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"Soy la directora de mi centro, pero no tomo la presión porque no soy médica"

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Lejos de los brillos y el glamour acostumbrados, Mónica Cristina Rímolo (39), o Giselle -tal su nombre de fantasía- pasa los días en la Unidad 31 de Ezeiza. Podría haber
sido peor. En los corrillos penitenciarios se dice que en la vecina Unidad 3, donde están las presas más pesadas, la estaban esperando. Y que en el camión en que arribó, desde los Tribunales, no la pasó nada bien. Llegó el jueves casi a medianoche, luego de que el juez Mariano Bergés le denegara la excarcelación, imputada ("a prima facie") por una larga lista de delitos: asociación ilícita, estafa, ejercicio ilegal de la medicina y usurpación de títulos. Los tiempos de gloria del instituto

CIDENE, la clínica que regenteaba en Elcano 2743, estaban sepultados por las denuncias de pacientes supuestamente damnificados. No bien puso un pie en el pabellón de ingreso, donde estará hasta que se defina su situación procesal, le dijeron que con tacos no podía estar en la cárcel, y le dieron zapatillas. Aún molesta por las vendas que ocultan una reciente lipoaspiración, Giselle se dio cuenta, en ese momento, de que su vida había dado un vuelco definitivo.

Recién el viernes, a las cuatro de la tarde, se pudo desahogar: Silvio Soldán, su pareja, llegó para visitarla durante dos horas. Le llevó ropa y elementos de higiene. "Giselle me dijo '¿por qué?',
y lloramos juntos. Está con mucha tristeza, angustiada. Se siente anímicamente mal, porque considera que todo esto es injusto", le contó Soldán a
GENTE, el sábado. "Se dijeron muchas barbaridades, que la habían golpeado, violado. No es cierto. No tuvo ningún tipo de problemas, al contrario. En este momento, como ella es profesora de Inglés, y no es trucha (ríe), está dando clases. Y aprende computación, algo que no sabe. Es una persona que no tiene problemas con nadie, y se adapta".

Cuando la detuvieron el martes 6, de batón azul, miraba tevé con su madre Julia y su hermano Fabián en el segundo piso de Crámer al 1800. Eran las once y media de la noche, y el juez Bergés en persona, acompañado por un empleado del juzgado y un policía, llegó a su domicilio. Hacía una hora y media que había llegado desde su quinta de Maschwitz. No reaccionó mal, dicen, como si esperara ese momento indeseado y llamó por teléfono a su pareja, Silvio Soldán.

La escena que siguió parece surrealista, pero juran que existió. Aún en el departamento, su madre sufrió una crisis nerviosa. Bergés llamó al SAME. Rímolo, entonces, le indicó la medicación que tomaba. Cuando llegó la médica, se alarmó: "Señora, eso no lo puede tomar, ¿quién se lo dio?".
"Se lo di yo", respondió Giselle.

por Hugo Martin
investigación: Darío Villarruel
fotos: Fernando Arias, Christian Beliera, Julio Ruíz, Maximiliano Vernazza, Mariana Satué y archivo Atlántida

Mónica Cristina María Rímolo  posa sonriente en su clínica rodeada de todos sus diplomas. En su guardapolvo luce una prueba: se autollamaba doctora y no lo era.

Mónica Cristina María Rímolo posa sonriente en su clínica rodeada de todos sus diplomas. En su guardapolvo luce una prueba: se autollamaba doctora y no lo era.

 Silvio Soldán siempre defendió a Giselle, su pareja. Si la justicia comprueba que es culpable, todo cambia", aceptó ante los medios periodísticos. El miércoles 14 deberá declarar ante el juez Mariano Bergés. El mismo día prestará testimonio su ex, Silvia Süller.">

Silvio Soldán siempre defendió a Giselle, su pareja. "Si la justicia comprueba que es culpable, todo cambia", aceptó ante los medios periodísticos. El miércoles 14 deberá declarar ante el juez Mariano Bergés. El mismo día prestará testimonio su ex, Silvia Süller.

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