quiebra dudosa años atrás. Además, tiene la empresa de trenes que pasa por acá, el Libertador San Martín. Yo estaba en la pileta y me pasaba un cable de él a diez metros de la cabeza. Y, como no tengo alquilado el terreno, lo corté”, era su tranquila respuesta.

Aquel 28 de septiembre, la policía golpeó por primera vez la casa de Novaro, quien decidió no abrir. Después, el operativo fue similar al que vimos hace una semana. “O nos dejás pasar por las buenas o lo vamos a hacer por las malas. No nos hacemos responsables de los daños”, juraba entonces que le habían dicho. “¡Me querían matar! Pero me salvaron los medios. Soy el mejor abogado de accidentes de tránsito. Por eso me quieren ver muerto”, explicaba, encandilado por los flashes que provocó el Loco de Palermo, como lo catalogaron los medios.

–¿Por qué se atrincheró de esa forma? –le preguntaba GENTE entonces.
–A mí me quieren matar (insistía). Están violando mis derechos humanos. Me persiguen las compañías de seguros. Solamente a la Caja de Ahorro y Seguro le saqué 500 mil dólares.

–¿Por eso decidió solicitar la portación de armas?
–Cuando trabajaba en Morón, todos los días trasladaba cuarenta o cincuenta mil dólares en mi auto. Un día me “vendieron” e intentaron asaltarme. Me pegaron 40 culatazos. Entonces decidí pedir la portación de armas. Ahí empezaron a gustarme, pero yo uso semiautomáticas, no de guerra como dijeron los medios. Hablan sin saber: un arma de guerra es una AK-47…

Día de furia. La última semana de junio, Novaro volvió a ser noticia: “Inseguridad en el barrio de los ricos”; “Volvió el loco de Palermo” y hasta apareció un blogspot llamado Novaro tiene banque en apoyo a este abogado que se creyó el protagonista de una película de acción. Tanto, que hasta hizo olvidar el triunfo de su célebre vecino, Mauricio Macri, o la victoria de la Selección argentina frente a los Estados Unidos. Pero, ¿por qué volvió Gabriel Marcelo Novaro a la escena pública?

Todo comenzó por una denuncia. Cerca de la medianoche del martes 26, el abogado y su novia, la ex modelo Virginia Kelm (21 años, embarazada de casi ocho meses), visitaron a su albañil, Alejandro Abruzzesi, en la calle Estomba al 3400. La versión del obrero fue ésta: “Novaro llegó con su novia, bastante sacado. De pronto, extrajo un fusil y me apuntó. Le bajé el fusil. Sacó otra arma y me dijo: ‘Acordate que yo mato gente’. Entonces su novia sacó una agujereadora y él me pidió que me agujereara la mano, como muestra de lealtad hacia él”, recuerda Abruzzesi, quien ahora tiene un custodio en la puerta de su casa, por miedo a represalias. Antes de irse, el abogado disparó dentro del departamento del albañil, y luego a su camioneta. Cuando Novaro abandonó la casa del barrio de Saavedra, Abruzzesi corrió hasta la Comisaría 53ª a denunciarlo.

Las consecuencias fueron las conocidas: el especialista en accidentes de tránsito terminó con un tiro en el abdomen, y su pareja, detenida. La modelo, que fue acusada de Amenaza calificada, declaró ante el juez Aníbal Peralta que sólo presenció un tramo de la discusión y negó las acusaciones del albañil. Según su abogado, Patricio Poplavski, la estrategia de defensa de la ex modelo no irá de la mano con la de su pareja. Novaro ya fue procesado por Estafa y Abuso de armas. Ahora podría ser procesado por hasta siete delitos: Amenaza con armas, por las que sufrió el albañil (para el cual las leyes prevén una pena de dos a cuatro años de prisión); Abuso de armas (de uno a tres años); Tenencia ilegal de armas (de dos a seis años), Portación de armas de guerra (de tres años y seis meses a ocho años y seis meses), ya que el RENAR le había quitado su permiso de portación y algunas de las armas que tenía en su mansión estaban a nombre de su instructor de tiro, Pedro Marcelo Fernández, quien también fue inhabilitado por el organismo oficial; Homicidio en grado de tentativa (de 4 a 16 años), si se comprueba que disparó a matar; Atentado a la autoridad (de seis meses a dos años) ya que Novaro disparó al menos 45 tiros contra los efectivos del Grupo GEOF; y Daños (de tres meses a cuatro años) por los daños materiales causados a sus vecinos por sus disparos.

BORDEANDO LA Ilegalidad. Gabriel Novaro se recibió de abogado a comienzos de los 90 en la Universidad de Morón. El mismo juraba que encontró rápidamente un “nicho” redituable: “Yo trabajaba buscando casos de accidentados y les hacía juicio a las compañías de seguros. Mi mamá y mi novia de entonces, Nadina Perazzo, me ayudaban a reclutar víctimas. Y también tenía ‘contactos’ en hospitales, como camilleros o enfermeros, que pasaban datos… Eso podrá ser una falta de ética para el Colegio de Abogados, pero no es un delito. Yo necesitaba trabajar”.

Claro que en los pasillos de las compañías de seguros cuentan otra versión: “Forma parte de la mafia de los quiebra-huesos”, sostienen. Y aseguran que a mediados de los 90, Novaro caminaba las villas, reclutaba gente carenciada y les quebraba algún hueso utilizando métodos medievales, por ejemplo con una maza. Luego, siempre según esta versión, simulaba un accidente con un auto asegurado. Así, el lesionado se llevaba una cifra no superior a los mil pesos y Novaro le sacaba miles de dólares a la aseguradora. De ese modo habría comenzado a amasar fortunas.

Después de la crisis de 2001 compró una serie de Ferrari que llegaron al país y fueron rechazadas por la suba del dólar. “Yo las compré y me las llevé a Miami. El negocio me salió redondo. Así empecé a adquirir propiedades en los Estados Unidos, que todos los años se cotizan en un 20 por ciento más. Siempre aprovecho las crisis: después del atentado a las Torres Gemelas les compré propiedades a argentinos que no podían pagarlas; lo mismo hice después del huracán Katrina. No necesito trabajar, vivo de rentas...”.

Lo que sí es cierto y no una especulación, es que en el año 2002 tuvo que cumplir una probation –fue obligado a trabajar cuatro horas semanales en un hogar de madres golpeadas– debido a una denuncia por agresión.

No entienden mi Exito”. Gabriel Novaro juraba que se hizo rico en el uno a uno, que le compró la Ferrari Testarossa a Diego Maradona y que le vendió otra a Lenny Kravitz. También, que estaba peleado con toda su familia porque “no entienden mi éxito” y que la única herencia que le dejó su padre es una enfermedad llamada poliquistosis renal: “Esta enfermedad termina con un transplante de riñón. Yo a diálisis no voy a ir, así que voy a morir joven. Si me drogara, como muchos dicen, acabaría con mi vida. ¿Que dicen que vendo drogas? Yo gano bien: mirá cómo vivo. Además, hoy en la Argentina ni vender drogas es redituable”.

Antes de terminar aquella nota con GENTE, dejó una frase que meses después cumpliría al pie de la letra: “El RENAR dice que las armas son para usarlas. Si uno desenfunda un arma es porque existe riesgo de vida. Entonces uno tiene que tirar, porque la defensa es legítima”.

Meses atrás, Novaro posaba con uno de sus “chiches”, una cupé Porsche, en la puerta de su mansión. Las compañías de seguros lo acusan de pertenecer a una mafia que explota a los carenciados.

Meses atrás, Novaro posaba con uno de sus “chiches”, una cupé Porsche, en la puerta de su mansión. Las compañías de seguros lo acusan de pertenecer a una mafia que explota a los carenciados.

Virginia Kelm, la pareja de Novaro, que está embarazada de siete meses, fue atendida mientras el abogado se tiroteaba con la policía. Los disparos del atrincherado impactaron en las casas y autos de sus vecinos. “Soy un francotirador; puedo pegar un tiro a mil metros”, se jactaba.

Virginia Kelm, la pareja de Novaro, que está embarazada de siete meses, fue atendida mientras el abogado se tiroteaba con la policía. Los disparos del atrincherado impactaron en las casas y autos de sus vecinos. “Soy un francotirador; puedo pegar un tiro a mil metros”, se jactaba.

Alejandro Abruzzesi, el albañil que denunció a la pareja, muestra el orificio en la pared de su departamento. La casa de Novaro sigue custodiada por la policía.

Alejandro Abruzzesi, el albañil que denunció a la pareja, muestra el orificio en la pared de su departamento. La casa de Novaro sigue custodiada por la policía.

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