“Tuvimos cáncer, estamos vivas, y por eso somos madrinas de esta idea que salvará vidas” – GENTE Online
 

“Tuvimos cáncer, estamos vivas, y por eso somos madrinas de esta idea que salvará vidas”

Paula y yo somos de una familia que tiene cáncer. A las dos nos pasó lo mismo”, dice Mónica Cahen d’Anvers (72). De frente, sin rodeos, a media sonrisa. Con la misma naturalidad con que, por dos décadas, enfrentó las cámaras de tevé para contar el país y el mundo. Ahora, lejos de ocultar su drama y la terrible palabra cáncer, hace una apuesta solidaria. Lea, y no olvide esta breve y conmovedora historia…

Cuatro años atrás, exactamente cuando ella y César Mascetti, su pareja en Telenoche y en la vida, decidieron casarse y, según Mónica, “pasar nuestros últimos años aquí, en La Campiña, nuestra empresa agrícola, llegó el mazazo: me detectaron un tumor de mama”. Pero con entereza, y gracias al diagnóstico precoz, lo derrotó.

Y casi había olvidado el trance cuando Paula Cahen d’ Anvers (43), su sobrina, empresaria del mundo de la moda, casada desde hace trece años con Federico Alvarez Castillo (48, uno de los dueños de Etiqueta Negra) y mamá de Luna (9) e Indalecio (4), recibió la misma sombría noticia en mayo del año pasado: bulto en un pecho, tumor confirmado, biopsia positiva. Cáncer. Pero también Paula logró vencerlo…

De las sombras a la luz. Entonces ya no hubo olvido. Las dos convirtieron sus dramas, su miedo, su esperanza y su batalla en una cruzada solidaria. Hoy, juntas, son madrinas del Camión de la Mujer, una unidad móvil de diagnóstico desarrollada por LALCEC (Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer) y Philips Argentina que recorrerá el país llevando en su entraña equipos de alta complejidad para la prevención del mal, y llegando hasta confines donde médicos, aparatos sofisticados y curación son bienes ignorados. Donde se sufre y se muere de modo anónimo, sin manos tendidas y sin más lágrimas que las de la desesperación.

Recuerda Paula: “Lo primero que hice al enterarme fue llamar a Mónica. Sabía que ella podía contenerme. Todo el proceso fue muy difícil. Antes de operarme entré en pánico, pero ella me tranquilizó. Ambas estamos vivas gracias al diagnóstico precoz”. Y recuerda la tía: “Ella tenía el miedo lógico, pero como yo había pasado ya por ese túnel, lo tomé de otro modo y pude darle un poquito de paz”.

–¿Por qué muchas mujeres eluden los controles?
Mónica: Por miedo o ignorancia. Cuando me apareció el tumor, sabía de qué se trataba. Mis cuarenta años de periodismo me permitieron un gran caudal de información local y mundial, pero la mayoría de las mujeres argentinas no tiene ni la más remota idea del tema.

–¿Es tan así?
–O peor. Después de recuperarme reuní a las mujeres de San Pedro que trabajan en La Campiña, les conté lo que me había pasado y les pregunté cuándo se habían hecho la última mamografía… El silencio podía cortarse con una tijera. Insistí en la pregunta, y una de ellas me abrazó y me dijo: “¿Y si me encuentran algo?”. ¿Te das cuenta?

–¿Qué le contestó?
–Fui clara y rotunda: “El objetivo es que te encuentren algo… y te lo puedan sacar”, le dije.
Paula: Lo único que te salva la vida es animarte a saber la verdad, por cruda que sea. Y cuanto más pronto, mejor. Porque tenemos herramientas maravillosas para luchar. Nada más simple –y más decisivo– que una mamografía.

–La mujer debe comprender el valor del autoexamen…
Paula: Por supuesto. Es una herramienta más. Por lo general, las mujeres vamos al ginecólogo una vez al año, y listo… Pero si en la familia hay antecedentes de cáncer, la cosa cambia, y mucho. Hay que ir al patólogo mamario, especialista que, con solo palparte, descubre si hay algo raro.
Mónica: Bueno, yo soy una inconsciente total. Nunca me preocupo por nada. Pero ciertas cosas son obligatorias, como la consulta anual al ginecólogo. Gracias a eso me encontraron el tumor, porque no tenía un bulto grande, ni síntomas, ni me pasaba nada fuera de lo común.

–¿Al enterarse tuvo miedo?
Mónica: ¡Claro! Pero fue un miedo positivo, porque me dije: “Esto debe tener solución”. Y aquí estoy. Y aquí estamos…

–¿Cómo fue tu caso, Paula?
–Muy bravo. Que te digan “Tenés cáncer de mama” es un impacto terrible, porque una se siente bien, no le pasa nada… Es una enfermedad silenciosa, y por eso es fundamental el tiempo: si la encuentran dos meses más tarde, la historia puede ser otra, y peor. En mi caso lo descubrí con el autoexamen. En realidad, lo localizó mi marido. “Tenés un bulto. Andá a hacerte ver”, me dijo. Y resultó ser un tumor bastante grande: de dos centímetros y medio. Me había hecho una mamografía diez meses antes y todo había salido normal.

–¿Qué fue lo primero que pensaste?
–Tuve un pánico terrible. Pero, a la vez, me asombré de mi fortaleza, creo que por mis hijos, básicamente. Sentí que me habían puesto frente a una pared de acero y la tenía que romper, atravesar y superar. Me salió una fortaleza instintiva, de madre, de querer seguir viviendo.

–¿Cómo continuó el proceso?
Paula: Junto a Federico, que me acompañó siempre, encontré al doctor Leonardo Mc Lean, patólogo mamario del Hospital Universitario Austral. Lo primero que hizo fue contenerme. Me operaron enseguida, y a los quince días empezaron a aplicarme quimioterapia. Seis sesiones cada 22 días, y al mismo tiempo, rayos.
Mónica: El de ella fue más bravo… Cuanto más grande sos, menos grave es. La pujanza de la juventud corre pareja con el mal. Yo no pasé por la quimio: sólo me dieron rayos.

–¿Qué aprendió cada una?
Mónica: Yo, a no ser tan omnipotente. Nunca me dije “a mí no me puede pasar”, pero actuaba como si realmente no pudiera ocurrirme. Hasta que un día te zamarrean y te dicen: “¡Basta, sos como todo el mundo! También podés tener cáncer”. Eso sí: la omnipotencia se me fue en lo que se refiere al cuerpo, a las enfermedades, ¡pero en la vida sigo siendo un desastre!
Paula: ¡Yo aprendí tantas cosas…! Tuve la oportunidad de sentirme más viva y de recibir mucho cariño. Fue como un regalo. En realidad, nunca viví esta experiencia como víctima. Tuve suerte: un diagnóstico precoz, unos médicos extraordinarios, y muchos cuidados.

–¿Cuál fue el momento más duro?
Paula: Antes de la operación, porque era posible que me abrieran y vieran que el cáncer había hecho metástasis, que estuviera toda tomada. El mío estaba encapsulado, lo tenía limpio. También aprendí que no hay que asociar este mal con la muerte. Nunca. Hay muchas chances, mucha esperanza. Por eso es clave el camión de LALCEC
Mónica: Es cierto. Tenemos que entender que el cáncer era sinónimo de muerte hace muchos años, pero no hoy. Hoy, si nos cuidamos, podemos vencerlo. Mónica y Paula después de sus horas más difíciles, y ya como madrinas del camión de alta complejidad (al fondo) que recorrerá el país para la detección temprana del cáncer de mama.

Mónica y Paula después de sus horas más difíciles, y ya como madrinas del camión de alta complejidad (al fondo) que recorrerá el país para la detección temprana del cáncer de mama.

Mónica y Paula, tía y sobrina, cuentan sus casos y explican la misión del Camión de la Mujer, un arma decisiva contra el cáncer, y sin fronteras: llegará a cada rincón argentino, donde la medicina preventiva es una gran ausente.

Mónica y Paula, tía y sobrina, cuentan sus casos y explican la misión del Camión de la Mujer, un arma decisiva contra el cáncer, y sin fronteras: llegará a cada rincón argentino, donde la medicina preventiva es una gran ausente.

Antes de iniciar su viaje, la primera unidad móvil de diagnóstico por imágenes ya comenzó a atender en el Instituto de Oncología Angel H. Roffo. Cuenta con un mamógrafo digital, un equipo de rayos, un ecógrafo 4D, un colposcopio y toda la tecnología necesaria para procesar, transmitir y archivar imágenes.

Antes de iniciar su viaje, la primera unidad móvil de diagnóstico por imágenes ya comenzó a atender en el Instituto de Oncología Angel H. Roffo. Cuenta con un mamógrafo digital, un equipo de rayos, un ecógrafo 4D, un colposcopio y toda la tecnología necesaria para procesar, transmitir y archivar imágenes.

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