«Una cosa es ser célebre y otra ser tristemente célebre. Por ejemplo, árbitro de fútbol famoso» – GENTE Online
 

"Una cosa es ser célebre y otra ser tristemente célebre. Por ejemplo, árbitro de fútbol famoso"

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"Rosario tiene buenas mujeres y buen fútbol. ¿Qué más puede pedir un intelectual?" Roberto Fontanarrosa, en un pasaje de su intervención en el III Congreso Internacional de la Lengua Españ
ola
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El Negro, como a esta altura lo llama todo el mundo, más allá del vínculo de amistad, fue sin dudas uno de los grandes protagonistas del letrado encuentro finalizado en Rosario hace unos días. "¿Qué hago yo en el Congreso de la Lengua si soy un dibujante?", se preguntó, un poco en broma, antes de su intervención, y no hacía más que aludir a su actividad más conocida, claro, la de humorista gráfico. Y es que si bien, para el gran público, él es el padre de personajes de historieta ya clásicos como Inodoro
Pereyra
o Boogie, el aceitoso, además de su encuentro diario desde hace años con su chiste de Clarín, es el autor, además, de una importante obra literaria. Basta mencionar sus novelas Best Seller, El área 18, o sus libros de relatos El mundo ha vivido equivocado, No sé si he sido claro o el más reciente Usted no me lo va a creer. Todo con ese estilo costumbrista definitivamente personal que hace hincapié en el absurdo, y siempre marcado por el humor.

-¿Cómo vivís todo este protagonismo y reconocimiento implícito que te brindó el Congreso…?
-Es muy gratificante. De todas maneras, la notoriedad que yo pueda tener tampoco es la de Luis Miguel. No es que se me tiran por la calle y me arrancan la ropa. Lo disfruto porque ese afecto proviene de algo que le alegra un poco la vida a los demás. Digo, una cosa es ser célebre y otra es ser tristemente célebre. No me gustaría, por ejemplo, ser un árbitro de fútbol famoso. En el caso de un humorista, al que no le gusta mi trabajo, ni me registra. Es el mismo agradecimiento que yo siento hacia la gente que me hace reír.

-¿Quién hace reír a Fontanarrosa?
-Pienso en Les Luthiers, Woody Allen, Alberto Olmedo, entre otros.

-Y en cuanto a tu identidad, ¿cómo conviven el humorista y el escritor? ¿Cómo te ves?
-A ver, yo soy todo eso, el humorista gráfico y el escritor. Respecto a la narrativa, mi objetivo es encontrar una buena historia para contar, que sea atractiva, interesante.

-¿Cómo sabés cuándo la encontraste?
-Estoy cerca de la clave cuando me digo: esto es lo que me gustaría poder contarle a los amigos en el bar. Pasa por ahí. Ahora, si tiene el plus del humor, mejor. En el dibujo, en cambio, siempre hago humor. Salvo, por ejemplo, con la ilustración que hice este año para una edición del Martín Fierro. Eso fue otro registro y me gustó el desafío, el hecho de volver a dibujar por dibujar.

-¿Y cuál es el método de trabajo del humorista y del escritor?
-En estos momentos estoy realmente preocupado porque no encuentro tiempo para escribir. Vos sabés bien, como periodista, que lo que no puede esperar es la entrega para el cierre. Yo le tengo que mandar al diario (Clarín) lo que le prometí, y por lo que me pagan. Pero antes, por ahí, un día a la semana me podía sentar a escribir un cuento que ya tenía medianamente en la cabeza. Ahora hace mucho que no encuentro ese día, cosa que me preocupa. Voy a ver si hago como en esas películas norteamericanas, esa cosa romántica donde el autor se retira a una playa para escribir la novela. Aunque tengo miedo de irme cinco días a la playa y terminar durmiendo como un camello, y a la m… con la escritura. Y además, este problema del brazo me ha complicado la vida.

-¿Qué te pasó exactamente en el brazo izquierdo?
-Hará dos años y pico empiezo a tener unas sensaciones extrañas, fundamentalmente pérdida de fuerza y pérdida de masa muscular. La cuestión es que fui perdiendo la funcionalidad del brazo y de la mano izquierda, lo cual implica horas de fisioterapia para mantener lo poco que queda, que son tres, cuatro horas semanales que le quito al laburo.

-Uno te ve con el brazo colgando y es fuerte. Enseguida piensa qué suerte, para alguien que trabaja dibujando, que el afectado fue el brazo izquierdo y no el derecho. Digo, debió ser grande el miedo psicológico, ¿no?
-¡¿Miedo psicológico?! No, lo que sentí es cagazo: psicológico y de todo tipo. Porque frente a ese panorama incierto, uno se pregunta: "Ajá, esto empieza acá, ¿y hasta dónde sigue?" Por eso le decía a mi médico: "Yo firmo el empate". Si este lo perdí, lo perdí. No es que digo: "Ah, no, quiero recuperarme". No. Quiero que termine ahí, y por suerte, parece que la cosa no pasa de ahí.

-Te veía ahí, entre los académicos -ellos muy trajeados, vos de camisita informal-, muy observador, como al acecho cazando historias, modismos, comportamientos, que muy pronto serán un chiste o algún cuento…
-Bueno, la observación es una de las herramientas fundamentales de un humorista o un escritor. Pero también es cierto que no podría encontrar en cualquier situación un motivo para un chiste. Sería muy fácil y no es así, claro. Es como pensar que Otello era un negro que vivía al lado de la casa de Shakespeare, y el tipo dijo: "Ah, voy a escribir algo con este negro". Pero es cierto que algunas situaciones, como bien puede ser este Congreso, da para sacarle el jugo. O las charlas de los muchachos antes de ir a jugar al fútbol. Es como que uno pone un grabador y escucha algo que viene escuchando desde hace miles de años.

-¿Para qué sirve este Congreso?
-La primera impresión que tengo a nivel muy popular es que ayuda a tomar conciencia del idioma que uno dispone. Siempre lo pensé así: como nos ha sido dado, no le prestamos atención. En ese sentido, el idioma se parece al aire: es fundamental e inadvertido. Me pasó una vez en un encuentro de dibujantes en Quito. Había colegas de toda Latinoamérica. Y enseguida me dije: "Mirá vos, me encuentro con diez tipos de países diferentes y a los diez minutos, a partir del idioma, ya somos como chanchos". Uno diría ómnibus, el otro guagua y el otro chiva, pero nos entendíamos igual. Como yo decía: no he conocido ningún argentino que contrate un intérprete en Guatemala. Me acuerdo que había un norteamericano que, pobre, el tipo era un paria desterrado. Entonces tomás conciencia de que éste es un idioma que va desde Usuahia hasta la frontera con los Estados Unidos, llegás a donde sea, pedís un café y te entienden. En ese sentido, el Congreso me parece una oportunidad muy seria para analizar todos los
matices que tiene. Y como le decía a mi hijo: uno consume bastante tiempo en la pilcha, mira qué se pone, cómo se va a peinar, sin embargo, lo que más te va a vestir es la manera de hablar, que es como uno mide

a la gente y la gente nos mide a nosotros.

-Vos sos indivisible de esta ciudad. ¿Rosario es tu Macondo?
-No, si pienso en la riqueza que le aportó eso a la obra de García Márquez, no creo que sea similar. En todo caso, mi Macondo es el cine, las lecturas. La otra vez hablábamos de eso con Eduardo Galeano: a mí me parece fantástica esa idea de la mitología griega, una cultura que generó una cosa a medio camino entre la fantasía y la realidad, todo a partir de su vida cotidiana. Entonces yo digo: gran parte de nuestra mitología es el cine. Vos pensá que te encontrás con un amigo, empezás hablando de cualquier cosa y muchas veces terminás en una referencia cinematográfica. Si lo pensás, estás hablando de ficción, de un mundo de celuloide, digamos.

-¿Quién te ha nutrido especialmente en ese mundo?
-A mí me gustan mucho los narradores norteamericanos, tipos que te cuentan una historia. Los periodísticos: Hemingway, Truman Capote, Norman Mailer, más en la ficción, Salinger. Y en el cine, Coppola. Me parece que la saga de El padrino, para ser un cine comercial, entre comillas, tiene una realidad absoluta y es abarcadora de la vida.

-Algo parecido pasa con Apocalypsis Now. Sería un error calificarla como "una de guerra", ¿no?
-Totalmente. De hecho yo pienso que hay tipos que son veteranos de la guerra de Vietnam, y otros que somos veteranos de Apocalypsis Now. Ese tipo de relato me gusta.

-Ahora que lo pienso, tu Macondo sería el fútbol…
-Sí, claro, ese universo me parece riquísimo; es un idioma universal. Fijate que hace unos años atrás, ningún político se animaba a decir de qué cuadro era. Los de Boca tenían miedo que los de River no los votaran y así... Ahora, una de las primeras cosas que puntualiza un político es que le gusta el fútbol y confiesa su equipo. Es como que la gente dice: "Bueno, si este tipo es futbolero, se amargará y se alegrará como yo". El fútbol es un puente hacia la gente.

-Y en una semana de mucha gloria personal, una mala: te toca padecer este Newell's puntero y firme candidato al título…(N. de la R.: la nota se hizo antes del empate frente a Olimpo) ¿Cómo lo vive el pueblo canalla?
-Estamos un poco mejor por la mejoría de Central, pero al mismo tiempo muy preocupados por la campaña de Ñuls, claro. Además, creo que tienen amplias posibilidades de ser campeones porque me parece el equipo más sólido realmente.

-Perdón, ¿supongo que esto es off the record, no?
-Por supuesto que no quiero que sean campeones. Pero hay que admitirlo: todos dicen que los otros juegan para Ñuls. No, los otros son peores que
Ñuls
, es así de simple.

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"Estamos un poco mejor por la mejoría de Central, pero al mismo tiempo muy preocupados por la campaña de Ñuls", dice El Negro, fanático de Rosario Central, desde el mismísimo Gigante de Arroyito, como su segundo hogar

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"Como escritor, mi objetivo es encontrar una buena historia, y si tiene el plus del humor, mejor... Algo que pueda contar a los amigos del bar".

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