“Todos los días le agradezco a Dios por la vida que me dio” – GENTE Online
 

“Todos los días le agradezco a Dios por la vida que me dio”

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En el año de los mundiales –fútbol, básquet, hockey, voley–, la Argentina tuvo su primera gran alegría, y tal vez la menos esperada. No por imposible: porque los jugadores ciegos, pierdan o ganen, merecen siempre todos los aplausos y todas las ovaciones… Pero Silvio Velo, el hombre que nació el 29 de mayo de 1971 en San Pedro, que es ciego de nacimiento, que pesa 77 kilos y que mide 1,75, multiplicó por mil los laureles. Porque es, según la Federación Mundial de Deportes para Ciegos, el mejor jugador del mundo. Una especie de “Maradona, pero en su fútbol”, dice. Un Maradona que el jueves, en la final por el Campeonato Mundial ante Brasil, se transformó en Claudio Caniggia. Porque al igual que el Pájaro en aquella semifinal de Italia 90, aprovechó la única distracción de los brasileños y definió cruzado, muy lejos del arquero. ¡Gol argentino!, delirio y festejo de las dos mil y pico de almas que estallaron por primera y única vez. Porque en este fútbol, que se juega con cinco hombres por equipo (cuatro ciegos y un arquero no ciego), la gente debe guardar total silencio para que los jugadores puedan oír el cascabel que está adentro de la pelota… Y en cada gol, el desahogo. Este, el que se gritó en el CENARD, sirvió además para que Los Murciélagos se consagraran bicampeones del planeta y la única selección argentina que logró un título mundial en este esquivo 2006.

Al grito de “Olé, olé, olá / los brasileños no nos ganan nunca más”, Darío Lencina, Gonzalo Hachaché, Oscar Moreno, Eduardo Díaz, Silvio Velo, Diego Cerega, Iván Figueroa, Lucas Rodríguez, Julio Ramírez y Gustavo Maidana, los diez jugadores, y el cuerpo técnico (Gonzalo Villarino, el DT, y Eduardo Lima, su ayudante) se fundieron en un abrazo: “¡Si venían con Pelé y Ronaldinho… ¡les ganábamos igual!”, gritó un Velo eufórico en el centro del campo. Después, la vuelta olímpica revoleando una bandera argentina, el abrazo con Claudia, su mujer, y las manos en alto saludando a Nadia (11), Florencia (9), Juliana (7), Lautaro (5) e Isaías (1), sus cinco hijos, que aplaudían en la tribuna. Y por fin, la charla con GENTE.

–Tu gol fue como el de Caniggia en el Mundial de Italia 90. Porque Brasil dominó todo el partido, pegó pelotas en los palos, y en la única clara que tuviste, definiste el partido.

–¡Fue igual, no lo podía creer! Te aseguro que adentro de la cancha tuve la misma sensación.

–Muchos argentinos en la tribuna y otros tantos que vieron tu gol por televisión, se preguntan: “¿Cómo hace un tipo que no ve el arco, ni la pelota ni los rivales, para gambetear a dos jugadores y meterla en un ángulo?”
–No, pará un poquito… “Vi” que el arquero se adelantó unos metros y me dejó un hueco, y se la puse arriba… No fue de suerte (carcajadas).

–Tenés un gran sentido del humor…
–¿Y a vos qué te parece? (más carcajadas). En realidad, en este juego dependés del oído. Es cierto que cada uno tiene su posición fija en la cancha, pero hay que escuchar el cascabel de la pelota para orientarse. Además, detrás del arco rival tenemos a Eduardo, que nos indica a quién darle el pase y para qué lado va la pelota. Pero los que mandan son la experiencia y la intuición.

–¿Cuántas horas por semana se entrenan?
–Todo el equipo, y junto, tres veces por semana en el CENARD. Pero fuera de eso, corro por mi cuenta todos los días durante cinco o seis horas. De paso, quiero agradecerle a la empresa Billoch, que me trae y me lleva gratis a San Pedro.

–¿Además de prepararte, trabajás en algo?
–No, sería imposible, porque para jugar en la selección hay que entrenarse muchas horas. Cobro una beca deportiva de 1700 pesos por mes, y con eso tengo que arreglarme. Estoy buscando un sponsor. Espero que alguien me llame.

–De modo que los que llegan a jugar a tu nivel son muy pocos.
–¡Sin duda! Soy un agradecido total. Por eso le dediqué el título a Dios. Sin su ayuda, nada sería posible.

–Raro, porque muchos ciegos deben maldecir su mala suerte.

–¿Maldecir? ¡No! Todos los días le rezo y le doy las gracias a Dios por la vida que me dio. Soy un afortunado, un tipo feliz, y eso no es poca cosa en esta vida.

–Este fue tu cuarto Mundial. ¿Puede ser el último?
–No sé. Quiero llegar bien a los Juegos Paralímpicos de Pekín en el 2008 y, si el cuerpo me aguanta, al Mundial de Inglaterra 2010. Cerrar mi carrera con un tricampeonato… ¡sería increíble!

–Con la copa del mundo en la mano, ¡y ya pretendés dos más!
–¡Y qué querés, si vos me lo preguntaste! Tenés razón, mejor me voy a festejar... Además, quiero llegar temprano a casa para “ver” el gol por televisión. No todos los días metés el gol del campeonato. ¿No me creés? ¡Andá y preguntále a los brasileños!

El árbitro pitó el final y el estadio estalla. Los jugadores argentinos se abrazan y Silvio, arrodillado, levanta sus abrazos al cielo. El durísimo partido contra Brasil terminó 1 a 0 y la Argentina logró así su segundo título consecutivo.

El árbitro pitó el final y el estadio estalla. Los jugadores argentinos se abrazan y Silvio, arrodillado, levanta sus abrazos al cielo. El durísimo partido contra Brasil terminó 1 a 0 y la Argentina logró así su segundo título consecutivo.

Silvio convierte el único tanto del partido. Fue el artillero argentino con 5 goles en todo el Mundial.

Silvio convierte el único tanto del partido. Fue el artillero argentino con 5 goles en todo el Mundial.

Mariano Martínez, quien se estuvo entrenando con Los Murciélagos para su papel en la próxima tira de Pol-ka, también presente.

Mariano Martínez, quien se estuvo entrenando con Los Murciélagos para su papel en la próxima tira de Pol-ka, también presente.

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