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“Sólo me queda pedir perdón”

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Una, dos, tres líneas. Kate (31) las arma tranquila, sobre una cajita de CD, en un estudio de grabación en Nueva York, donde su novio y prometido, Pete Doherty (26), rockero que casi se muere por la heroína hace un tiempo, grababa el primer disco de su nueva banda, The Babyshambles. Kate enrolla bien apretado un billete de cinco libras, y va. La coca hace efecto, ella se ríe bien fuerte, y se echa para atrás en un sillón, manoseándose la nariz, sin paranoia alguna, porque está todo OK. Todo esto le sale 400 dólares a la semana. Y tiene motivos de sobra para reírse. Sabe que tiene una fortuna de casi 35 millones, contratos fabulosos y es la última en vigencia de una era en donde las modelos eran realmente algo super. También tiene una hija, Lila, que acaba de cumplir tres. En el estudio, Lila no está.

De su carterita, sale más cocaína: veinte líneas en cuarenta minutos, dicen. El drama festivo, como algo aritmético. Su novio toma, todos toman. Alguien saca una foto, y después, esa foto sale en la tapa del Daily Mirror, un diario escándalo. No fue sorpresa para nadie. Esa misma semana, el Mail on Sunday, otro diario escándalo, publica una crónica de su cumpleaños número 30 en el penthouse de un hotel. Primero, orgía, con Kate al frente, y a ver quién se anima. “A ella le gusta tener su propia fiesta”, decía una amiga presente. Después, a encerrarse en el baño con unos cuantos amigos, por casi una hora. La tragedia es un monstruo de muchas cabezas. Y simplemente, algún día tenía que pasar. Lo que sigue a todo esto es un sendero de una vida más o menos fabulosa que se va por los caños del drama.

Hoy, Kate está en Arizona, Estados Unidos, en la Meadows Clinic: desintoxicación. Elle McPherson, alguna vez supermodel, se la recomendó. Se trató ahí por depresiones severas hace dos años. Kate no pudo ver a su hija en su cumpleaños. La institución prohíbe todo contacto con familiares. Ni siquiera un teléfono. Todo esto le sale cuatro mil dólares diarios.

No es difícil dilucidar el ascenso y decadencia de Kate Moss. Porque las dos cosas, en cierta forma, son simultáneas. Porque la cocaína siempre estuvo, el alcohol y los cigarrillos también. Un atado de Marlboro Light, vodka y más vodka en un mal día. O un poco de marihuana. También, las acusaciones de que era una abanderada de la anorexia. Llegó a pesar 42 kilos en su metro setenta de estatura, aunque desayune huevos revueltos y tocino.

No es la primera vez que se hunde. En 1998 ya había sido internada en la lujosa clínica The Priory, no muy lejos de Londres, por una cuestión con el alcohol. Antes de que todo se pudra, solía decir: “Fumar marihuana o tomar champagne no es nada del otro mundo, ¿no?”. Después fue otra cosa: “La presión social que sentía hizo que bebiera. Era como un escape, hizo que me alejara de la realidad. Sé que estuve enferma por un tiempo. Sigo saliendo de noche, pero ya no tomo litros de vodka. En el mundo de la moda no se toma para ser más creativo. Es un escape”. También abjuraba públicamente de las drogas duras. “Nunca”, decía ella. Que nunca las tomó ni las tomaría...

En el mondo moda, ¿por qué es tan importante Kate Moss? En los 90’ estaban allí chicas como Claudia Schiffer, Naomi Campbell, Eva Herzigova y otras más o menos retiradas de la escena. Así, más típicamente bonitas, más “curvas”. Y estaba Moss, más flaca, mucho más flaca, desgarbada, de elegancia pálida, descubierta a los 14 por una agente en Nueva York, y fue novia de Johnny Depp, entre tantos. Es decir, las modelos de pasarela, las modelos en serio, siempre fueron flacas y desgarbadas. Y lo siguen siendo, más que nada, por Kate Moss.
Ella impuso el estándar. Y al contrario de sus ex colegas, sigue –o seguía, si es que el destino la termina de pisar, o si sus demonios íntimos la terminan por devorar– en absoluta vigencia. Claro, marcas como Burberry o Chanel no contratan a cualquiera para sus avisos.

Salió el diario, decíamos. Ella estaba en Nueva York con su novio. Y lo primero que hicieron esas marcas fue suspender todos los contratos. No sólo lo hicieron Burberry y Chanel, sino también Rimmel –la empresa de maquillaje–, y H&M, megamarca textil sueca y fiel cliente de Kate, la mandará a la Corte por daños y perjuicios. No es buena prensa tener una adicta a las drogas y al desenfreno en los afiches de las marcas...

Kate, a todo esto, pidió perdón. Comunicado de prensa, a través de su agencia, Storm: “Sólo me queda pedir perdón a todos los que decepcioné. Y soy responsable de mis acciones. Acepto que hay cuestiones personales que debo poner al día, y ya comencé la difícil tarea de resolverlas”. Naomi Campbell –su amiga, que también tiene su historia de excesoso, aunque no tantos como Moss, que los tiene todos– salió a defenderla: “Todos están siendo muy malos con ella. Esto es una venganza”.

A su vez, Doherty, su novio –quien también ha tenido problemas con las drogas y el alcohol, además de haber sido detenido por la policía londinense por conducir su auto más borracho que una cuba–, anunció sin achicarse: “Con Kate estamos locamente enamorados. Nadie nos va a separar. Y planeamos casarnos a fin de año”.

Después de los amigos y los novios, está Scotland Yard. La van a investigar por uso de drogas, algo que en el Reino Unido no es pavada. Y peor aún, está Jefferson Hack, un tipo elegante y moderno, editor de la revista Dazed & Confused, elegante y moderna también. Es su ex marido, y el padre de su hija. Por estos días está considerando seriamente quitarle la custodia de Lila. Y esto a Kate la aterra hasta los huesos. Las madres con problemas de adicciones no ganan juicios de custodia. Es un archivo quemado. Sus gráficas para Calvin Klein, Gucci, Yves Saint Laurent, Louis Vuitton, las toneladas de tapas de revistas, la historia y la historieta. El hecho de haber sido siempre tan cool, adorable, deseable. Ahora, está en una habitación de una clínica para drogas en Arizona. A ver si sus demonios se rinden. O si se rinde ella. Todo depende.

Kate, antes del escándalo, en la noche londinense: cigarrillo y mirada desafiante. Y junto a su novio, el rockero Pete Doherty –que casi muere a manos de la heroína–, poco antes de internarse en una clínica de rehabilitación en Arizona.

Kate, antes del escándalo, en la noche londinense: cigarrillo y mirada desafiante. Y junto a su novio, el rockero Pete Doherty –que casi muere a manos de la heroína–, poco antes de internarse en una clínica de rehabilitación en Arizona.

Una típica postal: trago y tabaco en la noche.

Una típica postal: trago y tabaco en la noche.

Su hija, Lila. Por estar internada en rehabilitación se perdió su cumpleaños, y su ex marido considera la posibilidad de quitarle la custodia. Y su carrera de modelo, una de las más deslumbrantes de la historia, que le reportó fama y millones.

Su hija, Lila. Por estar internada en rehabilitación se perdió su cumpleaños, y su ex marido considera la posibilidad de quitarle la custodia. Y su carrera de modelo, una de las más deslumbrantes de la historia, que le reportó fama y millones.

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