«Pensaba que me iban a matar y enterrar por algún lado» – GENTE Online
 

"Pensaba que me iban a matar y enterrar por algún lado"

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Facundo Laffont estuvo 24 días con los ojos vendados. Cuando le permitieron
volver a ver, no pudo hacer foco. Estaba en una zona descampada de la localidad
de Merlo, donde lo habían dejado sus secuestradores tras cobrar el rescate.
Empezó a correr.

-¿Qué sentiste cuando supiste que volvías a tu casa?
-Casi todos lo días me decían: "Te vas". La primera vez les había creído. Pero
después ya sabía que era mentira. El último día repitieron lo mismo: "¿Me voy?".
"Sí, te vas"
. Y volvía a preguntar yo: "¿Me voy? ¿Me voy?", así sin parar.

-¿Cómo fue la liberación?
-Me sacaron de la cama y me cargaron como a un bebé hasta la puerta. Uno de
ellos me dijo: "Los muchachos están todos enfierrados. Si espiás a alguien, te
vuelan la cabeza
". Me dieron diez pesos para que después tomara un remise y me
pusieron en el baúl de un auto.

-¿Estabas contento?

-No. Porque dentro del baúl imaginaba que había llegado el momento en que me
iban a pegar un tiro. Pensaba que me iban a matar y enterrar por algún lado.
Porque yo sabía que eso pasaba en los secuestros. Empecé a rezar. Tenía miedo.

Facundo tiene 14 años. Y aquella era la tercera vez que lo transportaban
encerrado en un baúl. Fue secuestrado el 19 de mayo del 2003 y permaneció en
cautiverio hasta el 12 de junio, luego de que su tío Raúl pagara el rescate,
arrojando la valija con los 243 mil pesos desde un tren que abordó en Campana.

-Finalmente, te bajaron del auto.
-No lo podía creer. Me sacaron la venda y me dejaron en un descampado. Primero
caminé despacio y después empecé a correr. Amanecía. Caminé hasta llegar a una
remisería que estaba abierta. Le pregunté al hombre: "¿Me puede llevar a
Luján?".

-En esos días tu foto aparecía en todos los medios. ¿El remisero no te
reconoció?
-Cuando supe que él podía llevarme, le dije: "Soy Facundo Laffont, me
liberaron".
Ahí el hombre se emocionó y me dio un teléfono para que llamara a
casa. Me atendió papá y se puso más contento que yo. Mientras viajaba, pensaba
qué iban a sentir mis amigos. Quería volver a verlos, y a mi familia. Y tenía
unas ganas tremendas de jugar en el cibercafé. No sé cómo, enseguida hubo una
cámara de tevé que siguió todo el recorrido. Cuando llegué, vi mucha gente… Y
claro, me bañé lo antes que pude.

Durante el secuestro, Facu sólo pudo bañarse una vez. Aquella tarde, además, le
habían dado otra remera, la única prenda que se cambió hasta el final del
cautiverio.

-¿Cómo fueron los 24 días del secuestro?
-Estuve en una cama con los ojos vendados, escuchando diferentes voces,
esperando irme. Los que me tenían me trataban bien. No los tuteaba y siempre
decía: "Gracias, señor". Me daban comida para elegir. A veces, hasta golosinas.
Al principio tenía miedo de comer porque creía que podían envenenarme, pero
después tenía tanta hambre que no me importó.

-¿Intentaste sacarte la venda en algún momento?
-Espié un poco para ver los dibujitos de South Park, y a veces Los Simpson. Me
ponía de costado y trataba de ojear algo. Hasta que uno se dio cuenta y me gritó
"¡Te estás haciendo el b…!". Tuve tanto miedo que no me animé a nada más.

-¿Pensabas en escapar?
-Sí, imaginaba diferentes maneras de irme. Pero ninguna muy real. Hasta pensaba
que tendría que haber tenido un celular en el zapato para llamar a mi papá.

-¿Qué soñabas cuando podías dormir?
-Todas las noches tuve pesadillas. Soñaba con mis amigos, y un avión que se nos
caía encima. Me despertaba gritando y el hombre que me cuidaba, me callaba. Otra
noche soñé que buscaba una linterna. Me desperté, con los ojos vendados, y
seguía buscándola.

Ese mes sólo pudo ver la luz cuando entraba esposado al baño. Cada día de su
encierro preguntó cuánto hacía que estaba secuestrado. Aparte, preguntaba la
hora, como si saberlo le ayudara a acortar el tiempo de su pesadilla.

-¿Cómo hiciste para volver a tu vida normal?
-Algunas cosas ya no fueron como antes. A la semana volví al colegio. Estaban
todos esperándome en el gimnasio y cuando entré, aplaudieron. Sabía que mis
compañeros habían estado muy preocupados. Una maestra le comentó a mamá que los
días en que no estuve, el nivel de mi clase (noveno año del polimodal) bajó. Lo
mejor fue encontrarme con mis amigos.

-¿Qué cambió en vos a partir del secuestro?
-Me abrí más. Antes era muy reservado. Hoy, les cuento más cosas a mis amigos y
me dan ganas de conocer a gente nueva.

-¿Vivís con miedos?
-No. Nunca salí mucho. No creo que vuelvan a secuestrarme. Aunque ahora, que
detuvieron a la banda, me da un poco de miedo que haya quedado alguno suelto y
se quiera vengar.

Dos meses y medio después de la liberación, quince personas resultaron
detenidas. Tenían armas y parte del rescate. "Es una organización muy poderosa",
declaró Angel Casafús, director general de Investigaciones de la policía
bonaerense. Días antes, Roberto, el padre de Facundo, había confirmado que entre
los 18 y los 50 años había levantado juego en forma clandestina.

-¿Sentís odio por los hombres que detuvieron?
-Nunca les tuve bronca ni odio. No sé por qué.

-¿Qué fue lo mejor y lo peor que te tocó vivir?
-Sentir a todo Luján conmigo. En el cuarto donde me tenían había un televisor.
No podía ver, pero escuchaba los noticieros. Cuando supe que estaban haciendo
todas esas marchas por mí, me sentí muy bien. Era una forma de no estar tan
solo. Y lo peor fue el recorrido en el primer baúl. Pensaba que era un sueño. Y
hacía fuerza para despertarme. Rezaba. Pero no. No era un sueño ni una película.

-¿Por qué creés que te secuestraron?
-Mi papá me había contado que lo habían amenazado con secuestrarle el hijo. Esa
mañana, cuando iba al colegio y una camioneta se cruzó para detener el auto en
el que yo viajaba, supe que me venían a buscar.

-¿Lloraste, Facu?
-Sólo el segundo día. No porque tuviera ganas: era un plan para tratar de
convencerlos de que me soltaran. Pero siempre sentía el cosito acá (se señala su
garganta), ese cosito antes de llorar que no te deja tragar.

El equipo de Bianchi fue otro de los apoyos que tuvo Facu durante su encierro. Desde el cautiverio escuchaba los noticieros.

El equipo de Bianchi fue otro de los apoyos que tuvo Facu durante su encierro. Desde el cautiverio escuchaba los noticieros. "Cuando supe que estaban haciendo todas esas marchas y existía tanto apoyo por mí, me sentí muy bien. Era una manera de no estar tan solo", reconoce ahora desde su hogar.

"Hoy soy mucho más abierto, les cuento más cosas a mis amigos y me dan ganas de conocer a gente nueva", admite Facundo. En las fotografías, con su padre -el empresario Roberto Laffont-, tras la liberación, y mostrando cartas recibidas y recuerdos imborrables del aún más imborrable momento que le tocó sufrir.

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