Una noche con todas las estrellas – GENTE Online
 

Una noche con todas las estrellas

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El angosto pasillo del estudio Central Park Productions, donde están los camarines de los invitados, rebalsan de gente. Como si se tratara de la puerta del vestuario local de la mismísima Bombonera después de un superclásico, todos corren por un autógrafo, una foto, o simplemente para ver de cerca a sus ídolos. Es que la segunda emisión de La noche del 10 acaba de hacer historia en la televisión argentina y nadie se quiere perder el brohe de oro.

Diluvia en la calle, donde decenas de personas esperan empapadas la salida de las estrellas. Adentro también son varios los rostros mojados, pero por la emoción. La gente corre por los pasillos, y los productores y los curiosos se entremezclan con los familiares de los invitados, quienes intentan sortear las cámaras y a las bailarinas que todavía lucen sus pelucas multicolores. Fue una noche de grandes, y a la cita no faltó absolutamente nadie.

Sentados en los modernos sillones de cuero blanco con la cara de Maradona estampada en el respaldo, Emanuel Ginóbili, Susana Giménez, Ricardo Arjona, Adrián Suar, Nancy Dupláa y Nicolás Cabré comparten anécdotas de la vida y del trabajo. Y como al Diez nadie se atreve a decirle que no, los invitados responden las preguntas más increíbles, esas cosas que sólo le confiarían a sus más íntimos. Nancy, por ejemplo, confirma la fama de tacaño que tiene Suar, mientras Pablo Echarri se ríe fuera de cámara. Luego Adrián (El Jefe, como le dicen todos), da fe de lo que hasta ahora nadie se había atrevido: "Nicolás está saliendo con mi hija", le dice a Ginóbili, mientras Florencia -la chica en cuestión- y su mamá, Araceli González, se ríen en el piso, detrás del decorado cercano a una de las tribunas de color naranja.

Y la mismisima Susana Gimenez, la mujer que a lo largo de veinte años entrevistó a Maradona, está ahí, pero ahora los roles han cambiado: Diego pregunta, la diva responde. Y a las once y media de la noche se para en el escenario del primer piso, ahí por donde sólo entra Diego, y la emoción es tan grande que mientras practica cómo bajar la escalera de madera (sí, leyó bien, Susana también practica cómo bajar la escalera para no cometer ningún error), patina y casi se desploma. Entonces la producción seca los escalones y coloca doce personas a los costados, con sus brazos cruzados que le sirven de improvisado pasamanos: "¿Qué tipo de hombre busco hoy? Alguien que sea compañero, que me cuide y que no me meta los cuernos…", dispara la diva, que se atreve a la broma de Adrián Suar y simula firmar un contrato que la vincula con Canal 13 para la próxima temporada; una broma con trasfondo más que serio, según los rumores del futuro televisivo de la diva que suenan por estos días.

Manu Ginobili el hombre que demostró que se agranda en las difíciles y que no le tiembla el pulso al tirar un tiro libre en una final de la NBA, le dirá a GENTE tras el programa: "¿Cómo estoy? ¿Y a vos qué te parece? ¡Todavía me tiemblan las piernas! Este es mi primer mano a mano con Maradona y ojalá no sea el último. Me voy empachado de elogios. Por momentos hasta me daba vergüenza que Diego hablara tan bien de mí". Tampoco ocultará su asombro un rato después, cuando Dalma lo encara en la puerta del camarín: "Mi papá quiere que subas a verlo, porque te quiere regalar su camiseta", le dice. A Manu le brillan los ojos. Besa a su esposa (Marianela Oroño) y, con una sonrisa que no puede ni quiere ocultar, le dice: "Esperáme que ya vuelvo. Voy a ver otra vez a mi ídolo".

Tampoco el Mago Guillermo Coria, compañero de Diego en el fútbol-tenis, se quiere perder la oportunidad, y sube a saludar al Diez junto a su esposa, Carla, su mamá Graciela, su papá Oscar, y su hermano Román. Como le gusta coleccionar cosas, se lleva la pelota del programa y le pide un autógrafo al conductor. Autógrafo que ya tenía en una foto que le había hecho firmar minutos antes frente a las cámaras: "Esta me la saqué con vos cuando eras técnico de Racing. Yo tenía doce años y me estaba preparando para jugar un Sudamericano. Ahora te la traigo y te pido que me la dediques", le ruega Guillermo, y se gana la ovación del público.

Pero éste no será el único recuerdo de la infancia. Porque Matías Almeyda, el ex jugador de River, le mandó una carta que había escrito cuando apenas tenía 12 años y ya era goleador del Club Alumni en Azul, su pueblo de la provincia de Buenos Aires. Diego se emociona, lo invita al piso y le cumple "el sueño del pibe" a uno que ya no es tan pibe. Pero éstas no serán las únicas lágrimas de Maradona. Minutos después, su sobrino Thiago lo saludará desde Miami, y ahí sí, el Diez confiesa: "Este es el hijo varón que nunca tuve". Entonces, en una de las plateas, Doña Tota y Don Diego rompen en llanto como chicos.

hay lugar para mas emocion. Porque Diego, decidido a recuperar a su ex mujer, Claudia Villafañe -hoy su amiga y mano derecha-, la sorprende con un video clip donde él mismo entona una canción del colombiano Carlos Vives, mientras desfilan en pantalla fotos de los mejores momentos de la pareja. "Toda mi vida voy a intentar reconquistarte" , canta. En cuanto el televisor gigante del estudio devuelve esa imagen, Diego mira a Claudia de reojo. Ella hace un esfuerzo para no llorar en cámaras, pero al fin se quiebra cuando Gianinna la envuelve en un abrazo. Diego se acerca, le entrega una diadema a su (ex) mujer y la besa en la mejilla: "Es un gusto que me quería dar. Vos, Susana, tenés que hacer algo. La tenés que aflojar un poco... ¡No me tira ningún centro!", comentará el Diez en su charla con la diva.

Hasta Pablo Codevilla, el gerente de Programación del canal que continuamente está detrás de cámara apuntando con gigantes carteles blancos escritos a mano, se lleva un piropo de Diego, que lo compara con Bilardo: "Me vuelve loco, me tiene al trote. Acá tengo más ida y vuelta que Giusti en el Mundial", dispara, mientras trata de tapar el único bache -algo increíble en un programa en vivo- en tres horas de programa. Así, impecable, como cuando decidió contar la verdadera historia del gol a los ingleses pasadas las diez de la noche -"Mi viejo y mi ex suegro, Coco Villafañe, me miraban desde la platea del estadio Azteca y no lo podían creer"-, La noche del 10 cerró, cerca de la una de la mañana, uno de los momentos más gloriosos e históricos de la televisión argentina.

Tal vez por eso nadie se mueve de los pasillos. Tal vez por eso las puertas de los camarines permanecen cerradas casi tres cuartos de hora después del programa.

Es que todos quieren esperar que les toque su turno para saludar al más grande. Al hombre que volvió una noche para, como ya dijo en su primer programa, "meterme en el living de la casa de todas las familias de la Argentina".

Sin dudas, después de otra noche histórica como la del lunes, podrá decir: misión cumplida, porque ahora en la tele, como antes en una cancha, Diego es inigualable.

Susana entró como la gran diva que es.

Susana entró como la gran diva que es.

Coria, Manu y su anfitrión en el <i>backstage</i>.

Coria, Manu y su anfitrión en el backstage.

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