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Sobrevivir entre narcos

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Pasan los días y los investigadores coinciden en una certeza entre los tantos puntos oscuros que aún cobija la enmarañada trama del triple crimen de General Rodríguez, en la provincia de Buenos Aires. Y es la conexión entre los asesinatos de Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina con más de un cartel del narcotráfico mexicano. Pero dentro de esta hipótesis, todo apunta hacia el temido cartel de Sinaloa, encabezado por Joaquín El Chapo Guzmán, el hombre más buscado en México desde que en 2001 se escapó de una cárcel de máxima seguridad. “El mercado se seca y se busca el producto en otras partes del mundo, como Buenos Aires o Malasia”, explicó por estos días desde el DF mexicano un vocero de la PGR (Procuraduría General de la República).

Se estaba refiriendo, en líneas generales, a las nuevas rutas de la efedrina, precursor químico clave en la producción de metanfetaminas y otros estupefacientes. Y, en concreto, al vínculo que tendría el cártel de Sinaloa con la organización de narcos mexicanos desbaratada en Ingeniero Maschwitz, en Buenos Aires, donde se halló una “cocina” de droga sintética, negocio del cual Forza era proveedor de precursores químicos. Al cartel de Sinaloa se le atribuyeron –según cifras oficiales mexicanas–, sólo el mes pasado, 549 asesinatos, incluidas 28 decapitaciones. Y en lo que va del año, se estima que la banda ha causado más de 2000 muertos. ¿Cómo es la vida en la ciudad más caliente de México? Allí fuimos…

BIENVENIDOS A CULIACAN… Desde temprano aprieta el calor en Culiacán. La ciudad tiene un ritmo normal más allá de la noticia policial. Durante el día, la rutina urbana se desarrolla como en cualquier otro lugar. A la noche, la movida continúa pero los sentidos se agudizan. Algunos barrios ya se conocen como territorio narco, porque fueron creados por ellos, tal el caso de Tierra Blanca, cruzando el río. En la puerta de un bar en el que tocan corridos mexicanos se ven estacionadas una Land Rover y una Hummer polarizada. El parque automotor es sorprendente por la cantidad de modelos que aún ni se publicitan. El consejo habitual es ir a comer camarones a Los Arcos, detrás de la Catedral. Y los más jóvenes aseguran que, a media hora, está lo mejor: la hermosa playa del Pacífico Norte.

Los culichis (gentilicio del lugar) se enorgullecen de su lugar aún a sabiendas de su machismo y sus narcos. Si las cifras de violencia se escriben en rojo sangre, los antecedentes van en la misma línea. El año pasado, sólo en el mes de junio, en Sinaloa fueron ejecutados 75 hombres vinculados al narcotráfico. Dos asesinatos por día, mínimo. “Nos hemos acostumbrado a la mala fama que tiene la ciudad”, dice el diputado Luis Roberto Loaiza Garzón (60), presidente del Rotary Club y ex dirigente del PAN –el partido oficialista, desde que Fox y el actual presidente Calderón llegaron al poder–. Y, sin miedos, arriesga: “Calderón inició una abatida grande contra el narco y empezaron a aparecer cadáveres por todos lados. Y lo curioso es que esto siempre ocurre en cada cambio de gobierno, como si hubiera una renovación de los acuerdos. Probablemente ahí haya alguna vinculación con el financiamiento a campañas políticas y a líderes”. Los narcos dicen que son los más antiguos del lugar, que no tienen miedo y que, si les ponen una pistola en el pecho, probablemente pidan que disparen.

CUESTION DE CODIGOS. En un café céntrico, aliviado por el aire acondicionado, el escritor sinaloense Elmer Mendoza (58), asesor de Arturo Pérez Reverte en la escritura de la famosa novela La reina del sur, asegura: “Culiacán es una ciudad donde, en el ambiente, no se respira la violencia. Las razones para matar no le conciernen a toda la población, existen códigos de respeto”. Lo cierto es que la ciudad está sembrada de controles militares. Oscar García (36), oriundo de la ciudad, cuenta: “A los seis años fue mi primera experiencia con la violencia: fui a un parque recreativo y hubo una balacera y vi a los muertos. La gran mayoría de estos episodios, sin embargo, tienen una especie de ética rara… No sé si se puede hablar de ética, pero son limpios: aparecen los narcos y eliminan a la persona que buscan”.

Los ciudadanos coinciden en que se ha generado una especie de lenguaje particular que todos comprenden: dicen “levantados” por secuestrados, “encobijados” por ejecutados, “encuernados” por armados, “guachos” por militares y “buchones” por gatilleros. La artista plástica Rosa María Robles (45), autora de la muestra Navajas, en la que expuso cobijas auténticas de ejecutados en la ciudad y ropas originales de los asesinados, habla de la existencia de una “narcocultura” con señales propias.“Si uno va manejando por una calle y ve dos camionetas Hummer, generalmente negras y con vidrios polarizados, paradas y con sus conductores hablando a través de la ventanilla, pues te esperas hasta que terminen y ni se te ocurre apurarlos tocándoles bocina. Podés terminar, en el mejor de los casos, golpeado. Y será una suerte si no hay balas…”, dice García. En los relatos hay algo de guión de película, pero la sección policiales de los diarios poco tiene de ficción. “La población –reflexiona otra vez el escritor Elmer Mendoza– no puede hacer mucho respecto a esta violencia, pero sí podemos señalarla”.

MALA FAMA. Waldy de Ley (29), esposa de uno de los empresarios más prósperos de Culiacán, cuenta: “Está muy consolidado el ‘hazte fama y échate a dormir’, pero hay mucho más que decir de Culiacán y su gente. La ciudad es segura, agradable y civilizada al cien por ciento”. Waldy es ama de casa y con su esposo, Juan Manuel Ley, son los dueños de la cadena comercial Ley y del club de béisbol Los Tomateros de Culiacán. La ciudad transita por dos carriles; frases que aseguran que “la gente no está ligada al narcotráfico” o “los culichis no ven con buenos ojos al narco”, son frecuentes. Pero la violencia que se desprende de estos grupos, tarde o temprano, aparece como parte de la personalidad urbana. “Los culichis tenemos olfato para el ‘no te metas’ ni con los que son, ni con los que se parecen”, dicen.

Todo lo que sucede en Sinaloa repercute en Culiacán, capital del estado. La agricultura formal, la pesca y la ganadería son las principales fuentes de la economía. Pero el narcotráfico, centralizado en la sierras, también es una fuerza y afecta a la economía general de la región. Los habitantes dicen que Sinaloa es el estado más rico del país, pero reconocen que una y otra economía van de la mano. “Con la sierra hay una relación muy tensa desde hace 70 años. Es histórico, allá se produce la goma del opio, con la amapola. Y acá la procesan y la mandan a Estados Unidos”, cuenta el novelista Mendoza, en relación a la producción de heroína. Juan Carlos Cruz, periodista, asegura que al campesino se le paga alrededor de 500 pesos por el kilo de marihuana (“mota” en la jerga local). Una cifra bajísima tomando en cuenta el precio final con que se comercializa la droga, pero que no tiene competencia si se la compara con los 10 pesos que se paga el kilo de frijol, o los 2,20 pesos del kilo de maíz.

CARA O CRUZ.Mejor un año como rey que una vida como buey”. La frase, escuchada en la boca de todos cuando intentan explicar por qué los jóvenes se ven tentados a ingresar a las mafias del narco, resume una situación y, finalmente, una aspiración. Francisco, un hombre de 48 años que desde hace una década trabaja en el Panteón Jardines del Humaya, el cementerio narco por excelencia, describe el ambiente con la seguridad del que ha visto muchas cosas: ”Tengo amistades y familia que se dedican a eso; ahí está el billete grande, la lana (dinero) de verdad. Pero a mí me fue mal, no tuve suerte. A muchos no nos brilla y ni modo, ¿para qué seguirle buscando?”, dice sin entrar en detalles. Hace una pausa y continúa: “Aquí están todos los gallos, los pesados. Por eso se hizo famoso este panteón. Este es el lugar donde los grandes quieren tener sus mansiones. Lástima, no tuvo suerte, porque algo muy padre de ver es algún entierro. Ahí tocan bandas, hay mucho chupe (alcohol) y vienen todos encuernados (armados)”.

De hecho, a los fusiles AK-47 les dicen “cuernos de chivo”, por su cargador curvo como un cuerno. Las capillas para los difuntos pueden llegar a costar cerca de 250 mil dólares. Todos acuerdan, además, que la gran mayoría vive una vidas corta. “A los 35, 40 años, muchas veces, familiares y amigos ya visitaron la capilla de Malverde y prendieron velas en tu nombre…”, dice Francisco. Las fechas de las lápidas no lo desmienten.

EL SANTO DE LOS NARCOS.El era bandido, es un santo bandido. Le robaba a los hacendados, a la gente del gobierno y le daba el dinero a los pobres”, cuenta Jesús Manuel González, estudiante de Derecho e hijo del fundador de la capilla de Malverde en Culiacán, Don Eligio. La capilla del conocido santo de los narcos y los pobres se ubica actualmente enfrente de la Casa de Gobierno y a orillas de las vías del tren. La historia se remonta a 1977: “A mi padre le pegaron cuatro tiros en el pecho con una 45. Estando en el hospital, pensó en Malverde y le prometió que si lo ayudaba iba a levantar la capilla para que la gente lo venere”, cuenta .

En 1979 Don Eligio cumplió su promesa. Comenzó a levantar el altar y a ayudar a la población con sillas de ruedas, ataúdes, alimentos o juguetes. El culto a Malverde reúne a gente de todas partes y de todas las clases sociales. “Yo he visto venir a Verónica Castro a tocar el busto del santo”, asegura Jesús Manuel. En este lugar conviven el busto de Malverde con la Virgen María y miles de agradecimientos que atestiguan lo popular del culto. “Se identifica con los narcos porque él era un bandido. Pero aquí vienen gobernadores, policías, artistas como Los Tigres del Norte o Los Tucanes de Tijuana”, insiste Jesús.

TODOS SABEN. Uno de los mitos de la ciudad es que todos sus habitantes conocen a los narcos. Algunos aseguran que hubo una época de mucho descaro. “Se mostraban en sus camionetas Rangers, con su ropa de nuevos ricos, joyas y armas con incrustaciones de diamantes”, dicen. La gente desconfía de las autoridades porque dicen que las han visto convivir con los narcos en espacios privados y públicos. Culiacán convive con el estigma y la realidad. Con lo que hay de cierto y de supuesto en esta ciudad caliente. Una constante tan cotidiana en su vida, que Elmer no duda en su respuesta ante la pregunta: –Digame, ¿cómo hacen para sobrevivir en Culiacán? –Muy simple: diviértete y pásala bien. No hay más. En primer plano, un balazo en una vidriera evidencia la violencia cotidiana a la que están sometidos los lugareños de Culiacán. Sólo en el mes pasado se registraron 28 muertos decapitados.

En primer plano, un balazo en una vidriera evidencia la violencia cotidiana a la que están sometidos los lugareños de Culiacán. Sólo en el mes pasado se registraron 28 muertos decapitados.

Los habitantes de Culiacán están acostumbrados a desarrollar su vida cotidiana con episodios de violencia. Desde que a fines del 2006 asumió la presidencia Felipe Calderón, la presencia militar es constante en sus calles. Las manifestaciones reclamando seguridad también son habituales.

Los habitantes de Culiacán están acostumbrados a desarrollar su vida cotidiana con episodios de violencia. Desde que a fines del 2006 asumió la presidencia Felipe Calderón, la presencia militar es constante en sus calles. Las manifestaciones reclamando seguridad también son habituales.

Todos coinciden en que el principal accionar del narco se concentra en las zonas serranas. Sobre sus laderas se encuentran las extensas plantaciones de marihuana, como así también las de amapolas para producir heroína. Por lo menos 15 pueblos de la sierra han desaparecido producto de la violencia.

Todos coinciden en que el principal accionar del narco se concentra en las zonas serranas. Sobre sus laderas se encuentran las extensas plantaciones de marihuana, como así también las de amapolas para producir heroína. Por lo menos 15 pueblos de la sierra han desaparecido producto de la violencia.

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