Sexo (poco), droga (mucha) y rock and roll – GENTE Online
 

Sexo (poco), droga (mucha) y rock and roll

No eran lo que parecía que eran, según relata Edward Klein -escritor,
biógrafo de los Kennedy- en su último libro. De hecho eran, lejos de toda
luminosidad, una pareja que vivía en el infierno. Un infierno propio, construido
por ellos mismos a la medida de su tormentosa intimidad. El era un Kennedy y
llevaba como nadie en su familia esa impronta que mezcla glam y progresismo.
Ella era Carolyn Bessette, una rubia conflictuada de Nueva York, hija de padres
separados, analizada y hermosa. Se habían casado en una ceremonia lo
suficientemente secreta como para hacer hablar a todo el mundo periodístico, en
1996. Murieron cuando el Piper Saratoga que John-John pilotaba se hundió en el
Atlántico antes de llegar a Martha´s Vineyard, en la costa frente a Boston, en
1999. Va de vuelta: no eran lo que parecía que eran. Un chico perfecto que en
verdad sufría de celos patológicos. Una rubia de sonrisa deslumbrante que se
hundía en el sopor de la cocaína. Un matrimonio radiante cuya verdad acaba de
quedar descubierta en Kennedy Curse, el libro donde Edward Klein (un viejo amigo
de la familia) detalla marchas y contramarchas de una pareja estelar y
sufriente.

TRAPITOS UNDER THE SUN. En su edición de julio, la revista Vanity Fair publica
un adelanto exclusivísimo del libro de Klein. Allí, entre otras cosas, se lee:
que una vez John-John llegó repentinamente a su apartamento de Tribeca, en
Manhattan, y se encontró a su mujercita con el cerebro empastado de cocaína
mientras a su alrededor sucedía una fiesta con homosexuales, modelos y otros
amigos del mundo de la moda y el diseño neoyorquino. "Tenés la cabeza llena de
cocaína",
dice el libro que le gritó John-John a su rocosa mujer. Cuenta además,
que cuando el psiquiatra de Carolyn hizo aparecer en plena sesión de pareja, el
tema del consumo de drogas, ella no lo soportó y, abrupta, se levantó, dio un
portazo y dejó a su John querido de cara a una profesional balbuciente que
estaba intentando recomponer lo que, muy probablemente, no podía ser compuesto.
"Quiero tener hijos, pero cada vez que toco el tema con Carolyn, ella se da
vuelta y se niega a tener relaciones sexuales", le dijo, siempre según Klein,
John-John a un amigo pocos días antes de estrellarse con su avión. Y agregó el
pobre y afligido JFK Jr.: "Nos estamos volviendo dos extraños"
.

Cuando el sommier king size quedaba demasiado chico para alojar los dos cuerpos
enfrentados, él se iba. Entonces Carolyn, enfadada y gruñiente, pasaba la noche
sola en su apartamento mientras John-John se alojaba en el Stanhope Hotel.

Luego de su casamiento, Carolyn asumió, sin consulta previa ni con su marido ni
con nadie, el control de la relación. Mandaba, ordenaba y se molestaba cuando
algo no salía según sus deseos. De hecho, después del experimento sexual con
Madonna, eso mismo pudo haber deslumbrado a John-John: una chica normal que sabe
lo que quiere. Sin embargo, no funcionó. Carolyn lo sabía perfectamente: un
Kennedy es, entre otras cosas, un conquistador. Y su John-John podía estar con
la mujer que deseara, aunque no lo deseara. Los celos agrietaron los días. Ella
llegó a contratar un detective privado. El la acusaba de visitar a un amigo en
un anticuario de Nueva York. De haber seguido vivos, se hubieran separado en
poco tiempo. Pero la muerte los dejó unidos para siempre.

THE END.
Iban a volar hasta Cape Cod para asisitir a la boda del primo Rory,
pero Lauren, hermana de Carolyn, quería que de pasada la dejaran en Martha´s
Vineyard. Hacía poco tiempo que John-John había conseguido su brevet de piloto
y, la verdad, seguía sumando horas de vuelo y experiencia. Pero no había
pilotado su avión de noche. "No, ese día no puedo porque mi maldita mujer me
obliga a que lleve a su hermana a Martha´s Vineyard",
le dijo, con el textual
del insulto, Kennedy a su amigo David Heymar. Recuerda Heymar: "Me quedé
desconcertado. Yo sabía que su matrimonio tenía problemas serios, pero jamás le
había oído utilizar ese lenguaje".

Carolyn estaba en la peluquería y ya iba por su tercera coloración de uñas. Las
otras dos, según cuenta su pedicura en el libro de Klein, no habían logrado
igualar el exacto color del vestido que esa noche iba a ponerse, así que hubo
que repetir el procedimiento. "Cuanto más me llames, más voy a tardar", dijo Carolyn, quien, según diagnóstico médico, padecía depresión clínica, y cortó su
celular. John-John, mientras, caminaba por las paredes del aeropuerto donde la
esperaba junto a Lauren. Llegó tardísimo y a las 8:18 del viernes 16 de julio
ganaron vuelo. Había niebla y la noche era cerrada. Los encontraron en el fondo
del mar, aún sujetos a sus asientos por el cinturón de seguridad.

Eran bellos, ricos, famosos, una suerte de pareja real en los Estados Unidos.
Eran admirados y envidiados. Eran el emblema de la cumbre social. Ultima vez: no
eran todo lo que parecía que eran.

Septiembre de 1996. En la isla de Cumberland, estado de Georgia, John-John y Carolyn se casaron en una ceremonia sencilla y de bajo perfil.

Septiembre de 1996. En la isla de Cumberland, estado de Georgia, John-John y Carolyn se casaron en una ceremonia sencilla y de bajo perfil.

El tenía 35 años. Ella, 30. El matrimonio, para Klein, se volvería una trampa para los dos.

El tenía 35 años. Ella, 30. El matrimonio, para Klein, se volvería una trampa para los dos.

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