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"No voy a parar hasta saber la verdad"

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"Está muy, pero muy mal", dicen sus íntimos. Casi no habla ni atiende el teléfono. Tampoco quiere recibir visitas. Llora por cual
quier cosa. Por primera vez, por consejo médico (e insistencia de su familia), aceptó tomar sedantes para dormir.

"Estuvo casi cinco días durmiendo una o dos horas nada más. Se despierta sobresaltada. Se hace preguntas que nadie puede
responderle
", comentan en su entorno. "Y ella hoy tiene que estar sana por sus
hijos
", agregan. Tampoco quiere comer, salvo un caldito que le acercan cada tanto.
"Está reflaca", aseguran. Así transcurren los días de Georgina Barbarossa desde el viernes 2 de noviembre, cuando su marido Miguel el Vasco Lecuna (56) fue asesinado de varias puñaladas en un taxi, en un episodio confuso y extraño, que aún no fue esclarecido, y del cual existen pocas pistas y demasiados interrogantes.

A medida que pasan los días, y que el shock y la angustia del primer momento va cediendo, el asesinato de su marido se convirtió para Georgina en una obsesión. Una obsesión casi insoportable.

"No voy a parar hasta saber la verdad. No voy a permitir que este horror quede
impune
", le dijo a GENTE en un breve diálogo telefónico. "Es macabro, es macabro", repitió con voz entrecortada. Por eso, a pesar de los consejos de su terapeuta Marta Kapustin -que no se separa de ella ni un solo instante-, el domingo 4, la conductora quiso volver a la esquina de Sánchez de Bustamante y Gorriri, donde tiraron el cuerpo agonizante de su marido, y donde aún quedan restos de su sangre. No se contentó con eso: se acercó al quiosco de la esquina para averiguar algún nuevo detalle, y fue puerta por puerta tocando el timbre de los vecinos, buscando lo mismo. Finalmente, a punto de desvanecerse, su madre, Susana, la obligó a volver al auto que la había llevado hasta el lugar.
"Esto es solo el comienzo -confesó un íntimo-. Van a ver que no va a tener paz hasta esclarecer
todo
". Y también, el miércoles 7 de noviembre, pidió que la llevaran hasta la villa La Cava, para abrazar a los chicos del comedor La Casita de la Virgen, que ella apadrina. Con Julio, el laico que cuida de estos chicos, Georgina pasó algo más de una hora y media hablando a solas. El, cada tanto, le tomaba las manos y le acariciaba la cabeza.

En medio de la angustia y la confusión, Georgina se refugió en el paisaje de las sierras de Córdoba, el que eligió con el Vasco para construir la casa donde soñaban con vivir en el futuro.

En medio de la angustia y la confusión, Georgina se refugió en el paisaje de las sierras de Córdoba, el que eligió con el Vasco para construir la casa donde soñaban con vivir en el futuro.

Vine a festejar el cumpleaños de los mellizos porque esto es lo que hubiera querido el Vasquito.
El estaría muy feliz viéndonos"
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"Vine a festejar el cumpleaños de los mellizos porque esto es lo que hubiera querido el Vasquito.
El estaría muy feliz viéndonos
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