“Tengo el orgullo de ser el primer argentino que llegó al pico más alto del Continente Blanco” – GENTE Online
 

“Tengo el orgullo de ser el primer argentino que llegó al pico más alto del Continente Blanco”

Enfrentarse a la montaña, enfrentarse a uno mismo. Juan Benegas sabe de eso. Vaya si lo sabe. A sus 39 años, este mendocino radicado en Buenos Aires, jefe de operaciones en una empresa pesquera, subió dieciséis veces al Aconcagua, una al Everest en 2001, y tantas otras montañas que ya ni se acuerda… Siempre solo. Bah, siempre no. Solo desde que en marzo del ’90 una avalancha en la pared sur del Aconcagua se tragó a Adolfo, su hermano, maestro y compañero de travesías.

–¿Por qué la soledad?

–Porque me gusta disfrutar de la nostalgia y de la sensación de estar solo en el punto más alto de una montaña, en medio de la nada. Y porque cada cumbre que alcancé fue un reencuentro con mi hermano.

Juan Benegas vive en un tres ambientes de Belgrano recién estrenado, blanquísimo, con pocos muebles y un orden milimétrico. Está en el noveno piso de una torre que no se parece en nada a las alturas que acostumbra vencer. Sin embargo, jura que en el barrio pasó situaciones más tensas y difíciles que en las montañas. Entre otras cosas porque, para él, en ellas no hay sufrimiento ni sacrificio. Hay placer. Salvo, claro, por la financiación. Porque nunca, excepto en este último viaje a la Antártida, consiguió un sponsor o una beca de la Secretaría de Deportes para hacer lo suyo. Todo fue a pulmón, ahorro, endeudamiento, tenacidad. El panorama de este viaje fue el mismo: golpeó todas las puertas y ninguna se abrió. Sólo consiguió el auspicio de Eskabe, una pequeña empresa que lo ayudó con una mínima porción de los 27.300 dólares que costó la expedición. El resto, deuda. Pero valió la pena. El 3 de diciembre de 2005, después de dieciséis días, se convirtió en el primer argentino de la historia en doblegar el Monte Vinson, de 4.897 metros de altura, la mayor de la Antártida. Y aquí lo cuenta.

EL FIN DEL MUNDO
. “Todos los que estamos en el mundo de la montaña sabemos que el Vinson forma parte de las Siete Cumbres, los picos más altos de cada continente. El Everest en Asia, el Aconcagua en América del Sur, el McKinley en América del Norte, el Pirámide de Carstenz en Oceanía, el Elbrus en Europa, el Kilimanjaro en Africa y el Vinson en la Antártida. Con mi hermano Adolfo soñábamos con escalarlo, de modo que llegar a la cumbre era una deuda con él… Los preparativos fueron muchísimos, igual que el entrenamiento. En el trabajo no me tomé vacaciones durante tres años, para juntar los días. Además, intenté por todos los medios que fuera una expedición con apoyo gubernamental, pero no tuve suerte. Mucha de la gente que fui a ver ¡ni siquiera sabía que había montañas en la Antártida! En fin…”

LA PARTIDA
. “El jueves 17 de noviembre salí de Buenos Aires hacia Mendoza para buscar en la casa de mi familia todo el equipo de montaña. El 20 viajé a Santiago de Chile y de allí a Punta Arenas, donde me contacté con la empresa que organiza las expediciones, y tuve que esperar que el reporte meteorológico trajera buenas noticias. La pista de Patriot Hills, una base canadiense a 200 kilómetros del Vinson, donde tenía que aterrizar el Ilyushin 76 que nos iba a llevar desde Punta Arenas, es una pista natural de hielo azotada por un viento polar que barre cualquier tipo de piedra o pedazo de hielo o nieve que pueda tener el suelo. Obviamente, para aterrizar allí se necesita buen tiempo. Al segundo día pudimos despegar. Cuando por fin hubo buen tiempo allá, el reporte meteorológico dijo: “A partir de este momento tienen doce horas”. Entonces tenés apenas doce horas para juntar a toda la gente en Punta Arenas, cargar el avión, embarcar, despegar, volar siete horas hasta Patriot Hills, aterrizar, bajar a los pasajeros, subir a los pasajeros y volver a salir, algo que exige una gran logística. Llegué allí el 22 de noviembre. Pasamos la noche en la base y el miércoles 23 abordé un Twin Otter (un avión con esquís en vez de ruedas), y volamos hasta el campo base del Monte Vinson, en el macizo de Ellsworth, a 850 kilómetros del Polo Sur geográfico”.

LA EXPEDICION.Estuvimos un día entero en el campo base acondicionando los equipos, y al día siguiente salimos hacia el Campo 1, un trayecto que demanda ocho horas de marcha, porque hay que arrastrar un trineo con los equipos. Allí dejamos algunas cosas y volvimos al campo base para buscar las que faltaban. Al otro día terminamos de llevar los equipos y volvimos al Campo 1, ya para quedarnos. Ese fue el primer paso que dimos adentrándonos en la montaña. Eramos cuatro: el guía inglés, otro inglés y un canadiense que viajaban juntos, y yo, que estaba solo. El paso siguiente fue llegar hasta el Campo 2, que está a mayor altura, y pasar dos noches ahí, para aclimatarnos antes de atacar la cumbre. Pero nos agarró una tormenta, y después de dos intentos de llegar al Campo 2 tuvimos que resignarnos a volver, y pasamos los siguientes seis días en el Campo 1. Había un viento tan intenso que la temperatura llegó a 50 grados bajo cero. Cuando salíamos se nos congelaban la punta de la nariz y los pómulos. Los pies y las manos los tenés cubiertos, pero todavía no se diseñó nada que permita un desplazamiento normal a tan bajo registro, porque con tu mismo vapor, humedad y transpiración se te forma una máscara de hielo. Y eso te mata. Tuvimos que aguantar en el campamento hasta que pasara el temporal. Al sexto día, por suerte, salió el sol y partimos por fin hacia el Campo 2. Fue una travesía de varios días, y al final, una pendiente de 400 metros con más de 50 grados de inclinación. Todo hielo. Y grietas. Por eso tuvimos que caminar encordados, para evitar accidentes. No fue un tramo técnicamente difícil, pero sí peligroso, de modo que anduvimos muy atentos y caminamos despacio. Llegamos al Campo 2 el viernes 2 de diciembre a la noche…aunque es una forma de decir… En la Antártida los días son polares: en los dieciséis días que pasé allí, el Sol nunca se puso”.

HACIA LA CUMBRE.
Teóricamente, íbamos a permanecer dos días en el Campo 2, para aclimatarnos a las bajísimas temperaturas y a la altura, pero después de seis jornadas de tormenta decidimos que a la Antártida no se le puede regalar un buen día. Y como después no hubo viento, salimos para la cumbre. Temperatura: unos 30 grados bajo cero. Un buen día. Y el 3 de diciembre, cumpleaños de mi mamá, luego de una interminable caminata por el hielo, hice cumbre a las 15.50 de la tarde. Pocos minutos después llegaron el inglés y el canadiense. Fue fantástico. Había una visibilidad absoluta. Se veían cordones y más cordones montañosos. Y blancos. Hacia el horizonte, la sensación era ver un interminable colchón de nubes. Pero no eran nubes. Era el desierto blanco, antártico. Algo espectacular. A diferencia de otros paisajes, ése me dio una sensación indescriptible de paz y libertad. Tenés un horizonte infinito, y el día es polar, también inacabable. No hay noche, y eso le da a la escalada cierta seguridad, porque nunca te quedás sin luz. Tenés claridad absoluta las 24 horas y marcha segura todo el tiempo. Realmente, fue fantástico. Llevé un teléfono satelital para comunicarme con mi novia, Marcia, y lo primero que hice cuando volví al campo base fue llamarla, contarle que había hecho cumbre y que había bajado bien. Después me senté en el hielo a mirar por última vez ese paisaje, y pensé en el orgullo de ser el primer argentino en alcanzar el pico más alto de la Antártida. Y en mi hermano…

El 3 de diciembre a las 15.50, Juan Benegas llegó a la cima del Monte Vinson, el más alto de la Antártida. El heroico andinista muestra una foto en la que aparece con su hermano Adolfo (muerto en un accidente de montaña) al tope del Aconcagua.

El 3 de diciembre a las 15.50, Juan Benegas llegó a la cima del Monte Vinson, el más alto de la Antártida. El heroico andinista muestra una foto en la que aparece con su hermano Adolfo (muerto en un accidente de montaña) al tope del Aconcagua.

El 22 de noviembre, Benegas partió desde Punta Arenas, Chile, en un avión ruso Ilyushin 76, hacia la base canadiense Patriot Hills, a 280 kilómetros del Monte Vinson, en la Antártida. Luego, un Twin Otter (avión con esquís en vez de ruedas) lo llevó hasta el Campo Base, ubicado en el macizo de Ellsworth, a 850 kilómetros del Polo Sur geográfico. Allí comenzaron la travesía y el asalto final a la montaña.

El 22 de noviembre, Benegas partió desde Punta Arenas, Chile, en un avión ruso Ilyushin 76, hacia la base canadiense Patriot Hills, a 280 kilómetros del Monte Vinson, en la Antártida. Luego, un Twin Otter (avión con esquís en vez de ruedas) lo llevó hasta el Campo Base, ubicado en el macizo de Ellsworth, a 850 kilómetros del Polo Sur geográfico. Allí comenzaron la travesía y el asalto final a la montaña.

En el trayecto entre el Campo Base y el Campo 1, los andinistas tuvieron que arrastrar los equipos en trineos. Faltaban siete días para que el mendocino alcanzara la cumbre del Monte Vinson, que es una de las presas más codiciadas por los montañistas.

En el trayecto entre el Campo Base y el Campo 1, los andinistas tuvieron que arrastrar los equipos en trineos. Faltaban siete días para que el mendocino alcanzara la cumbre del Monte Vinson, que es una de las presas más codiciadas por los montañistas.

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