Para enamorarse bien, hay que venir al sur – GENTE Online
 

Para enamorarse bien, hay que venir al sur

Un beso en la boca coronó el brindis: "¿Viste, mi amorrr, que cumplí con lo que te prrrometí? Volvimos dos años después a estarrr todos juntos en la Patagonia, como lo soñamos aquella vez…". La frase de Guillermo Alejandro, futuro rey de Holanda -en un español casi perfecto, aunque con indudable rispidez nórdica- llegó hasta los oídos de su esposa, Máxim
a Zorreguieta. Fue el viernes 3 de enero, cuando chocaron sus copas de champagne para evocar su amor.

A pesar de que Guillermo juega de visitante en estas pampas, se movió como el más criollo conocedor de la Argentina, al punto que fue el primero en llegar al sur. El jueves, antes que nadie. Una vez allí se dedicó a esperar a la princesa. Willhem Alexander de Orange -así llaman a su futuro rey la prensa y el pueblo holandés- arribó a Bariloche el segundo día del año, veinticuatro horas antes que Máxima. En el aeropuerto, mientras fumaba un habano, esperó que su valet bajara los equipos de golf y de pesca. Justo en ese momento llegaba un grupo de chicas veinteañeras que lo reconoció y lo rodeó, ante la atenta impasividad de sus dos guardaespaldas holandeses que no detectaron peligro alguno. Las fans, en muy buen inglés, le preguntaron por Máxima. "She is coming soon" ("Ella está por llegar"), les respondió con una sonrisa. Cuando una de las chicas le pidió si le podía firmar un autógrafo en el yeso de su brazo, el heredero de la corona holandesa se excusó: "No, porque aquí estoy de vacaciones y sólo
de vacaciones
".

Un rato después, viajó en auto -un Citroën rojo- al Cumelén Country Club en Villa La Angostura, Neuquén. El príncipe no salió de la casa en todo el día. 


SIEMPRE SE VUELVE AL PRIMER AMOR.
Máxima se demoró un día más en Buenos Aires porque quiso acompañar en el dolor a su amiga y ex compañera del colegio Northlands, Florencia Di Cocco, cuya madre había fallecido el 1º de enero. Estuvieron juntas en el entierro en Pilar. El sábado, en los avisos fúnebres del diario La Nación se publicó la participación de los príncipes: "Máxima y Alex van Oranje".

El primer encuentro patagónico de los príncipes fue en el Cumelén Country Club. Se alojaron en una casa de madera y piedra patagónica, techo de tachuela de alerce con un espectacular deck con vista al parque-bosque del oeste. A quienes los reconocieron les llamó la atención la discreción, y sobre todo, lo relajados que parecieron en cuanto a las medidas de seguridad personal, ya que la casa que alquilaron se encuentra sobre la ruta y el príncipe les pidió a sus guardias que no alteraran en lo más mínimo el ritmo del lugar.

A Máxima la esperaba, además, el clan Zorreguieta casi completo: su hermano Martín y su mujer, Mariana; su hermana Inés (Inesita, que recientemente terminó la secundaria en el colegio Palermo Chico y Máxima vino para la entrega de diplomas), su tía y madrina Marcela Cerruti; y por supuesto, sus padres, Jorge Zorreguieta y María Marta Cerruti Carricart. Detrás de toda esta movida familiar había un secreto no tan secreto objetivo: cumplir con la promesa que se hicieron el 31 de diciembre de 2001, cuando Máxima y Guillermo se dieron aquel beso, el primero que dio la vuelta al mundo.

Alejandro Sangenis
fotos: Henry von Wartenberg y Pablo Passerieu

El príncipe de Orange y todos los Zorreguieta se animaron a remontar un afluente del lago Steffen para llegar hasta el río Manso, donde disfrutaron de la pesca con mosca.

El príncipe de Orange y todos los Zorreguieta se animaron a remontar un afluente del lago Steffen para llegar hasta el río Manso, donde disfrutaron de la pesca con mosca.

El apasionado beso del reencuentro de Máxima y el príncipe en los bosques del sur argentino. La custodia holandesa cuidó a los príncipes con mucha discreción. Aunque con atraso. ¡Feliz Navidad! ¡Feliz año nuevo! ¡Los queremos mucho!", brindó Máxima en el deck de la casa que alquilaron en el Cumelén Country Club, enclavado en la belleza de Villa La Angostura.">

El apasionado beso del reencuentro de Máxima y el príncipe en los bosques del sur argentino. La custodia holandesa cuidó a los príncipes con mucha discreción. "Aunque con atraso. ¡Feliz Navidad! ¡Feliz año nuevo! ¡Los queremos mucho!", brindó Máxima en el deck de la casa que alquilaron en el Cumelén Country Club, enclavado en la belleza de Villa La Angostura.

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