Snjezana Strunje, una croata en Buenos Aires: "Nunca me sentí extranjera en la Argentina, siempre fui bienvenida" – GENTE Online
 

Snjezana Strunje, una croata en Buenos Aires: "Nunca me sentí extranjera en la Argentina, siempre fui bienvenida"

Snježana Strunje, es croata y vive en Bs As desde hace más de 20 años.
Snježana Strunje, es croata y vive en Bs As desde hace más de 20 años. (Foto Fabián Mattiazzi/GENTE)

Es un miércoles de abril y llega puntual al encuentro con GENTE. Quiero saludarla por su nombre, pero no sé cómo pronunciarlo. “Sñe”, me dice, y enseguida trae a colación una anécdota que me reconforta. “La última vez que llamé al médico para sacar un turno y me preguntaron mi nombre, dije: ‘Sñé’. ‘¿Cómo?’. ‘Sñé’. ‘¿Inés?’ Así que a veces soy Inés”, cuenta con cierta resignación.

Con su mamá, su esposo, su hijo y uno de sus sobrinos en un viaje a Croacia.
Con su mamá, su esposo, su hijo y uno de sus sobrinos en un viaje a Croacia.

Sñe tiene 51 años, es licenciada en Economía y lleva más de la mitad de su vida instalada en Buenos Aires. Llegó en 1994, un poco escapando de la guerra con Serbia... y otro poco apostando al amor.

Cuatro años atrás, en 1990, había conocido a Guido mientras hacía un postgrado en Roma. Ella croata, él argentino: mantuvieron la relación por carta y fax y luego –en medio del conflicto bélico– planearon un reencuentro en la ciudad italiana de Trieste, ubicada en la frontera con la vecina Eslovenia.

Había alertas de bombardeo permanentes. Vivía bajo tensión. Escuchabas las sirenas y corrías a los refugios, sin saber qué pasaría. Muchas ciudades fueron destruidas”, cuenta Sñe. En ese contexto, Guido le propuso viajar a la Argentina, “hasta que se calme todo”.

–¿Qué le contestaste?

–Que sí. La idea era volver en tres meses... jamás lo hice. Renuncié a mi trabajo (N. de la R.: tenía un puesto en la Cancillería de Croacia) por correo.

Snježana Strunje, es croata y vive en Bs As desde hace más de 20 años.
Snježana Strunje, es croata y vive en Bs As desde hace más de 20 años. (Foto Fabián Mattiazzi/GENTE)

–¿Te costó acostumbrarte a Buenos Aires?

Al clima, por ejemplo, no. Venía del crudo invierno de mí país y me encontré con el clima tropical de acá. ¡No podía creerlo! Lo que sí me costó fue el idioma. Enseguida me anoté en un curso para extranjeros que dictaban en la UBA. En ese momento vivía en Núñez y me tomaba el 152 para llegar a 25 de Mayo y Perón. Tardaba un montón, pero para mí era “el” programa. Ahí conocí gente que estaba en mi misma situación. De hecho, conservo amigas de esa época: una finlandesa, una brasileña... Teníamos los mismos problemas, las mismas dudas e inquietudes.

–¿Qué fue lo que más te llamó la atención de acá?

La curiosidad de las personas: me preguntaban cosas todo el tiempo. Al principio me chocaba, pero después empezó a ser uno de los motivos por los cuales nunca me sentí sola en Argentina. Siempre fui bienvenida. Aunque a veces digo “hola” y automáticamente me contestan “¿de dónde sos?”, nunca me sentí extranjera. Otra cosa que me sorprendió fueron los besos. ¡No te conocen y te saludan con un beso!

Se recibió de economista en Croacia y luego vino a la Argentina.
Se recibió de economista en Croacia y luego vino a la Argentina.

–Llevás más de la mitad de tu vida en Buenos Aires y has viajado por distintas provincias. ¿Cómo describirías a los argentinos?
Son muy abiertos, solidarios y atentos. Me gusta su espontaneidad. Nosotros somos más estructurados: cuando invitás a alguien a comer a tu casa, lo planeás con mucha anticipación. Acá en cambio, priorizan el hecho de juntarse; entonces no importa cuándo ni cómo: son más relajados. Lo que no me gusta es la impuntualidad: siempre llegan tarde.

–¿En algún momento pensaste en regresar a tu país?

–Durante mucho tiempo, hasta que mi hijo Luca (20) arrancó el primario, pensé que íbamos a volver. Una vez al año viajaba a Zagreb y me quedaba allí dos o tres meses, para aprovechar el verano. Además, me sentía un poquito culpable: me había ido lejos y quería que mi hijo tuviera relación con mis padres y mi hermano, y que aprendiera nuestro idioma. Para mí era súper importante que él pudiera comunicarse con sus abuelos y su tío en su lengua madre. Amo Croacia. Es un país increíble. Me siento muy, muy croata.

–¿Cuándo fue la última vez que estuviste en Zagreb?

–Hace poco. Volver es como cuando recargás la batería del celular. Me renueva. Sin embargo, cuando me fui me pregunté a mí misma: “¿Regresarías?”. La respuesta es “no”. Hace mucho que estoy en Argentina, contenta porque siento que fue una elección libre estar acá.

El seleccionado de fútbol de Croacia.
El seleccionado de fútbol de Croacia.

–Tu marido y tu hijo son argentinos. ¿Cómo es la dinámica familiar cuando se enfrentan Argentina y Croacia?

–(Risas). Ellos hinchan por Argentina y yo, por Croacia. Pasó con la Copa Davis y va a pasar en el Mundial. Por eso no vamos a poder mirar el partido los tres juntos en casa. Seguramente, yo lo miraré con mis amigos croatas.

–¿Te animás a hacer algún pronóstico?

–Es muy difícil, porque los dos son buenos equipos. Además, no sé mucho de fútbol. Sólo quiero que gane Croacia.

Por Flor Illbele

Fotos: Fabián Mattiazzi y gentileza de SS.

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