“Soy de cuna peronista y desde muy chico quise ayudar a la gente” – GENTE Online
 

“Soy de cuna peronista y desde muy chico quise ayudar a la gente”

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Maricarmen nació por la necesidad de descargar las tensiones que me genera la función pública, donde todos los días convivo con dramas sociales de esos que te destrozan el corazón”, dice Alberto Blescia (38). Por las mañanas tiene a su cargo la coordinación de los asistentes sociales de la Municipalidad de La Plata, y por las noches se transforma “en una gorda histérica, ricachona, que quiere ser famosa y critica a todas las lindas de la tevé”, para desatar carcajadas en una platea cada vez más colmada.

El funcionario-actor atiende en un pequeño despacho cercano al bosque platense, depende de la Secretaría de Desarrollo Social, maneja un equipo de dieciocho expertos y sus teléfonos suenan sin parar. “Recibo a unas doscientas personas por semana y recorro las delegaciones y los barrios más carenciados. Acá todas las demandas son urgentes: no podemos hacernos los distraídos…”, cuenta preocupado.

–¿Quién nació primero, el funcionario o el actor?
–Es difícil contestar eso... ¡Son inseparables! Desde chico quise ayudar a los más necesitados, pero también era el que hacía reír a los demás, con mis bromas y mis imitaciones.

–¿La política estuvo siempre en su vida?
–Sí, soy de cuna peronista, y mi madre me enseñó a ser solidario. Por eso hace más de una década que estoy al servicio de la comuna, aunque recién el año pasado el intendente Pablo Bruera me confió la responsabilidad de coordinar a mis pares.

–¿Nunca quiso ser otra cosa?
–Bueno, en un momento dudé, y casi estudio abogacía, pero finalmente me decidí por el trabajo social. Me inscribí en la escuela de Cáritas y por suerte no me equivoqué: me recibí hace dieciséis años, y soy realmente feliz por la tarea que hago.

–Hablemos de su otro yo. ¿Cómo nació Maricarmen?
–Creo que el actor siempre estuvo en mí, pero empecé a actuar a los dieciocho años. Estudié teatro en el taller de la Universidad de La Plata, en la Sala 420 y en La Gotera, también platenses. Y siempre apunté a lo cómico…

–¿Ya tenía concebido el personaje?
–¡No, ni idea! Pero un día teníamos que hacerle un regalo de cumpleaños a un amigo y se me ocurrió animar la fiesta con una actuación. Nadie lo sabía… De pronto me cambié, aparecí con un vestido y una peluca, conté unos chistes, hice playback con unos temas de Madonna y antes de irme… ¡me ofrecieron animar dos fiestas más!

–¿Por qué la bautizó con ese nombre?
–No sé. El nombre lo tiró un amigo y quedó para siempre. Así de simple…

–Y de las fiestas pasó al café concert...
–No fue tan rápido. Actué en muchos cumpleaños, casamientos, despedidas de soltero, hasta que hace seis años me contrató un boliche de La Plata. Allí se abrió otra etapa.

LA FAMILIA UNITA
El personaje de Maricarmen y su éxito obligaron a Blescia a armar una módica pyme familiar: entraron a su staff María Paola Fantuzzi (28), su mujer –con quien tiene un bebé de 9 meses, Santino, y espera para enero el nacimiento de Eva–, como asistente; su suegra, Eva, como vestuarista y peluquera; su suegro, Carlos, como chofer y patovica, y Cristina Barrera, su representante, que además escribe los monólogos.

–¿Tanto creció Maricarmen?
–¡Y cómo! Al principio ni me maquillaba, pero ahora salgo pintado y con pestañas postizas, tengo doscientos vestidos y unas cincuenta pelucas, interpreto a Madonna, Shakira, Marixa Balli, Lucía Galán, Thalía, María Martha Serra Lima, Patito Feo, infinidad de personajes...

–¿No se le ocurrió cantar?
–Ja, ja, ja… ¡Mejor no! Es preferible el playback… Interactúo con el público, teatralizo las canciones, y resulta más gracioso. Después hago el monólogo, que es un repaso por la actualidad del espectáculo, la moda, el deporte, la política… Todo con mucho humor.

–Seré indiscreto: ¿cuánto pesa?
–Todo bien: ciento veinte kilos… en un metro sesenta y ocho, más o menos…

–Sin embargo, en el escenario se lo ve muy ágil. Como si los kilos no le pesaran…
–Lo que pasa es que, por mi trabajo, corro todo el tiempo. Además, siempre hice deportes: rugby, fútbol… Aclará que soy hincha de Estudiantes, ¡por favor! Pero después de actuar termino bastante cansado.

–¿Cómo es Maricarmen?
–Es una gorda criticona, millonaria, histérica, que habla de todo y no sabe nada, sueña con ser una vedette famosa y se viste con ropa colorinche. Odia a las mujeres flacas, tetonas y rubias que triunfan en la tele, y tiene un hermano que lo único que pudo conseguir fue un puestito en el Estado.

–¿Quiénes son sus referentes actorales?
–El primero es Antonio Gasalla, un grande de verdad. Fui a verlo al teatro muchas veces, pero no lo conozco personalmente. También me parecen excelentes Enrique Pinti y Fernando Peña, que no se calla nada. Y siento profunda admiración por Florencia de la V, que remó desde muy abajo para llegar a ser número uno.

–¿Hasta dónde le gustaría llegar?
–Como todo artista, quisiera tener un reconocimiento masivo en el teatro, el cine o la televisión. ¿Quién no querría que lo llamara Gerardo Sofovich, o trabajar con Carmen Barbieri?

–¿Dejaría la función pública por los escenarios?
–No lo sé. En este momento no tengo esa disyuntiva. Antes lo pensaría y lo hablaría mucho… Me siento muy bien ayudando, y estoy comprometido con la gente. El trabajo social es bastante duro, pero lo hago con gusto.

–¿Estos roles tan diferentes no le ocasionan problemas laborales?
–No, para nada. Ser actor no tiene nada de malo… Además, muchos funcionarios vienen a reírse a mis shows. Hasta el intendente estuvo alguna vez… Que tengan respeto por el arte es muy bueno.

–¿Tiene algún proyecto especial para cerrar el año?
–Sí, estamos armando un musical, que vamos a poner en escena en el Coliseo Podestá, y donaremos todo lo recaudado a la obra del padre Carlos Cajade: él murió, pero su obra se ocupa, hace años, de los chicos de la calle. Ese día voy a sintetizar mis dos perfiles, porque desde el escenario voy a hacer algo que se va a traducir en ayuda solidaria para los necesitados. ¿Qué más puedo pedir?
“A este escritorio llegan muchos dramas y necesidades de personas realmente carenciadas, y mis asistentes y yo, además, recorremos todo el municipio para auxiliarlas”, dice.

“A este escritorio llegan muchos dramas y necesidades de personas realmente carenciadas, y mis asistentes y yo, además, recorremos todo el municipio para auxiliarlas”, dice.

Con ustedes, el funcionario Alberto Blescia en su papel de Maricarmen: gorda, millonaria, ignorante, criticona, y con ínfulas de vedette…

Con ustedes, el funcionario Alberto Blescia en su papel de Maricarmen: gorda, millonaria, ignorante, criticona, y con ínfulas de vedette…

Blescia creó a Maricarmen en un golpe de inspiración, para animar una fiesta, y cuando terminó lo contrataron para dos fiestas más. “Al principio ni siquiera me maquillaba”, recuerda, pero hoy tiene doscientos vestidos, cincuenta pelucas y un completo maletín de maquillajes.

Blescia creó a Maricarmen en un golpe de inspiración, para animar una fiesta, y cuando terminó lo contrataron para dos fiestas más. “Al principio ni siquiera me maquillaba”, recuerda, pero hoy tiene doscientos vestidos, cincuenta pelucas y un completo maletín de maquillajes.

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