Dejó este mundo hace medio siglo, pero sigue intensamente vivo en sus 134 libros, que suman millones de ejemplares traducidos a una docena de idiomas. En su pasión por los niños, a quienes les infundió valores eternos. En su defensa de las mujeres, sus derechos y su capacidad. En su condena del mal y de los hombres de corazón duro. En los miles de escuelas, aulas y bibliotecas que llevan y honran su nombre. En los homenajes que le rindieron desde el Papa Pío XII hasta decenas de entidades de toda América. Un día escribió: "El erial que encontré queda sembrado". Es cierto: con su pura y firme semilla." /> Su vida, su lucha, sus ideas, su obra, su gloria, su leyenda – GENTE Online
 

Su vida, su lucha, sus ideas, su obra, su gloria, su leyenda

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Nació en Rocha, Uruguay, el 4 de septiembre de 1876, y murió en Buenos Aires
-trabajando: su religión- el 24 de septiembre de 1954. Escribió, entre cuentos
para chicos, ensayos y obras de orientación y educación, 134 libros.

Justo es decir, pues, que entre sus 11 y sus 78 años, no vivió un solo día sin
escribir por lo menos dos páginas. A sus 11 porque, precoz periodista,
con ayuda de sus hermanos y de una maestra, redactaba y editaba "un semanario
de cuatro páginas, a tres columnas, con una tirada de… ¡tres ejemplares!"
,
recordó mucho después en su libro Mangocho, su sobrenombre de la
infancia.

No mucho después tuvo su bautismo de tinta: la revista Las primeras
ideas
le publicó su poema A mi madre, homenaje al amor primigenio: "Hoy
busca consuelo mi pena en el canto / y quiero que sepas que aún dura mi llanto /
mi amargo sufrir / que en la fría tumba do yaces dormida / turbando el silencio
mi voz dolorida / se deja sentir".

Desde entonces y hasta el día en que su corazón se rindió, fue un hombre-obra,
un perpetuo e irrenunciable hacedor.

Periodista y escritor de alma y de sangre, apenas a los 19 años ya había
fundado tres diarios en el Uruguay: La Ley, El Derecho y La Alborada.
Y en 1903, agobiado por las convulsiones políticas de su país -era hombre del
Partido Blanco-, cruzó el gran río y abrazó para siempre a la Argentina.

Doce años más tarde, tres antes de su máxima obra como empresario, la Editorial
Atlántida, y en plena Primera Guerra Mundial, le dio al mundo uno de sus libros
fundamentales: El Erial (la tierra sin surcos ni frutos), traducido a media
docena de idiomas y clara metáfora contra el mal, la ignorancia, el
egoísmo, la soberbia, la violencia, condenados con la simpleza y la profundidad
de aforismos como "Vale más plantar árboles que estatuas, que no crecen, ni
alimentan ni abrigan como los árboles"
, o "Amad sin medida, y sin medida os
amarán. Dad esta vida, y otra mejor os será dada". Palabras, ideas y militancia
que se anticiparon en muchos años a los conmovedores mensajes de la Madre Teresa
de Calcuta…

Pero si el Hombre fue su norte y el erial que se propuso sembrar, no se equivocó
al arrojar las primeras y más fecundas semillas en el Niño, al que dedicó lo
mejor de sus sueños. "Quise primero escribir para los niños -confesó
hacia 1947-, pero es lo más difícil. Solamente pude hacerlo después de
cumplir cincuenta años y después de meditar mucho. De todos los géneros
literarios, el infantil es el más arduo. De este anhelo nació mi Marta y Jorge,
y ya se cumplió mi deseo: mi obra es la más leída por los niños, ya que van
diecinueve copiosas ediciones agotadas".

¡Diecinueve ediciones! ¿Habrá sospechado siquiera que esas ediciones se
elevarían a la enésima potencia, llegarían -en decenas de idiomas- a la
cumbre de La Torre de Babel, superarían la barrera del siglo veinte y entrarían,
igualmente vivas, al siglo veintiuno?

Vale este ejemplo para probarlo: encolumnado en el ideario de Sarmiento,
escribió Upa! bajo esta premisa: "Ya que muchos chicos no pueden ir a
la escuela, hay que llevarles la escuela hasta donde estén. Poner la escuela
en sus manos.
Con Upa! pueden aprender a leer en veintiocho días…".
Hoy,
Upa! lleva vendidos, en la Argentina y en América Latina, más de
cuatro millones de ejemplares
y, a setenta y tres años de su aparición,
sigue considerado como un formidable fenómeno pedagógico.

No en vano más de tres mil escuelas, aulas y bibliotecas se llaman
Constancio C. Vigil. No en vano el Papa Pío XII lo honró con la Cruz Lateranense
de Oro, primera concedida en la América hispana. No en vano fue
propuesto, en 1934, para el premio Nobel de la Paz por más de cincuenta
entidades culturales de Uruguay, Chile, México, Brasil, Nicaragua.

No en vano, porque si para los niños, como un moderno Esopo, creó historias e
hizo hablar a los animales para infundir con más persuasión moralejas y valores
eternos, también les habló a los grandes -duramente cuando lo creyó necesario-:
"Pasaron otra vez los Reyes Magos y dejaron sus regalos de alegría. Pero como
atraviesan la ciudad cuando todos los niños están dormidos, tampoco ahora
advirtieron que hay entre ellos muchos desdichados, siendo este el crimen más
grande que se comete en la Tierra,
porque de él salen todos, y la deshonra
más insoportable porque muestra que la poca inteligencia de la especie y la
dureza de su corazón es el origen de sus peores desgracias"
.

Sí: bien pudo ser escrito este texto hoy, 2004, pero Vigil lo escribió en
1936.

Y tienta hoy, a medio siglo de su muerte y en estas páginas que siempre serán
anémicas para encerrar la dimensión de su obra, seguir con sus palabras…

- Mala es la envidia. Pero yo envidio algo. Envidio al hombre que pasa con un
niño de la mano. Envidio al hombre que tiene ¡todavía! un muchachito que lo ve
fuerte, poderoso y santo. Porque los únicos grandes hombres que hay en el
mundo son los que ven a los niños.
Cuando éstos se nos van, se nos va toda
grandeza, todo saber y todo poderío. Nos enteramos de que somos nada.

- La democracia saldrá de la mujer, se nutrirá de su seno, crecerá en armonía
íntima y completa con su alma. La educación de la mujer es la piedra angular
de la República.
En tanto subsistan los idiotismos derivados de la supuesta
inferioridad de la mujer, la humanidad no dará un paso en el camino de su
redención.

- El cazador nato caza por el doble placer de destruir la vida y de ejercitar
cualidades que son, en él, congénitas. Todo ser vivo en estado libre despierta
sus mortíferos instintos, y se extasía ante la muerte: su única pasión real y
duradera.

- Parece completamente natural que un hábil pegador dé puñetazos, un vendedor
de pimienta molida o un fabricante de embutidos se enriquezcan, pero se
considera lógico que un artista… se muera de hambre, o poco menos. Hay un
proverbio japonés que dice: "En tanto los artistas no anden en carruaje, no
habrá verdadera civilización
". Cuánta razón tiene…

- La política debe ser esencialmente higiene, educación, cultura, trabajo,
supresión del escandaloso despilfarro de riquezas,
dulzura y justicia. Y la
mujer está más capacitada que el hombre para llevarlo adelante. Ella, que nos da
la vida, sabe también ordenarla y mejorarla.

- Cuesta lo mismo ser azúcar que vinagre… y es una obra de caridad muy grande
poner un poquito de dulzura y optimismo en quienes nos rodean y nos tratan. Toda
gratitud es poca para quien nos hace sonreír. Todos somos deudores de Chaplin,
que haciendo reír cura más enfermedades que los médicos.

- Dijo un candidato a la presidencia de los Estados Unidos: "Todo lo que
sé de política me lo enseñó mi madre con una frase: 'No robes'"
Esa mujer convirtió la abstrusa y enrevesada ciencia política en una simple
regla de honestidad: no apropiarse, por la fuerza ni por la astucia, de lo
ajeno.

Algunas de estas máximas, de estos ejemplos morales, fueron escritos por Vigil
hace casi siete décadas. ¿Es necesario agregar algo más, alguna palabra del
siglo veintiuno? No: el espejo que nos puso delante es más que suficiente.

Apenas unas horas después de la muerte de Constancio C. Vigil, un periodista
escribió en una de las muchas revistas de la Editorial Atlántida, que desde 1918
fue el cuartel general de sus ideas, sus publicaciones pioneras y líderes y sus
libros eternos: "Ha muerto el jefe de la familia. Se ha paralizado el pulso
firme del timonel. Está vacía la vasta estancia de la ochava de Azopardo y
México, en la planta alta de la redacción. El frío de la partida inesperada
corrió por toda la casa, llegó a los talleres, detuvo la marcha de las máquinas.
Pero sólo fue un instante. Pasada la brusca impresión del choque, todo
fue recobrando su ritmo normal".

Y lo mismo sucederá, en la misma casa, el 24 de septiembre, cuando un breve y
austero homenaje -la misma austeridad que signó su vida- lo evoque en el medio
siglo de su adiós, "y todo recobre su ritmo normal".

Y será justicia. Porque desde el remoto día en que ese hombre irrepetible
escribió, a mano y a tres columnas, su primer diario de tres ejemplares "que
repartía el panadero", pensó y vivió para que las máquinas jamás se detuvieran y
para que su mensaje jamás se silenciara. Mucho antes de ese día, el 18 de agosto de 1933, escribió de su puño y letra: "Quiero
que mi entierro sea tan sencillo como cuadra a mis ideas y sentimientos. Que
consideren mi muerte como un fenómeno puramente físico. Y pido humildemente a
todos quienes traté que me perdonen si en algo los dañé, los ofendí o los
serví con menor celo del que correspondiere".

A su manera y con sus palabras, recreó la acaso más reveladora frase del más
grande de los argentinos: "Vivir se debe la vida de tal suerte, que viva
quede en la muerte"
.

Es de José de San Martín.

Constancio C. Vigil en una foto de la plenitud de su vida y de su obra. Esta imagen rige desde 1918, con justicia, los trabajos y los días de la Editorial Atlántida y su gente.

Constancio C. Vigil en una foto de la plenitud de su vida y de su obra. Esta imagen rige desde 1918, con justicia, los trabajos y los días de la Editorial Atlántida y su gente.

Constancio C. Vigil en su escritorio de Azopardo y México, donde trabajó hasta el día en que lo abatió la muerte.

Constancio C. Vigil en su escritorio de Azopardo y México, donde trabajó hasta el día en que lo abatió la muerte.

El matrimonio Vigil-Vega celebra, rodeado de sus hijos y sus nietos, sus bodas de oro. Esos hijos y esos nietos son hoy la continuación de la Editorial Atlántida.

El matrimonio Vigil-Vega celebra, rodeado de sus hijos y sus nietos, sus bodas de oro. Esos hijos y esos nietos son hoy la continuación de la Editorial Atlántida.

Parque Infantil Constancio C. Vigil de Rosario, en 1960.

Parque Infantil Constancio C. Vigil de Rosario, en 1960.

Cuatro de sus más famosos libros para chicos, plenos de valores y ejemplos morales han sido: <i>El Mono Relojero, La hormiguita viajera, Misia Pepa</i> y <i>Upa!</i>, que puso la escuela en las manos  de los chicos que no podían ir a ella, les enseño a leer en apenas 28 días, y lleva vendidos más de  4 millones de ejemplares.

Cuatro de sus más famosos libros para chicos, plenos de valores y ejemplos morales han sido: El Mono Relojero, La hormiguita viajera, Misia Pepa y Upa!, que puso la escuela en las manos de los chicos que no podían ir a ella, les enseño a leer en apenas 28 días, y lleva vendidos más de 4 millones de ejemplares.

A los 8 años en su Rocha natal, en su juventud, y la primera edición de <i>El Erial</i>, uno de sus libros clave.

A los 8 años en su Rocha natal, en su juventud, y la primera edición de El Erial, uno de sus libros clave.

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