“Nunca pensé que llegaría a los cincuenta” – GENTE Online
 

“Nunca pensé que llegaría a los cincuenta”

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En Puiggari rige la ley seca. Es imposible conseguir una botella de alcohol en todo el pueblo. Ni siquiera cerveza. ¡Si hasta los hoteles ofrecen una canasta con frutas como frigobar! No hay pulperías, bares, pubs, ni discos no bien asoma la primera estrella. Los turistas desprevenidos que pretendan pasar sus horas pitando bajo la luz de la luna descubrirán que tampoco se venden cigarrillos. Porque Puiggari es, además, “una ciudad libre de humo”. Aquí manda la comunidad adventista, que construyó su propia universidad, una biblioteca que asimismo imprime la palabra de Dios y Vida Sana, un reconocido centro de salud.

Un refugio en el mundo. Pancho Dotto descubrió Puiggari hace una década. Llegó devastado por el efecto Tequila y un sueño frustrado llamado Dotto Beach. Entre pastores alcanzó un primer equilibrio y consiguió librarse definitivamente del cigarrillo. Quedó maravillado por el lugar y repitió sus visitas después de cada temporada de verano en Punta. En marzo de 2002, durante una de sus caminatas terapéuticas junto a su novia Carolina Gimbutas, descubrió un puñado de hectáreas con un rancho mínimo sobre una loma casi virgen. Doce horas después firmó el boleto de compra-venta. Montó alambrado de tres hilos y lo bautizó El Refugio. Transformó el modesto rancho en una casa exquisita y construyó dos tanques australianos con sus respectivos molinos, un prolífico gallinero, una típica pulpería y un corral para una tropilla de caballos criollos. Allí, el sábado 15 –“sin ánimo de ofender y con el permiso de las autoridades de la ciudad”– celebró su primer medio siglo de vida.

La fiesta interminable. Lo de Dotto recrea una kermesse de pueblo. El parque fue decorado con 650 banderines y 175 bombitas de colores. La agenda propone un comienzo típico: “Mateada campestre desde las 6 AM”. Hay bombillas para 300 invitados, aunque son pocos los que amanecen con el sol. La mayoría comenzará a llegar al mediodía, en los más diversos medios de transporte. Los gauchos vienen “de a caballo”. Los vecinos de Puiggari prefieren las bicicletas. Federico Bonomi –dueño de Kosiuko– aterrizó luego de un intrépido vuelo rasante. Y el empresario Juan Navarro manejó su propia camioneta Porsche desde Buenos Aires.

Los paisanos de la Agrupación Tradicional Alemana de Aldea Villa Valle María coordinan las actividades ecuestres: cabalgatas y paseos en carros rusos. Mientras, veinte parrilleros asan 250 kilos de carne, entre costillares y chivitos. El menú será luego reforzado por dos lechones al spiedo que prepara una familia de gitanos, 200 empanadas entrerrianas (con coliflor) y otras 300 recién llegadas de Tucumán (sin papa, claro). Los responsables de la pulpería ofrecen 100 kilos de salamines, quesos de campo, y vino tinto de las bodegas Del Fin del Mundo y Rutini. A las diez de la mañana, sobre un escenario improvisado por fardos, comienza la maratón del folklore. A pura chamarrita, chamamé, huella y chacarera. Con danzas típicas y shows humorísticos. El festival de la tradición sólo será interrumpido por el excitante desfile de las pasistas de la batucada Obrigado Batería, de Diamante. La fiesta es de tranqueras abiertas y pronto convergen en la pista de tierra paisanos, chinas, modelos, gitanos, celebrities, empresarios, fashion victims, las pasistas semidesnudas… Y Charly Alberti, que tuvo que soportar a más de un gaucho desorientado que le propuso: “Venga y cántese algo, chamigo”. Pancho viste botas de cuero, jeans, camisa, pañuelo al cuello y una boina vasca. Toma el micrófono y se despacha con un breve discurso. Agradece a sus invitados, vuelve a disculparse con los vecinos adventistas y dispara: “Nunca pensé que llegaría a los cincuenta”. No hubo lugar para el chisme, aunque algunos se codearon cuando irrumpió en El Refugio Carolina Gimbutas, su ex.

Alguien tiene que ceder. Tendido sobre su cama, Pancho dice que le duele la espalda. Mientras charla con GENTE, afuera sigue la fiesta.

–¿Por qué jamás imaginó llegar a los cincuenta?
–Porque sufrí muchos accidentes. Y fui hipocondríaco hasta los veinticinco. Siempre pensaba que tenía algo en el corazón o en los pulmones. Todo eso me hacía presentir que iba a morir joven. Además, cuando me metí en el vértigo del trabajo sufrí muchos picos de estrés.

–¿En qué momentos se siente un cincuentón?
–Cuando me duele la espalda, cada vez más seguido. A mi edad debo poner la cabeza y no el cuerpo… Soy modelo 1955, vengo con caja de tercera. Y ya no puedo correr como una Ferrari. Pero soy muy obsesivo y muchas veces me extralimito.

–¿Hizo “memoria y balance” de este medio siglo?
–Nada. Ahora sólo debo pensar cómo quiero vivir el futuro. Ya hice todo lo que tenía que hacer: formé la empresa que siempre soñé, descubrí a las modelos más importantes de la Argentina y me conocen en todo el mundo. No tengo que demostrarle nada a nadie. Sólo necesito buscar un equilibrio para mis últimos diez años de energía.

–Es curioso que reconozca el paso del tiempo: siempre anda con novias mucho más jóvenes…
–Sólo tuve novias más chicas. ¿Viste Alguien tiene que ceder? Cuando vi la película pensé: ojalá me pase lo mismo que a Jack Nicholson. Porque tengo la misma limitación que su personaje para poder enamorarme o establecer un vínculo sentimental con una persona de mi edad.

–¿Acaso está buscando una de cincuenta?
–No, para mí sería imposible. Me asustaría como Jack Nicholson cuando ve desnuda a Diane Keaton. Yo me acostumbré a verme en el espejo, pero mi espejo de pareja es una mujer de treinta. Me encantaría volver a enamorarme, pero mis fracasos sentimentales me enseñaron que le tengo que dedicar más tiempo a mi mujer. No sólo una casa y un auto, sino una relación humana más estrecha.

–¿Aún mantiene la fantasía de tener hijos?
–Quiero construir algo sólido, para sentirme bien conmigo. Mis éxitos deben empezar a ser personales, no sólo profesionales. No quiero decir las mismas pavadas que antes, cuando repetía: “A los cincuenta quiero estar con mi hijo”. Acepto la vida que forjé. A mi edad debería tener un hijo de veinte, pero sigo soltero.

–¿Cómo explica que el hombre mejor rodeado de la Argentina aún viva con su madre?
–Esto parte de un problema familiar. No tengo una buena relación con mi padre, que no fue invitado a esta fiesta. A él le adjudico toda esta deformación de vivir buscando la aprobación a partir de los éxitos laborales. Mi padre es mi talón de Aquiles. A los 14 años le dije a mi madre: “Separáte”. Y me fui de casa. Pero recién hace un par de años ella me pidió un departamento. Yo le ofrecí algo mejor: que se viniese a vivir conmigo. Y cuando yo estaba con Carolina compartíamos los tres el mismo techo.

–A propósito, algunos invitados se codearon cuando llegó Gimbutas…
–¿Sí? Nunca terminé mis relaciones por haber engañado a mis novias con otras mujeres. Pero sí las engañé con mi laburo. Les decía: “Ya vamos a tener tiempo, ya vamos a tener un hijo, ya nos vamos a casar”. En noviembre pasado, Carolina me dijo: “Hace tres años y medio que vivimos juntos. ¿Qué pensás hacer?”. Y no supe qué contestarle. Ella después formó otra pareja y, cuando la ves en una revista, pareciera que está llevando una vida más normal.

–No debe ser simple para usted ver a su ex con otro hombre en una revista.
–Todos tenemos un sentimiento de pertenencia hacia la mujer con la que vivimos cosas importantes… Pero a Carolina deberían condecorarla por haber estado tres años y medio conmigo. No es fácil bancarse a un loco, a un adicto al laburo. Pero que ella esté acá habla de la buena relación que siempre tuvimos.

–¿Le molesta la imagen de dandy que muchos tienen de usted?
–Es sólo folklore. Yo soy un tipo normal que se dedica a descubrir modelos. El resto es una fantasía. Es imposible sostener una empresa y ser un dandy. ¡Isidoro Cañones no laburó nunca!

La fiesta terminó después de la medianoche. Cada uno de los invitados recibió como souvenir un salamín casero envuelto en papel madera con la inscripción: “Gracias por compartir este día tan especial en un lugar tan particular para mí como El Refugio”. Pancho está exhausto pero feliz. Y, en la despedida, dice que ya tiene planes para su segundo medio siglo de vida.

Pancho posó frente a la tranquera de <i>El Refugio</i> junto a algunas <i>beauties</i> de su staff. “<i>Formé la empresa que siempre soñé. Pero a partir de ahora mis éxitos tienen que empezar a ser personales, no sólo profesionales</i>”, dijo.

Pancho posó frente a la tranquera de El Refugio junto a algunas beauties de su staff. “Formé la empresa que siempre soñé. Pero a partir de ahora mis éxitos tienen que empezar a ser personales, no sólo profesionales”, dijo.

Dotto sopló velitas junto a su hermana, Mónica, y su madre, Teresa Melinger.

Dotto sopló velitas junto a su hermana, Mónica, y su madre, Teresa Melinger.

Las nuevas <i>beauties</i> de Dotto Models posaron junto a los dos lechones al spiedo que preparó una familia de gitanos.

Las nuevas beauties de Dotto Models posaron junto a los dos lechones al spiedo que preparó una familia de gitanos.

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