encuentre al asesino". Les pide al fiscal y al juez que "persigan al verdadero criminal". ¿Qué sintió cuando la sorprendió la noticia del crimen? ¿Sospechó que su yerno podía haberla matado? Los recuerdos y el dolor de una mujer que dice que "daría la vida por saber la verdad". Un testimonio conmovedor." /> «Pongo las manos en el fuego por Carrascosa y por mi familia» – GENTE Online
 

"Pongo las manos en el fuego por Carrascosa y por mi familia"

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Ella no entien
de de encubrimientos, de sospechosos, de fiscales, de

autopsias, de especulaciones, de careos ni de intrincadas investigaciones. Sólo
sabe que la pequeña que acunó con amor entre sus brazos bastante tiempo atrás,
fue masacrada de seis balazos en la cabeza hace exactamente un año. Cuando
recibe a GENTE en exclusiva, Luz María Blanca Luisa Galup Lanús (78) está
sentada en un sillón de su departamento de Barrio Norte, aferrada a una hermosa
foto de su hija, María Marta García Belsunce. Ella misma caminó hasta su
dormitorio para buscarla y rendirle homenaje. Cuando la toma entre sus manos, un
par de lágrimas asoman en su rostro: "Es mi imagen preferida, está frente a mi
cama, todas las noches la miro a los ojos y rezo por ella, para que aparezca la
verdad, y el asesino, por supuesto"
, dice con voz tenue y dulce. Sus hijos,
Horacio y María Laura -fruto de su pimer matrimonio con el doctor Horacio García
Belsunce, igual que María Marta- la acompañan, la miman y la protegen. Irene, la
hija que tuvo junto a Constantino Hurtig, su actual marido, la abraza fuerte.
"No te olvides de Juan, o Johncito, como yo le digo, otro Hurtig que no pudo
estar presente porque se encuentra cuidando a sus cuatro hijos. Pero él sabe que
siempre lo tengo conmigo, igual que a María Marta
", comenta refiriéndose al
menor de la familia. Se la ve triste, emocionada, conmovida. Sus seres queridos
dicen que, desde el homicidio, perdió la sonrisa que la caracterizaba. Era una
mujer fuerte, alegre, feliz, hasta aquella trágica tarde del 27 de octubre de
2002. Hoy llora por su hija muerta en silencio. Confiesa que elige los rincones
de su casa para hacerlo, simplemente para no hacer sufrir aún más a su familia.
Y le pide a Dios que su hija pueda descansar en paz.

-Luz, ¿cómo la recuerda?
-Radiante, feliz, emprendedora. Era una chica muy seria, buena persona, alegre,
querida. Ay, te juro que lo pienso y no lo puedo soportar (se emociona).

-¿La infancia de María Marta fue feliz?
-Uy, no te das una idea. Yo la llamaba arañita peludita, porque una vez,
embromando con ella, se me ocurrió. Ella era muy chiquita, se reía y me decía:
"Sí. Yo soy de mamá la arañita peludita". Y no paraba de reír. Entonces, el
apodo le quedó para siempre. Tenía cuatro o cinco años. Te le comento, y siento
algo acá en el pecho que no me permite seguir. Es una angustia tremenda.

-¿El recuerdo, aunque grato, la atormenta aún más?
-Por momentos. Es que casi siempre yo sigo como antes: para mí está, no se fue.
La recuerdo permanentemente. Es una sensación rara, siento que va a llegar en
cualquier momento, que va a venir del Carmel a visitarme. O que yo voy a ir a
verla. Para mí no está muerta, está aquí a mi lado.

-Cuando piensa en los momentos alegres que vivió junto a ella ¿el dolor
disminuye?
-Por supuesto que sí, aunque la verdad, querido, te digo que también siento que
cada minuto que pasa es peor. Porque uno se prepara para ver morir a sus padres,
a su abuelos, pero nunca a un hijo. Le pido a cualquier persona que sea madre o
padre que se ponga a pensar nada más que un segundo en la falta de un hijo. Es
terrible, imposible de comprender… demasiado. Y menos cuando ocurre de una
manera tan violenta, tan desalmada.

-¿Qué siente hoy?
-El mismo dolor que hace un año. Y que no se hizo justicia. Estoy pensando en
María Marta las 24 horas del día.

-¿Recuerda cuándo le dijeron que había muerto?
-Habíamos vuelto de Punta del Este. Llegamos a casa con Constantino, mi marido.
Yo me fui a cambiar, y al rato, él me dijo: "Tenemos que ir a lo de María". "¿A
lo de María?"
, le pregunté yo. "Sí, nos necesita", me contestó. En ese momento
no me dijo que ya estaba muerta, pero en el camino me fue preparando.

-¿Usted sospechaba algo trágico?
-Nooo, nooo, para nada. Era lo último que podía haber pensado. Creí que
realmente nos necesitaba por algo. Había llegado recién de viaje, ¿para qué
había que ir tan rápido? Mi esposo insistió y no pregunté demasiado. Quizás,
inconscientemente, me negaba a saber más.

-¿Qué sintió al verla?
-Pensé que estaba dormida, te lo juro. Me negaba a aceptarlo. Y repetía: "Ya se
va a despertar, ya se va a despertar"
. Ay, querido, te juro que lo recuerdo y me
hace mal. ¿Te puede pasar algo peor que perder un hijo? Bueno, sí (se emociona),
perder un nieto. Me pasó hace muchos años con el hijo de María Laura, que murió
de cáncer. Pensé que no iba a poder seguir, pero acá estoy. Tenía apenas siete
años.

-¿Qué piensa cuándo se dice que Carrascosa, su yerno, tuvo participación en el
crimen?
-Indignación, porque es un hombre muy bueno que amaba a María Marta.

-¿Pone las manos en el fuego por él?
-Por supuesto, totalmente, quería mucho a mi hija.

-¿Nunca desconfió de su yerno?
-Jamás, mi hija lo amaba y yo lo quiero. Con María Marta eran un buen
matrimonio. Ella lo protegía muchísimo.

-¿Qué le dijo a Carrascosa cuando lo vio por primera vez después del asesinato
de su hija?
-Lo abracé fuerte. El sabía lo que mi cariño quería decir.

-¿Qué pensó cuando el fiscal procesó a Carrascosa como coautor del homicidio?
-Es absurdo. No tengo dudas de que Carlos es inocente.

-¿Y cuando lo detuvieron?
-Me pareció una injusticia. Yo le dije que jamás dudaría de él. Se emocionó y me
lo agradeció.

-Sus hijos Horacio y Juan, Constantino, su marido, y Bártoli, su yerno, están
procesados por encubrimiento. ¿Qué siente ante esta decisión de la justicia?
-Mis hijos son un amor. Yo no sé a quién se le puede ocurrir que los hermanos
van a encubrir el crimen. Por favor, soy una señora grande que conozco muy bien
a mis chicos. Pensar eso es una locura. Y mi marido y Guillermo son dos personas
de bien, incapaces de hacer semejante cosa. Por Dios, pongo las manos en el
fuego por todos. ¡Aaayyy Dios mío, qué horror! ¿Cómo se pueden decir semejantes
cosas de personas buenísimas?

-Lo dijo el fiscal y lo aceptó el juez de la causa, por eso están procesados.
-Yo sólo sé que son inocentes, y espero que se sepa la verdad.

-Si tuviera al fiscal o al juez de la causa frente a frente, ¿qué les diría?
-Que hagan algo de una vez por todas para encontrar al asesino. Hasta ahora solo
lo culpan a Carlos. Yo soy la mamá de María Marta, ¿te parece que voy a defender
a mi yerno si la mató o tiene algo que ver con el crimen?

-¿Qué sintió cuando supo que no era un accidente sino un homicidio?
-Más dolor, no entendía nada. No te imaginás, querido, lo que es que después del
dolor que sentís por una muerte que creés que fue un accidente, te digan que no
es así, que fue asesinada. Te paraliza.

-En la desesperación, ¿pensó en la muerte, en que no valía la pena vivir, en el
suicidio, quizás?
-Te juro que no pensé en nada, tenía la mente en blanco, no podía creerlo. Fue
un mazazo, seguramente parte de mi vida se fue con María Marta. Y también con mi
nietito.

-Me dicen que usted es una mujer fuerte, luchadora, alegre, ¿eso la ayudó?
-Mirá, la verdad es que era así como decís vos, ahora me cuesta.

-Y que además estuvo muy cerca de María Marta en un momento muy difícil de su
vida, cuando los médicos le confirmaron que no iba a poder tener hijos.
-En realidad, no era ella la que no podía, sino él.

-¿Para ella fue un tema difícil de superar?
-Y, la verdad que sí.

-¿No le aconsejó que adoptara?
-Lo hablamos muchísimo, pero no se decidió, y yo tampoco quería presionarla.
Esas cosas son muy personales.

-¿Ese tema perjudicaba en algo a la pareja?
-Para nada, eran muy unidos y comprensivos en las buenas y en las malas.

-¿Qué sintió cuando el lunes visitó la bóveda donde está María Marta?
-No sé, la verdad es que no creo que esté allí, la siento conmigo todo el
tiempo.

-¿De dónde saca fuerzas para seguir?
-Tampoco lo sé, querido, es muy difícil.

-¿Le pide algo a Dios?
-Que encuentre al sinvergüenza que la mató, que aparezca ese miserable.

-¿Se toma tiempo para hablar con ella?
-Todo el que necesito, porque María Marta está siempre conmigo.

-¿En algún momento el dolor la superó?
-Y… a veces me faltan fuerzas. Me parece todo tan insólito, tan increíble… Fue
bestial lo que hicieron con mi hija.

-¿Ella realizaba alguna actividad que podía ser considerada peligrosa?
-No, si se dedicaba a la solidaridad, era puro amor.

-¿Usted también cree que pudieron entrar a robar?
-No tengo idea. Puede ser que se haya encontrado con alguien que la quiso robar,
pero la verdad es que no lo sé.

-¿Tiene fuerzas para seguir buscando la verdad?
-Lo que estoy viviendo no se lo deseo a nadie. Es un cuento eso que dicen de que
el tiempo todo lo cura. Siento que cada día que pasa es peor. Pero no pienso
bajar los brazos, daría mi vida para que se descubra al asesino.

A un año del asesinato, la mamá de María Marta decidió hablar ante GENTE: Cuando llegué a Carmel, pensé que estaba dormida, te lo juro. Me negaba a aceptar su muerte. Y repetía: 'Ya se va a despertar'".">

A un año del asesinato, la mamá de María Marta decidió hablar ante GENTE: "Cuando llegué a Carmel, pensé que estaba dormida, te lo juro. Me negaba a aceptar su muerte. Y repetía: 'Ya se va a despertar'".

A Luz María, la mamá de María Marta García Belsunce, la acompañaron durante la entrevista su marido, Constantino Hurtig, y sus hijos, María Laura -junto a ella-, Irene y Horacio.

A Luz María, la mamá de María Marta García Belsunce, la acompañaron durante la entrevista su marido, Constantino Hurtig, y sus hijos, María Laura -junto a ella-, Irene y Horacio.

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