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Rehenes de los piqueteros

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"Ser solidario significó fundirme"
Marcelo Natale (27) y su mujer, Griselda (34), perdieron este invierno el sueño más hermoso de sus vidas: el primer embarazo. Vivían sobre la ruta 3, arriba de su pequeño negocio de lubricantes y lavado de autos. El dice -aunque no muy convencido- que no, que
"el piquete no tuvo que ver con eso". Pero admite que desde que les pusieron carpas en la entrada del negocio y de su casa, y la economía familiar se les fue a pique, el estrés casi despedaza a la pareja, y fue la causa del maldito
desenlace. "Hace un mes me mudé. Fue una cuestión de salud mental. Mi mujer entra a trabajar muy temprano, en la Capital. Tenía que caminar varias cuadras para tomar el colectivo… Fueron días y días de no poder dormir, inseguros, y esa tensión se trasladó a
nosotros"
, cuenta. Marcelo fuma mientras desgrana su drama personal: "Yo atendía entre 10 y 15 autos por día. Ahora, los gastos me superaron. Tengo una deuda de 15 mil pesos. ¿Sabés cómo me siento? Abandonado, nadie hace nada por nosotros. En el primer corte me solidaricé con los piqueteros. Pero ser solidario significó fundirme".

"¿Quién hará algo por nosotros?"
La lucha es desigual. Ester Coronel es una jubilada que aumenta su triste sueldo atendiendo por las tardes el locutorio de su hermana
("el primero de la zona", apunta orgullosa). Pero llueve, y los piqueteros tapizan el local con sus carpas, duermen casi en la puerta cubiertos por frazadas. Ella los increpa, les pide que se corran. Ellos se ríen y, con prepotencia, no se
mueven. "¿A usted le parece? -dice indignada-. Hace diez años que estoy acá, de pronto empezaron esto por un tema de política, y nadie me ayuda. Esto no puede ser, es como si se pusieran en la puerta de mi casa. Hace un rato, la chica que viene a la mañana me contó que hicieron comida y llenaron todo de humo".
El perjuicio para Ester es enorme. "Hacíamos 130 pesos por día, trabajamos mucho con camioneros y gente de paso. Hoy arañé los 40 pesos. No vendí ni una tarjeta, no pasé ni un fax".
La mujer, con corajuda terquedad, resiste a quienes dicen resistir: "No tengo miedo, y no voy a cerrar. ¡Cualquier día les voy a dar ese gusto! Eso sí, ¿y si la semana que viene deciden un corte por tiempo indeterminado? ¿Quién hará algo por nosotros?".

"No queremos ser la capital nacional del piquete"
La mercería Carlitos es casi una institución en Isidro Casanova. Se abrió hace 41 años, y por allí pasaron tres generaciones de la familia de Juan Carlos Sánchez (54). Queda en la calle Malvinas Argentinas, el corazón comercial de la ciudad, y a dos cuadras del corazón del piquete. Por esa calle se desvió el tránsito, que debe hacer un rodeo de 25 cuadras para retomar la ruta 3. El caos no tardó. La mercería tenía un orgulloso cartel, que un camión se llevó por delante. Sánchez conoció épocas mejores. "Hace 15 años, esto era un paraíso
-
recuerda-, hacíamos cajas, a plata de hoy, de 300 pesos por día, éramos seis personas atendiendo. Todo cambió. La venta cayó un 30 por ciento. Ni hablar de los días de corte de ruta. Los clientes se van a otros centros comerciales. Y nadie viene a invertir. En los últimos días se cayeron diez operaciones inmobiliarias por la zona. No sé por qué se la tomaron con nosotros, pero no queremos que Isidro Casanova se convierta en la
Capital Nacional del Piquete".

"El Gobierno es cómplice"
"A mí me quebraron. Me mandaron a la lona. Me tengo que ir, no puedo afrontar los gastos. Quedé en medio de la calle y nadie se acordó de mí, que soy un comerciante honesto, que tenía este negocio desde hacía 16 años, que jamás tuve un problema. Tengo tres pibes en edad escolar, una familia. ¿Qué hago? Si los piqueteros se consideran víctimas, entonces, ¿yo qué soy?".
Con los ojos enrojecidos, Claudio Glixman se hace preguntas en su agencia de autos, tan desolada como su ánimo tras cerrar su negocio. "Tenía derecho a trabajar, y no me dejaron. Ahora soy un desocupado más. Y me pregunto, ¿quiénes son los delincuentes? Cortar una ruta es un delito, los sindicalistas del piquete avisan cuándo se van a instalar, y los dejan hacer. El Gobierno nacional, entonces, es cómplice de este delito, sin dudas. La semana que viene cumplo 44 años, va a ser muy triste. Hablé con Luis D'Elia, con el Perro Santillán y Víctor De Gennaro. Les dije que me estaban matando.
'Y bueno…', me dijeron. Lo que pasa es que ellos a fin de mes cobran sus
Planes Trabajar. No les importa nada".

"Si nos fundimos seremos 14 desocupados más"

"Acá trabajan 14 personas. Si nos fundimos, y mucho no falta, son 14
desocupados más. El corte de ruta es un golpe tremendo, se suma a la
recesión"
. Aurora Fariña está encargada de la estación de servicio YPF
de ruta 3 y La Haya desde hace 32 años. Una zona envidiable, por los miles de
camiones que circulaban por allí hasta hace un año. Cuenta que vendían 350
mil litros mensuales de combustible, y ahora no llegan al 50 por ciento. "Y
claro, tengo problemas para pagarle a
YPF. Entonces, quedamos entre dos
fuegos. La verdad es que nos están matando"
.
Para Aurora, los piqueteros no son enemigos. "Vienen, se llevan agua
para el mate. Nosotros no queremos más tensiones. Para qué…"
, dice.
Pero tampoco confía en un diálogo con los dirigentes del movimiento: "¿Hablar
con ellos? Aunque lo hagamos, no se mueven de estas cuadras. ¿Sabés qué pasa?
Que este tema es político. Y si el Gobierno no lo detiene, ¿qué podemos hacer
nosotros? La justicia siempre tienen que venir desde arriba hacia abajo. Pero
acá no pasa. Y bueno, así es la vida que tenemos"
.

"Los clientes no vienen, tienen miedo"
Encerrado entre los patrulleros que vigilan el piquete y los piqueteros armados con palos que controlan quién sabe qué, está
Citro-Haya, el negocio de repuestos de automóviles de Pablo Rodríguez. El hombre, que atiende tras un enrejado, tiene 50 años y no sabe qué hará si continúan los cortes de ruta.
"Mirá, el plan económico nos metió en un pozo, y los piquetes nos terminaron de tapar
-dice con amargura-. Esto nos destrozó. Estamos al borde de cerrar. Tuve que salir a pedir dinero, porque se cortó la cadena de pagos. Yo abro, pero los clientes no vienen. Tienen
miedo"
. Afuera, en vez del poderoso motor de miles de camiones circulando por la ruta 3, sólo llega el rumor de la cumbia piquetera.
"Esta es, junto con la Panamericana, la ruta más importante del país -señala Rodríguez-.
Acá tiene ocho manos, pasa el tráfico que va al sur. Los comerciantes calculamos que, cuando levanten el corte, pasarán un 30 por ciento menos de autos, porque ya se acostumbrarán a los caminos alternativos. La situación está fea, muy
fea…"
.

"Este es el último golpe"
"Cada vez que sabemos que hay corte de ruta nos dan ganas de llorar", dice Jorge Oscar Morán, un comerciante de 59 años, y la luz de una heladera semivacía, apenas ocupada por un poco de carne, no alcanza para iluminar su desesperanza. Es socio en el mercadito El 180, que está en el cruce de la ruta 3 y una calle que se llama, como una ironía,
Mi Esperanza. "La cosa venía mal -continúa-, pero este es el último golpe. Ellos dicen que es un beneficio para todos, pero a nosotros nos matan. Por día perdimos entre 30 y 40 clientes. Yo traía 150 kilos de carne, y ahora bajé a un tercio. Es terrible, porque los impuestos tenemos que pagarlos igual. De eso, los laburantes no nos
salvamos"
. El carnicero, que tiene su local a media cuadra del piquete, alerta sobre otra consecuencia del corte de ruta: los robos.
"La gente tiene miedo de acercarse al negocio, sobre todo de noche -cuenta en el local vacío-.
Los piqueteros se portan bien, con ellos no hubo problemas. Pero hubo algunos robos en los alrededores. Claro: la gente no quiere pasar por la ruta por miedo, entonces caminan por las calles de adentro, y es
peor"
.

"Estamos resignados"
Juan Carlos Médici mira con impotencia cómo un grupo de piqueteros destroza unas maderas para hacer fuego que, dice, sacaron de su negocio, el corralón de materiales
El Ombú, sobre la ruta 3, junto a las vías del ferrocarril General Belgrano, y ve tambalear sus sueños por el corte de ruta.
"No veníamos diez puntos -aclara-, pero ahora pienso que tendré que cerrar. Es simple, yo trabajo con la gente que pasa por la ruta. Hacía casi 3 mil pesos por día. Hoy no junto 600 pesos ni de
casualidad"
. Pasa un tren, y Médici aprovecha para decir que "este es un punto clave, por el ferrocarril. Si el Gobierno no los arregla, cortan las vías, que duele más". La convivencia con los piqueteros trae otros conflictos:
"Hoy me tuve que pelear para abrir la puerta. Nadie nos protege, da bronca. Acá no vino una sola autoridad para ver qué nos pasaba. Estamos resignados, y no sabemos qué hacer. Yo estuve mal, me agarró una depresión fuerte, así que trato de tomarlo con soda. Si todo sigue así, voy a ver qué otro trabajo aparece. Y si puedo resistir, al único que le voy a dar las gracias es a
Dios"
.

Enemigos íntimos
El último corte de ruta duró tres días. El principal foco siempre está
en Isidro Casanova, sobre la ruta 3 (que allí se llama Avenida Juan Manuel de
Rosas), a lo largo de tres cuadras. En total hay 41 negocios, cuyos dueños y
empleados son rehenes del piquete.

por Hugo Martin
hmartin@atlantida.com.ar

fotos: Fernando Arias

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