¿Quién pagará por estas muertes? – GENTE Online
 

¿Quién pagará por estas muertes?

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-¡Estamos sin frenos! ¡Estamos sin frenos! 
-¡Tirate contra el cerro, chango! 

Un segundo entre el primer y el último grito. Apenas cinco desde el último grito hasta el primero de muchos tumbos, de la áspera estridencia de los hierros machacados y de los aullidos de desesperación, preludio de muerte. Después, polvo y silencio: ese instante de silencio que sucede a las tragedias, y que apenas un poco después quiebran los gemidos de los que se salvaron o de los que tardarán un poco más en morir. Fue en Catamarca, en La Merced, Paclín, a 75 kilómetros de la ciudad madre. Fue casi a las diez de la noche del domingo. Fue en el ocaso de un día feliz que empezó doce horas antes en la plaza tucumana de Concepción. Les sucedió a 72 almas que a mediodía le rezaron a la Virgen del Valle, comieron un asado, se rieron al sol y por unas horas se olvidaron de su magro destino de jubilados. Es cierto que el ómnibus, ese
Scania del 87, empresa 29 de Agosto, sólo podía cobijar a 52 pasajeros, y que 20 más era peligroso, y que… Pero todos tenían tanta ilusión, y habían juntado los 14 pesos (ida y vuelta) acaso centavo a centavo, "y los choferes conocen, son baquianos", y es cierto que la policía caminera no deja pasar ómnibus con gente parada, pero también es cierto "que con uno o dos pesitos más que pongamos cada uno, los de la caminera hacen la vista gorda", y…

Y pasaron, sí. Pasaron, como cuenta Argentina del Valle Guzmán desde la cama del hospital: "No sé cómo, porque la policía, cuando vio que todos los asientos estaban ocupados y había sillitas también ocupadas en los pasillos, quiso secuestrar el ómnibus, pero después nos dejó seguir…".

El día fue largo, y la noche cerrada borró el cuerpo de serpiente de la ruta 38 -cuestas, pendientes, pendientes, cuestas-, y ellas y ellos rezaban o dormían, y de pronto los frenos que se mueren, el rebaje de tercera a segunda, el peso de las 20 personas de más (mil kilos, dicen), el zigzag, el golpe contra el cerro, la caída al barranco… Sí, claro. Después se supo que los policías del límite entre Tucumán y Catamarca les pidieron los papeles a los choferes y descubrieron que uno tenía vencido el carnet de manejo, que el seguro estaba cancelado desde julio, que la empresa no tenía permiso para el viaje, y que uno de los policías sentenció "Así no pueden seguir".

Como siempre, nada está claro en las primeras horas. Unos dicen que las mujeres, casi llorando, le dijeron al policía que "por favor, no nos arruine el día", y otros dicen que hubo una rápida colecta para que "la luz roja se pusiera verde, usted me entiende", y… Y llegaron, y rezaron, y pidieron lo de siempre (pan y trabajo y salud y felicidad, qué menos para los que tanto sufren), y el asado estuvo abundante y a punto, y hasta bailaron con la música de Walter Olmos, y algunos se persignaron y dijeron "Que Dios lo tenga en la gloria, pobrecito". Y a eso de las ocho y media de la noche volvieron a apretarse en los asientos y en las sillitas, y a unos cien metros de la Cuesta del Totoral, aquello… Aquello que en los partes policiales quedó asentado así: "Murieron 47 personas: 32 mujeres, 8 hombres y 7 chicos. Hay 14 sobrevivientes internados en el Hospital de Urgencia de Catamarca Capital, 3 en el Hospital de Niños y 6 en el Hospital de La Merced. De los dos choferes, el que manejaba, J
uan José Soberón, quedó en coma cuatro (casi irreversible), y el suplente, José Luis Juárez, está bajo custodia"
.

Y después, la administración de la tragedia, como suele suceder siempre cuando es demasiado tarde y se alzan las voces que recitan un muy cierto lugar común: "Esto pudo evitarse". La administración: tal vez 47 nichos en el cementerio municipal o tal vez 47 parcelas donadas por un cementerio privado, ya se verá. Ayuda especial "para todos los familiares de las víctimas" (promesa de Julio Miranda, gobernador, Tucumán). Detención de Raúl Oyola, el dueño de Oyola Hermanos, para que explique por qué el carnet vencido, por qué el seguro vencido, por qué la falta de permiso, por qué las 20 personas de más, por qué los frenos rotos. La administración de la tragedia, sí.

A espaldas de los llantos y de los gritos -coro griego- que rodearon el rescate de los cadáveres, el sudor y la fatiga de los bomberos en el fondo del barranco, la lenta y patética identificación de los cuerpos, la caravana de decenas de autos rumbo a la morgue, el lunes a la noche, para retirar los cuerpos, y los primeros cirios encendidos de la capilla ardiente, y la incesante búsqueda de los hermanos Manuel y Marcos Villafañe y las hermanas Victoria y Rosa Luna, sobrevivientes, para que una y otra y otra y otra vez contaran el día, la noche, el primer grito, el segundo grito, el golpe contra el cerro, los aullidos y el silencio de la muerte. Y luego, "polvo eres, polvo serás y en polvo te convertirás", algún cronista que hablará de "la última morada", y uno o dos o tres funcionarios que prometerán "una profunda investigación y el condigno castigo a los culpables". Y no mucho después, cuando todo sea vaga memoria o acaso olvido, en una mañana de sol, otro ómnibus trepará y bajará por l
a Cuesta del Totoral o por otra cuesta, también con demasiada gente y también con papeles vencidos. También. Porque hay tristes y pobres rincones del mundo donde la lección de la muerte no se aprende jamás.

por Alfredo Serra
informe desde Tucumán: Carlos Quiroga
fotos: Alberto Morales, Angel Vega y Evangelina Martínez (Diario La Unión), Diario El Ancasti y Clarín contenidos

Los socorristas y los bomberos trabajaron en las peores condiciones y recién pudieron terminar su terrible tarea en la mañana del lunes. El ómnibus llevaba 20 pasajeros de más, se quedó sin frenos, chocó contra un cerro y cayó al fondo de un barranco desde cien metros de altura. Murieron 47 de los 72 pasajeros. El ómnibus era del año 87, su seguro estaba vencido, no tenía permiso, y uno de los choferes no había renovado su carnet.

Los socorristas y los bomberos trabajaron en las peores condiciones y recién pudieron terminar su terrible tarea en la mañana del lunes. El ómnibus llevaba 20 pasajeros de más, se quedó sin frenos, chocó contra un cerro y cayó al fondo de un barranco desde cien metros de altura. Murieron 47 de los 72 pasajeros. El ómnibus era del año 87, su seguro estaba vencido, no tenía permiso, y uno de los choferes no había renovado su carnet.

Loana Romero tiene 6 años y es una de los 22 sobrevivientes. Se repone en el Hospital de Niños de Tucumán.

Loana Romero tiene 6 años y es una de los 22 sobrevivientes. Se repone en el Hospital de Niños de Tucumán.

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