¿Qué le pasa a la princesa pop? – GENTE Online
 

¿Qué le pasa a la princesa pop?

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Siempre se puede estar peor. Esta pareciera ser la lección que Britney Spears ha aprendido en este último tiempo. Divorcio, depresiones, rehabilitación, kilos de más, escándalos y otras delicias para los medios sensacionalistas, que mastican como chicle cada nuevo episodio protagonizado por la ex princesa heredera del pop. Y esta semana hay nuevas noticias desde el frente: a sus 25 años, Britney acaba de perder la custodia de sus dos hijos, Sean Preston (2) y Jayden James (1), y sólo podrá visitarlos bajo custodia en la casa de su ex marido, Kevin Federline. Ahí tienen: un nuevo escándalo…

SUEÑO AMERICANO. Después de una infancia en un pueblo mínimo del Sur de los Estados Unidos llamado Kentwood, en el estado de Luisiana, a la pequeña Britney Jean Spears le esperaba lo más alto e intrincado del sueño de cualquier chica del pueblo criada frente a la televisión, al calor de los musicales y el coro de los domingos en la iglesia: la boca de Madonna, la reina madre del pop. Después de crecer junto a su abuela, de brillar en el coro de la iglesia y convertirse en el pequeño prodigio del pueblo, con 11 años Britney llegó lo más lejos que alguien había llegado alguna vez en Kentwood: audicionó y quedó en el Mickey Mouse Club, de Disney. El mismo show por el que dos años antes habían pasado Justin Timberlake y Christina Aguilera. El sueño recién comenzaba. Cuando la chica cumplió 14, su madre, con visión de futuro, decidió que el pueblo en el que vivían no coincidía con el tamaño de sus ambiciones y entonces la familia se mudó a Nueva York. Lo siguiente era encontrar un agente y un sello discográfico dispuestos a pulir este diamante en bruto y fabricar la nueva estrella pop que tiñera de sensualidad adolescente el mercado. Y, por supuesto, apareció el agente y apareció el sello discográfico. Y en 1999 apareció Baby one more time, el primer disco y el primer hit y el primer video de esta chica rubia, sexy y angelical, que ostentaba su sensualidad enfundada en un disfraz de colegiala. El fenómeno estaba creado. Cinco años más tarde, Britney tenía otros tres discos grabados (Oops! …I did it again, Britney y In the zone), más de 75 millones de copias vendidas en todo el mundo, el título de Princesa Heredera del Pop y en los MTV Awards 2003 compartía escenario con Madonna cuando la reina del pop le comía la boca de un beso, en un acto tan cachondo como simbólico. Madonna acababa de elegir a su sucesora. El sueño llegaba a lo más alto, pero de pronto Britney despertó.

CRASH. En algún momento empezaron los primeros deslices. Una boda de madrugada en Las Vegas, después de un rally de alcohol y barbitúricos con su mejor amigo, Jason Allen Alexander, que duró tan sólo 55 horas. Era enero de 2004 y después de apurarse a pedir la anulación, unos meses más tarde, en septiembre, vino una segunda boda, un poco menos apresurada que la anterior, pero que resultaría igual de tóxica. Esta vez fue con Kevin Federline, un bailarín secundario de su Onyx Hotel Tour. Britney buscaba alguna certeza, algún lugar de pertenencia, en medio de una escalada de éxito que la arrastraba hacia un lugar cada vez más solitario. Se mudó con su esposo a una mansión valuada en 7,3 millones de dólares en Malibú, dejando en pause su avasallante carrera musical, y decidió que esa tranquilidad que buscaba sólo podría dársela un hijo. “Quiero quedar embarazada lo antes posible”, sonreía en las revistas mientras tanto. Y el Evatest no tardó en darle positivo. “Después de que nazca mi bebé voy a vivir de una forma totalmente diferente”, declaró, sin saber lo profético de esas palabras. Su vida iba a cambiar, es cierto, pero en el peor de los sentidos.

VIDA NUEVA. Britney saliendo de compras con un vestido de matrona, botas tejanas y varios kilos de más. Britney comprando comida chatarra. Britney notoriamente desmejorada. Las fotos de la princesa pop, alejada de los escenarios, alejada del pop, pronto llegaron a los medios y llamaron la atención. Britney parecía una señora de barrio abandonada a las tareas domésticas y al paso del tiempo. Nada quedaba, en esas fotos, de la sensualidad adolescente de la princesa pop: nada. En septiembre de 2005 nació su primogénito, Sean Preston. Un año más tarde nació el segundo, Jayden James. En el medio, su matrimonio se había comenzado a derrumbar y a esa altura ya era algo irreversible. El 6 de noviembre de 2006 se divorciaron. Y a Britney, la vida se le volvió algo insostenible. De estrella pop a madre sola, con dos hijos, millones con los que no sabía qué hacer y que no le servían para arreglar nada de lo que estaba roto. La princesa pop ahora era una chica solitaria, que empezó a buscar en las drogas, el alcohol y demás excesos la salida a una depresión cada vez más profunda. Su castillo de cristal acababa de estallar en mil pedazos contra el piso, y Britney no sabía para dónde correr.

LA CAIDA. Alejada de los escenarios, empezó una carrera alocada por la noche resbalosa de Los Angeles. Se hizo amiga de Paris Hilton y juntas salieron sin descanso a The Roxy, en noches maratónicas de alcohol y descontrol. En las fotos, Britney aparecía cada vez más desmejorada. Una noche decidió ir hasta la casa de su ex, Federline, y romperle el auto con un paraguas. Su madre la mandó a un centro de rehabilitación en Malibú, pero no tardó en escaparse. Unas semanas después fue a una peluquería y pidió una maquinita para raparse ella misma. Disfrazada con una peluca rubia y sin nada de efectivo, intentó alojarse sin suerte en el hotel Mondrian de Los Angeles. Su familia volvió a ingresarla al centro de rehabilitación de Malibú, pero veinticuatro horas más tarde Britney volvió a escaparse. Por esos días, Kevin Federline, su ex, le inició un juicio por la tenencia de sus dos hijos.

ULTIMO CAPITULO. Britney está intentando volver, pero hasta ahora sólo ha sido en pequeñas dosis de patetismo. Su actuación en los últimos MTV fue más que nada triste. Sobre el escenario casi no pudo seguir la coreografía y hasta se olvidó la letra de su nueva canción, Gimme more, en pleno playback. Descontando los kilos de más que tanto le está costando sacarse de encima.

El último round de esta historia Britney Spears volvió a perderlo. En los últimos días, un juez decidió quitarle la tenencia de sus hijos –que, de hecho, vivían con su abuela– y dárselos a Federline. La ex princesa heredera del pop sólo puede visitarlos bajo custodia y, según su familia, su internación en el Crossroads Center, un complejo de rehabilitación propiedad de Eric Clapton, es inminente. Allí, con ayuda de médicos y terapeutas, Britney intentará librarse de todos sus fantasmas. Después, recuperar a sus hijos. Recuperarse a ella misma. Y, finalmente, recuperar su vida.

En 2003, cuando había dejado de ser la princesita virgen del mundo pop y se había transformado en un ícono sexual.

En 2003, cuando había dejado de ser la princesita virgen del mundo pop y se había transformado en un ícono sexual.

En 2007, en su última presentación, durante los MTV Awards, en Las Vegas, en donde se la vio con problemas para seguir la coreografía y varios kilos de más.

En 2007, en su última presentación, durante los MTV Awards, en Las Vegas, en donde se la vio con problemas para seguir la coreografía y varios kilos de más.

La última semana, después de que se conociera la noticia de que había perdido la custodia de sus hijos, los fotógrafos registraron a Britney a bordo de su auto, con anteojos negros y una mueca en la cara que lo dice todo.

La última semana, después de que se conociera la noticia de que había perdido la custodia de sus hijos, los fotógrafos registraron a Britney a bordo de su auto, con anteojos negros y una mueca en la cara que lo dice todo.

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