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Padre nuestro que estás en el banco

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Camperas. Verduras. Bloques de cemento. Bufandas. Fotocopias. Tartas. Todo junto en un cuarto, el caos. O la nada. Pero todo por separado, y convertido en pequeña industria, es un milagro. O varios: porque son trabajo (dignidad…), esperanz
a, progreso. Y lo son en manos de los más pobres, los excluidos: la peor de las llagas.

La historia empezó hace tres décadas en Bangladesh, uno de los países más castigados del planeta. Muhammad Yunus, hijo de esa tierra y economista formado en los Estados Unidos, a partir de su premisa
"es imposible salir de la miseria sin una mínima base monetaria para empezar una tarea
independiente
", reeditó el huevo de Colón: creó un banco para pobres (véase recuadro). Un banco que, sin más avales que la honestidad y la buena fe, empezó a prestarles dinero a aquellos que jamás hubieran podido siquiera entrar a un banco convencional.
Créditos de hasta 100 dólares, al principio de su propio bolsillo y casi sin interés, y a devolver en cuotas mínimas: 10, 15, 20 dólares. Cinco años después fundó el banco Grameen (significa, en bengalí, aldeas), y produjo un boom que, poco a poco, se extendió a varios países. Hoy, casi doscientas instituciones prestaron ya más de 100 millones de dólares. 

YA ESTA AQUI. En silencio, sin mediatismo, la vara mágica de Yunus llegó a la Argentina. Sus filiales armaron unos treinta programas de minicréditos o micropréstamos en todo el país, con dineros que van desde los 50 hasta los 400 pesos y que convierten a familias hasta ayer marginadas en pequeños
productores
: fabrican ropa, cultivan huertas, alquilan una fotocopiadora, compran una cortadora de césped, tejen escobas, y hasta mejoran sus precarias viviendas. Y el sábado 18 de agosto, el Arzobispado de La Plata, a través de monseñor Héctor Aguer (58), su jefe, lanzó el programa Manos Unidas, réplica del banco de Yunus. La puesta en marcha sucedió en la parroquia San Miguel Arcángel (Berisso), y el plan de préstamos recaerá sobre todo en Villa Argüello,
un doliente territorio de desocupados, chicos cercados por todo tipo de carencias, calles de tierra y casas precarias. 

El maná: cincuenta proyectos y quince créditos de 50 a 300 pesos ya otorgados a cinco grupos de mujeres. La bolsa: 4.000 pesos donados por personas vinculadas a la Iglesia (por ejemplo, cada alumno del colegio platense
San José pone un peso por mes). Las miniempresas ya decididas: fabricar bloques de cemento, trapos de piso, ropa, dulces caseros, pan, factura, sándwiches, cinturones, criar pollos, cultivar y vender verduras. El cura párroco Carlos Trillo (35), dueño de la iniciativa, dice:
"La idea es que puedan manejarse en su zona. Que cada uno venda y compre dentro del
barrio
. Los primeros movimientos serán modestos, claro, pero servirán para que esa gente, excluida en los últimos años, se reinserte en el sistema
productivo
". Y Martha Ansalas, coordinadora de los planes, completa: "No se trata de imitar a un banco. Esto es algo más: es ayudar a hombres y mujeres que habían perdido toda oportunidad, a hacer algo por ellos mismos. A recuperar la dignidad del
trabajo
".

LOS QUE EMPIEZAN. Julia Vilca (boliviana, 40) y Angel Yupanqui Paredes (42), su marido, están listos para volver a la costura:
"Vinimos a este país hace casi veinte años, trabajamos, ahorramos, y compramos algunas máquinas, pero la crisis nos paralizó. Ahora, con este préstamo de 300 pesos, vamos a hacerlas funcionar de nuevo, a comprar tela, y si hay suerte,
a mejorar nuestra vida
", sueña ella. Nancy Rodríguez (29, siete hijos) y Aníbal Villamayor (49) -marido y mujer-, junto a Alberto, un cuñado, recibieron 300 pesos:
"Con esa plata vamos a comprar cuatro máquinas bloqueras para hacer bloques de cemento. Podemos llegar a quinientos por semana, y se los vamos a vender a corralones, y también a vecinos que quieren levantar su casita.
No es fácil, pero nos sobran ganas
".

No menos entusiasmada está Susana Oddone (34, cuatro hijos): "La semana que viene empiezo a vender verdura casa por casa. Pedí 150 pesos para comprarla al mayoreo. Es un trabajo de hormiga, pero creo que
pronto tendré un localcito y una balanza…
". También de hormiga son los trabajos y los días de los peruanos Gina Pérez Graña (39) y Félix Jiménez Torres (44), que llegaron hace una década:
"Con estos 250 pesos volveremos al ruedo. Tenemos pocas máquinas, pero nos alcanzan para meterle a las bufandas, los cinturones y la ropa para
perros
". 

LAS PARROQUIAS-BANCO. La triste plegaria "una limosnita, por amor de
Dios
", veterana de las escaleras de parroquia, es capaz de transformarse en
"un minicrédito, por amor de Dios". Porque el programa funciona en las parroquias del Arzobispado de La Plata: en cualquiera de ellas, los hasta ayer fuera del circuito laboral pueden hablar con los alumnos de la Escuela de Servicio Social de Cáritas, que toman nota de los proyectos y los pasan a equipos técnicos que determinan cuánto dinero necesita cada postulante para ponerse en marcha. Una vez aprobado el crédito (que por ahora se le concede a una mujer-madre de familia
"porque demuestran mayor compromiso y son buenas pagadoras", dice Ansalas), la elegida se une a otras cuatro y forman un grupo solidario. Cada semana, un coordinador capta el avance del proyecto y aconseja al grupo, apuntando a la excelencia.
El crédito debe ser devuelto en 168 días (24 semanas), en cuotas de 2 pesos 15 centavos para los mínimos (50 pesos), y un interés anual de apenas un 9 por ciento,
"para que haya un reciclado inmediato de los fondos", aclaran los responsables. Por supuesto, se estima que algunos proyectos fracasarán. Pero la batalla no está perdida al primer disparo: en las reuniones semanales se estudian las razones, y se buscan nuevos mecanismos que reviertan la situación. Tampoco quedan derrotados los grupos que no pueden pagar una cuota:
"Siempre hay salida", dicen los coordinadores. 

EL EJEMPLO "DE ABAJO". Según el INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censo), la pobreza crece en el país a pasos de gigante: hay 15 millones de almas que sobreviven con menos de 470 pesos por familia-tipo, uno de cada dos chicos que nacen es pobre, seis mil mueren cada año por causas evitables, y sólo en la Capital y el conurbano, en un año, hay 413.000 pobres más. Frente a esta tragedia social, los minicréditos no son la panacea, pero sí una esperanza cierta. Sobre todo porque, como prueban las estadísticas,
"los pobres, contra viento y marea, pagan su deuda: en el mundo, el porcentaje de los que devuelven el crédito
es del 98 por ciento. Una cifra inédita en el mundo opulento…
", suele decir Yunus. Y bien lo sabe.

Sábado 18. Carlos Trillo, párroco de la iglesia San Miguel Arcángel (Berisso), una de las comunidades más pobres de la provincia, inaugura el programa Manos Unidas. Los feligreses fueron en busca de una esperanza.

Sábado 18. Carlos Trillo, párroco de la iglesia San Miguel Arcángel (Berisso), una de las comunidades más pobres de la provincia, inaugura el programa Manos Unidas. Los feligreses fueron en busca de una esperanza.

Aníbal Villamayor, su mujer (Nancy Rodríguez) y Alberto, un cuñado, sueñan con fabricar bloques de 
cemento

Aníbal Villamayor, su mujer (Nancy Rodríguez) y Alberto, un cuñado, sueñan con fabricar bloques de
cemento

Félix Giménez Torres, gracias al minicrédito, vuelve a fabricar bufandas, cinturones y ropa para perros.

Félix Giménez Torres, gracias al minicrédito, vuelve a fabricar bufandas, cinturones y ropa para perros.

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