«Todos los días hablo con Axel, le pido ayuda y le digo que lo quiero mucho» – GENTE Online
 

"Todos los días hablo con Axel, le pido ayuda y le digo que lo quiero mucho"

"Felices Pascuas, Axel", dice, mientras apoya una mano sobre la fría almohada,
sentado en la cama de su hijo, como cada noche desde que la tragedia se instaló
en esa casa y en sus vidas. "Felices Pascuas, Axel", repite.

Con la naturalidad y la ternura de un diálogo diario, pero con la certeza de una
soledad irreparable. De un irreparable silencio. De infinito frío.
Después, Juan Carlos Blumberg mira -mirada perdida- por la ventana del cuarto de
su hijo.

Es domingo, es Pascua, pero no hay nadie en la casa: sólo Blumberg y este
periodista.

Blumberg, que acaricia la colcha que cobijaba a su hijo, y que ahora -fría
también- apenas sirve para evocar los días dorados, y para que Sweety, el gato
de Axel, la recorra, buscando a su dueño, con conmovedora tenacidad, una y otra
vez, una y otra vez.
Blumberg, que quiebra el silencio:

-Era lindo, sí. Era lindo… Los chicos venían a casa a buscar los huevitos de
Pascua escondidos en el jardín…

La casa, vacía y en Pascua, es más que un sombrío símbolo o una triste metáfora.
María Elena, la madre de Axel, no está. Sigue junto a su padre, muy grave y ya
sin ganas de vivir desde la muerte de su nieto.
Blumberg, que ahora habla con Axel:

-Hijo, hoy hicimos algo más. Estamos encontrando a los que te mataron. Pero hay
algo más importante, hijo. Tengo que seguir para que a otros chicos no les pase
lo mismo. Tenemos que cambiar leyes, reclamar ante la Justicia, cambiar la
Justicia. Ayudame, Axel, para hacer todo lo que falta. Por favor, Axel…

-Muchos están preocupados por su salud, Juan Carlos. ¿Se cuida?
-Estoy bien templado por la vida. Además, me llegan gestos extraordinarios. Yo
estaba trabajando con una empresa textil, Jaime Lapidus, y el dueño me dijo:
"Blumberg, dedíquese a lo suyo, que nosotros no nos olvidamos de quién es usted
y lo vamos a bancar"
. Sin embargo, le dije: "Muchas gracias, don Jaime, pero
necesito trabajar. Necesito ocupar mi cabeza. El trabajo es mi vida".

En la mesa familiar, Juan Carlos acumula las carpetas con las ideas que estudia para cambiar las leyes y terminar con la inseguridad que le arrebató a Axel. También busca fotos queridas: por ejemplo, la de Axel tocando un órgano en el mismo sillón donde hoy su padre recibe firmas y apoyos para su cruzada, desde todos los rincones del país.

En la mesa familiar, Juan Carlos acumula las carpetas con las ideas que estudia para cambiar las leyes y terminar con la inseguridad que le arrebató a Axel. También busca fotos queridas: por ejemplo, la de Axel tocando un órgano en el mismo sillón donde hoy su padre recibe firmas y apoyos para su cruzada, desde todos los rincones del país.

<i>…apoyaba Axel su cabeza cada noche</i>para cambiar las cosas y salvar las vidas de otros Axel", promete.">

…apoyaba Axel su cabeza cada noche", dice Juan Carlos Blumberg. Y ese recuerdo, y su mano sobre la fría tela, es un juramento. Un compromiso de honor con su hijo "para cambiar las cosas y salvar las vidas de otros Axel", promete.

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