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¿Por qué esta tragedia?

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El Tartagal tiene apenas dieciocho kilómetros de largo. Desde el 13 de junio de 1924, cuando se fundó la ciudad salteña con que comparte nombre, el río serpenteó en medio de sus casas. El 9 de febrero, a las dos de la madrugada, comenzó a llover. Siete horas y 180 milímetros de agua después, su cauce, convertido en torrente, arrasó con el puente ferroviario y dejó a diez mil de sus 80 mil habitantes sin sus casas. Unas 500 personas permanecen evacuadas. Hace tres años había ocurrido una catástrofe similar. Esta vez, el barro y el agua se llevaron dos vidas.

Cuando el diluvio se detuvo, el calvario continuó: ya hubo dos casos de dengue, hay 11 personas en observación y la vacunación contra la hepatitis A procura detener el avance del flagelo. Tampoco las promesas: la presidenta Cristina Fernández aseguró que enviarán 103 millones de pesos para ayuda asistencial. Como siempre, hizo falta una tragedia para ver lo que algunos anunciaban. Quien viene alertando sobre la posibilidad del desastre es la organización Greenpeace. Hernán Giardini (32) es el Coordinador de la Campaña de Bosques. Y explica a GENTE las causas del alud.

–¿Qué pasó en Tartagal?
–Una combinación de hechos. El cambio climático va a generar más lluvias. Pero la gente del Servicio Meteorológico Nacional señaló que sólo por la cantidad de precipitaciones no podría haber ocurrido esto. Es una zona de yungas, y cuatro meses al año cae una importante cantidad de agua que es, por otra parte, la que genera las condiciones para que exista el bosque. Tartagal siempre tuvo un río atravesando la ciudad, y nunca sucedió esto. Pero la realidad, el motivo de fondo, es que la región está colapsada, porque el bosque se ha empobrecido.

–¿Por qué causas?
–Por la tala selectiva de quebrachos, lapachos, palos rosa, que es el primer proceso, y el desmonte en Salta, Santiago del Estero y Chaco. Osvaldo Canziani –meteorólogo del Ente Regulador del Cambio Climático, uno de los científicos que fue distinguido con el Nobel de la Paz 2007, junto al ex presidente de los Estados Unidos, Al Gore– dijo que el reemplazo del bosque por una zona parecida a la pampa, en términos de agricultura y ganadería, generó las condiciones propicias para las inundaciones.

–¿Por qué no se producen esas inundaciones cuando hay bosque?
–Porque éste funciona como una especie de esponja. Las hojas, ramas y plantas, el bosque alto y bajo, regulan la caída del agua, encauzan arroyos, pendientes y ríos. Y las raíces envían el agua hacia las napas, porque permeabilizan el suelo. Sin el bosque, en suelos como éstos, arenosos, el agua no tiene posibilidad de drenar y escurre hacia cauces mayores, produciendo erosión hídrica. A los costados de Tartagal hay una gran cantidad de áreas deforestadas, y a la vera del río la vegetación es muy escasa. Si hay una precipitación fuerte, el poco bosque que dejaron en las orillas no es suficiente para que el agua no termine alimentando al río. Está claro: para preservar la cuenca de un río tiene que haber entre quinientos y mil metros de vegetación en sus orillas. Y en este caso, quedaron menos de cincuenta metros.

–¿Esta crecida fue peor que la del 2006?
–Sí. En las fotos hay una gran cantidad de palos y desechos forestales. La gente que vio cuando cayó el puente, señaló que todo eso que arrastró la crecida formó una especie de dique que frenó el agua, que hizo una presión insostenible sobre la estructura. A muchos de esos palos se los veía trabajados. No eran árboles: eran postes. Esto nos lleva a pensar que en la zona hay aserraderos. El agua, por sí misma, no se hubiera llevado el puente. Y su caída fue otro motivo para que el alud haya sido tan devastador, algo que no había sucedido en otras crecidas.

–¿La tala y el desmonte son clandestinos?
–Mirá: después del desastre del 2006, en plena discusión de la Ley de Bosques, que trata de impedir estas situaciones, el gobierno de Salta (a cuyo frente está el ultrakirchnerista Juan Manuel Urtubey) quintuplicó la cantidad de desmontes autorizados históricamente, porque sabían que con la ley ya no podrían.

–¿Entonces la ley que se acaba de reglamentar soluciona todo?
–Hay que aplicarla bien. Establece un fondo de casi mil millones de pesos al año, que podría ser utilizado en el control de los desmontes clandestinos. Porque vigilar seis millones de hectáreas con una camioneta y dos personas de la Dirección de Bosques es ridículo.

–¿Esta tragedia se podría haber evitado?
–Quizá si se hubiera parado la deforestación el año pasado. Atribuirla sólo a causas naturales es no ver lo que sucede. Por eso la Ley es importante, porque evita el desmonte autorizado que era, entre comillas, “legal”. En el país se deforestan unas 300 mil hectáreas por año, y Salta permitía entre 60 y 70 mil. Hasta que en el 2007 autorizó desmontar 400 mil hectáreas de entre las aproximadamente seis o siete millones que tiene de bosque. Superó a todo el país. En el Norte hay una destrucción de los recursos alentada por muchos gobiernos locales. Y es algo regional, no de Tartagal solamente.

–¿Tiene vuelta atrás la situación?
–Es difícil. Reforestar esta zona llevaría 30 ó 40 años, con una política sostenida. Está complicado. Nadie descarta que esto se vuelva a repetir, o que suceda en otras ciudades.

–¿Dónde, por ejemplo?
–El año pasado, en la zona del Chaco, había una sequía infernal. Sin embargo, al mismo tiempo, la mitad de El Impenetrable estaba inundado. ¿Cómo podía ser eso? Porque los desmontes en la provincia de Salta, y la pendiente que va hacia El Impenetrable, generó una crecida en el río Bermejito. No había lluvias y estaba inundado. Recordemos las inundaciones de Santa Fe en el 2003. Sucedió lo mismo con la tala en el Norte de esa provincia. Los restos de las casas se bambolean en el vacío que dejó el alud. El 9 de febrero, Tartagal se despertó con la furia de la naturaleza.

Los restos de las casas se bambolean en el vacío que dejó el alud. El 9 de febrero, Tartagal se despertó con la furia de la naturaleza.

Parte de las defensas que se construyeron en el 2006 también colapsaron por la furia del temporal. Y varias casas fueron arrasadas.

Parte de las defensas que se construyeron en el 2006 también colapsaron por la furia del temporal. Y varias casas fueron arrasadas.

Cerca del río, el lodo se llevó consigo todo lo que encontró a su paso en la madrugada del 9 de febrero.

Cerca del río, el lodo se llevó consigo todo lo que encontró a su paso en la madrugada del 9 de febrero.

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