«Ojalá a ningún chico argentino vuelva a faltarle comida ni educación» – GENTE Online
 

"Ojalá a ningún chico argentino vuelva a faltarle comida ni educación"

No se conocían. A pesar de las 70 cuadras que separan sus casas, Bárbara Flores (9) y Manuel Cruz (12) no se conocían. Sin embargo, ambos sabían quién era quién y sabían
al pie de la letra sus historias de vida. Esas que habían trascendido los medios (ella, penando contra la pobreza, había llorado de hambre ante las cámaras de televisión y él, trabajando como cartonero, había egresado como abanderado de su escuela) hasta hacer palpitar el corazón del país. No se conocían pero se conocieron. La convocatoria de

GENTE para la tapa de los Personajes de 2002 logró unirlos por primera vez, y aquel cercano viaje a Buenos Aires sirvió para que se encendiera la chispa de la amistad. Por eso, en vísperas de Navidad, Manu recibió a Barbie en su casa, detrás del Cementerio del Norte de Tucumán. Un encuentro emocionando del que Ana y Carmen -sus respectivas madres- y GENTE fueron testigos privilegiados:

Manuel:
-Cuando te vi por la tele llorando, me dio mucha bronca. Acá nadie se debería morir de hambre. No sé cómo los políticos dejan que pasen esas cosas. Si yo fuera un político, me preocuparía para que hubiera muchos comedores y nadie sufriera lo que pasaste vos.

Barbarita:
-Gracias -dice un poco avergonzada-. Yo a vos te admiro por lo mucho que estudiás. Soy un poco vaga para la escuela. Igual acabo de pasar a tercero. Si alguna vez no entiendo algo, ¿puedo venir para que me enseñes?
Manuel: -Por supuesto, por supuesto -saca pecho el muchachito.


-¿En qué cambiaron sus vidas luego de aparecer en los medios?
Manuel:
-Gracias a la ayuda de la gente y a las becas que me dieron pudimos empezar a arreglar la casa, un viejo sueño postergado. Pusimos rejas, revocamos y comenzamos a instalar la luz. Aunque todavía faltan muchas cosas, eso nos devolvió las ganas de crecer y progresar.
Ana (mamá de Manuel): -Nunca vamos a terminar de agradecer… Frávega nos envía 500 pesos anuales, el Gobierno provincial se comprometió a acercarnos 300 durante dos años y el supermercado Norte suele obsequiarnos 250 pesos en mercadería. Hasta hace poco me desvelaba tratando de encontrar la manera de que Manu siguiera estudiando, y ahora tiene asegurado hasta quinto año, gracias a que el Instituto Peter Pan lo becó con cuota, transporte y uniforme gratuitos. Un gran alivio.

Barbarita:
-A nosotros también nos ayudaron bastante, en especial personas desconocidas que merecen ser nombradas, como el embajador de Malta; Rodolfo, de Zárate; doña Adriana, de Buenos Aires, y Gloria, del Chaco. Los políticos no nos dieron nada.

Carmen (mamá de Barbarita):
-¿Sabe lo que pasa? A Manu el Gobierno lo becó porque es un orgullo para Tucumán. En cambio, el llanto desconsolado por hambre de Barbie representa lo opuesto. Nos dieron la espalda porque para los políticos Manuel es un ejemplo y mi hija una vergüenza. Tampoco alcanzan las donaciones, que desde luego recibimos de muy buen manera. Nos encantaría que la gente continuara ayudándonos. Aunque, a decir verdad, lo único que pedimos es trabajo para mi marido.

Ana:
-¿Puedo arrimarle un consejo, Carmen, sin que lo tome mal?

Carmen:
-Por supuesto.

Ana:
-Yo salgo a trabajar desde que tenía la edad de Barbarita. Mis hijos nunca pasaron necesidades extremas, porque cuando me apretó la crisis, partí a la cosecha del limón para que no les faltara nada. Trate de hacer como nosotros: no espere de nadie y arranque con un carrito, como lo hizo mi mamá, como lo hice yo y como lo hace Manuel. Verá cómo de a poco la cosa mejorará.

Carmen:
-Pero, Ana, te repito, lo único que pedimos es una vacante de mozo para Samuel, mi esposo. Cuando él trabaje no tendremos necesidad de recibir nada.

Ana:
-Nosotros, al igual que ustedes, nos cansamos de pedir trabajo, pero nadie nos dio nada. Al negocio del cartón decidimos agregarle la venta de pan casero. Ahora conseguí un trabajo estable en una casa de familia, que me tranquilizó el ánimo y el bolsillo. No obstante, una vez a la semana sigo juntando cartones con Manuel.

Carmen:
-Nosotros también juntamos cartones, pero la escasez hizo que pronto desistiéramos. Samuel ha invertido el dinero del Plan Trabajar en la venta de condimentos y espirales. Esperamos que nos vaya un poco mejor, pero es jodido sumar 6 o 7 pesos en la calle. No siempre estuvimos así, Ana. A nosotros la crisis nos hundió cuando mi esposo perdió su empleo. Hasta entonces nunca nos había faltado qué comer. En mi casa todo lo que hay se reparte en partes iguales, ninguno come más que el otro, a menos que hablemos de los pibes. Priorizamos a los más chicos, aunque a veces los grandes apenas probamos bocado.

-Barbarita, ¿sabías que hubo muchos chicos tucumanos como vos que terminaron muriendo de hambre?

-Sí. Gracias a Dios yo no me morí de hambre.
-Cuando vi eso, me agarró tanta bronca como cuando la vi a ella llorar por televisión -apuntala Manuel.


-¿Y qué sueños tienen para 2003?
Barbarita:
-Que ninguno de mis hermanos se enferme.

Manuel:
-Aprender computación y terminar la casa. Todavía nos falta el baño, y sería lindo una pieza más para no estar tan amontonados.

El momento de la despedida se aproxima. Manuel arremete: "No quiero que se vayan de casa sin que antes levantemos las copas", y corre hacia la heladera para sacar gaseosas y unos sándwiches: "¡Salud! ¡Salud! Ojalá a ningún chico argentino le vuelva a faltar comida ni educación", dice, y las madres se unen. Entonces, en el umbral de su modesta casa, el cartonerito se le acerca a Barbarita como si fuera su hermano mayor: "Todos, Barbie, todos merecemos una oportunidad. Nunca te olvides de que las cosas no se hacen porque son imposibles, son imposibles porque no se hacen. Tampoco te olvides de que la única manera de salir de pobre es estudiando. Y no dudes en buscarme si alguna vez te puedo ayudar". "Gracias, Manu
-acepta ella, y sorprende-. "Prometo estudiar más el año que viene. Aunque no sé si algún día llegaré a ser como vos".

Bárbara asegura que lo mejor que me pasó en el año fue: Mejorar nuestra casa, gracias a la ayuda de la gente. Ahora, cuando llueve, con mi familia ya no nos mojamos. Lo más lindo: conocer a Bandana". Manuel, por su parte, elige: "Que me becaran, porque tenía ganas de seguir estudiando. Y conocer la cancha de River". ">

Bárbara asegura que lo mejor que me pasó en el año fue: "Mejorar nuestra casa, gracias a la ayuda de la gente. Ahora, cuando llueve, con mi familia ya no nos mojamos. Lo más lindo: conocer a Bandana". Manuel, por su parte, elige: "Que me becaran, porque tenía ganas de seguir estudiando. Y conocer la cancha de River".

Manu y Barbie en la casa de él, con sus sonrisas y el árbol de Navidad como grandes protagonistas. ¿Fito Páez era el que cantaba 'Quién dijo que todo está perdido?'. Nosotros todavía tenemos fe en que las cosas cambien, especialmente para los pibes", sostienen a dúo.">

Manu y Barbie en la casa de él, con sus sonrisas y el árbol de Navidad como grandes protagonistas. "¿Fito Páez era el que cantaba 'Quién dijo que todo está perdido?'. Nosotros todavía tenemos fe en que las cosas cambien, especialmente para los pibes", sostienen a dúo.

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