Un conventillo por amor al arte – GENTE Online
 

Un conventillo por amor al arte

Tres símbolos de la argentinidad se asoman al balcón de un viejo conventillo
en el barrio de la Boca: Gardel, Monzón y Maradona. Son los tres muñecos
gigantes creados por el artista plástico Omar Gasparini para decorar el frente
del Centro Cultural de los Artistas. En esa colorida arquitectura de chapa y
madera -construida en 1881- las habitaciones de un típico conventillo se
transformaron en ateliers. Está habitado por artistas de múltiples disciplinas
que invitan al público a conocer su obra y sus técnicas.

A las nueve de la mañana, el sol comienza a entibiar la vereda. Desde una radio
antigua suenan melodías tangueras. En el patio, punto obligado de encuentro,
algunos turistas pasean su curiosidad cámara en mano. Restaurado con colores y
materiales originales, el histórico conventillo cuenta con veintiún piezas (una
de ellas ambientada como a fines del siglo XIX), dos baños, un complejo
gastronómico que ofrece pastas y parrillada, y dos salas de exposiciones para
muestras temporales. Ubicada en la calle Magallanes 861, durante los siete días
de la semana recibe tanto a visitantes ocasionales como a artistas de vocación
dispuestos a "viajar" por el tiempo y la historia en una tarde mágica. Pintura
al óleo, vitreaux, platería y esmaltado, elaboración de licores artesanales,
velas o telares, todo va naciendo ante la curiosa mirada de los visitantes. "No
es una galería comercial, es un centro cultural"
, aclara enseguida Mavy Menéndez
Canosa (50), especialista en el arte del vitreaux tiffany. Como buena hija de
inmigrantes (su padre llegó a la Argentina huyendo de la Guerra Civil Española),
Mavy aprendió desde chica el amor por el trabajo y la vida en comunidad. Ahora,
de grande, siente que encontró su lugar: "Acá somos una gran familia y, a
diferencia de los shoppings, hacemos vida de conventillo"
, comenta orgullosa
mientras va preparando un mate. El territorio natural para matear y chusmear es
el patio, claro… Allí están Mavy, su hija Estefanía, de 19 años, y otros vecinos
artistas comentando las últimas noticias del día. En el centro del Patio del
Sol, como lo llaman, una enorme pajarera, símbolo añejo de aquellos días de
inmigrantes, encierra un concierto de jilgueros y colibríes. Por encima, una
soga cuelga ropa tendida. Terminan de completar el ambiente, macetas con
malvones y helechos sobre un piso damero en blanco y negro. Y no podía faltar un
mural reflejando el espíritu de la murga boquense. Hasta hace cinco años
funcionaba como conventillo, a partir del 2002, gracias a un emprendimiento
privado, abrió al público declarado Sitio de Interés Cultural por la Legislatura
porteña.

"La Boca tiene mucho de magia", asegura Stella Maris Rivero (54) desde su taller
de cerámica y joyería. "Te la da tu compañero, el que pinta, esculpe o escribe.
Todo aquel que se anima a volar
", dice mientras prepara café. Junto a Andrea, su
socia y compañera, cuenta que "viene gente que vivió en el conventillo y, entre
lágrimas, recuerda: acá tenía la máquina, acá el ropero"
. Las paredes de la
pieza exhiben agujeritos de todos los tamaños. "¡Cuántas razones diferentes
habrán tenido para poner un clavo!"
, exclama Andrea.

A Marta Grosso (56), la pieza donde funciona su atelier de pintura le llegó
envuelta en papel de regalo. Hace dos años, sus tres hijos le dieron una
sorpresa para el Día de la Madre. La llevaron de visita y le preguntaron:

-¿Te gusta este lugar?
-Sí, me encanta -respondió ella de inmediato.
-Bueno, es para vos.

Con su delantal rayado repleto de manchas multicolores se sienta junto al lienzo
y anuncia: "Ser artista es padecer día y noche de una enfermedad deslumbrante".

Detrás de ese clima de camaradería hay otra cara. "Los turistas llegan a
Caminito impulsados por las agencias de viajes. Esa recorrida no incluye la
visita a nuestro centro porque acá no tienen comisiones"
, se quejan los
artistas. Y aunque la Boca no debería tener dueño, diferentes intereses de las
agencias de viajes dirigen claramente a los turistas hacia dos galerías de venta
de artículos importados. "Por eso pedimos que las agencias nos tengan en cuenta.
Acá fomentamos la industria nacional y además, este lugar tiene una historia
única y merece ser conocido"
, concluyen. Hacia la noche, cada uno volverá a su
casa. Pero basta recorrer ese segundo hogar para llevarse una sensación clara y
envidiable. Están ahí por amor al arte.

Los Somos una gran familia y, a diferencia de los shoppings, hacemos vida de conventillo", dicen con orgullo.">

Los "vecinos" del Centro Cultural, juntos para la foto, como si se tratara de aquellos inmigrantes que, a comienzos del siglo XX, recalaron en la Boca provenientes de Europa. "Somos una gran familia y, a diferencia de los shoppings, hacemos vida de conventillo", dicen con orgullo.

El lugar, con sus clásicas fachadas de chapas coloridas, data de 1881. Desde hace un par de años dio origen a su actividad cultural. Todas sus piezas están orientadas al patio central, territorio natural para la vida de conventillo.

El lugar, con sus clásicas fachadas de chapas coloridas, data de 1881. Desde hace un par de años dio origen a su actividad cultural. Todas sus piezas están orientadas al patio central, territorio natural para la vida de conventillo.

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