«No sólo de pan han de vivir mis chicos» – GENTE Online
 

"No sólo de pan han de vivir mis chicos"

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"Vivir se debe la vida de tal suerte, que viva quede en la muerte".
(José de San Martín)

Llueve con furia este viernes, este octavo día de noviembre, cuando ella, con los brazos abiertos, sin pompa, sin discursos, sin promesas, ejecuta un acto sagrado: funda una biblioteca.

Suceden, la lluvia, la mujer y los libros, en un punto de nombre Los Piletones, Villa Soldati, y la biblioteca no tiene un nombre convencional, previsible, literario.

No es un nombre, en realidad: es un juramento de lucha, de compromiso y de fe. Porque se llama Apostando al Futuro. Tres palabras que nunca faltan en las tribunas políticas, claro.

Pero mientras en esas tribunas suenan a hueco y son huecas, aquí son carne, sangre y verdad. Porque no las pensó y las escribió un equipo de prensa, marketing, construcción de imagen o como se llame. Las pensó y las escribió, desde su tercer grado elemental cursado a duras penas en una escuela de barro de Añatuya, Santiago del Estero, Margarita Barrientos.

La misma que el 7 de octubre de hace seis años, en esta calle que entonces era tierra y hoy asfalto, un viejo y quince chicos golpearon la puerta de su casa y le pidieron comida.

Nada le sobraba, nada, a Margarita Barrientos ese día, ni nada le había sobrado en sus 35 años, su éxodo a Buenos Aires con sólo 12 cumplidos, su casamiento con Isidro, los primeros de sus nueve hijos. Pero les abrió la puerta y, a su manera, multiplicó los panes y los peces.

Y nada le sobra ahora, a sus 41, pero su mesa, su apostólica mesa, llena cada día -mañana, tarde y noche- las bocas de mil seiscientas almas (ni una menos…), y otro milagro terreno ejecuta: este punto, que fue una villa, es un barrio, "para que mis hijos y los hijos de mis vecinos no se sientan discriminados", dice. Sin énfasis, sin micrófono, sin mirar a las cámaras ni pensar en las urnas.

Apenas se atreve, sin alzar la voz y cuando se lo piden, a urdir su inventario: "Y…, ahora tenemos el comedor Los Piletones, la guardería San Cayetano, el centro de salud Angela Palmisano, el centro para abuelos José Silva y… bueno, desde hoy, la biblioteca con dos mil trescientos libros que nos han donado, señor. Porque no todo es comer, ¿sabe? Mis chicos no sólo han de vivir de pan, señor. Y si los chicos leen, a lo mejor llegan adonde yo no pude… Después de todo, también hicimos el centro de salud, y no somos médicos…". 

Inevitable, la palabra "crisis", sus heridas, sus víctimas, se eleva sobre los truenos de la mañana. Pero Margarita Barrientos, dama, señora y acaso reina, sonríe, y desgrana: "La crisis, sí, la crisis… Pero cuando uno quiere… Aquí no había nada, y hoy tenemos médicos, psicólogos, dentistas, y hasta una farmacia comunitaria. No me pregunte cómo lo hicimos. Aquí está, simplemente…". 

Nueve hijos de su carne no le bastaron, y adoptó otro, y aun así cobija a tres nietos y a otros diez chicos "todos bajo el mismo techo, sí. Porque tanta necesidad pasé a la edad de ellos, que cuando me acuerdo… Pero el pasado ya pasó. Y cada vez que tiendo una mano, me siento recién nacida…". 

Después, a paso lento y orgulloso -orgullo interior, dignidad, no actuación mediática- recorre su módica Alejandría, mira los estantes y los lomos -trajinados algunos, nobles todos-, y los ojos se le encienden en la piel oscura.

Su módica Alejandría de Villa Soldati, con dos mil trescientos libros ya, y esperando más, a muy pocos kilómetros del centro de una Buenos Aires intoxicada de discursos que tardó tres décadas (¡!) en abrir las puertas de su Biblioteca Nacional.

Mañana, cuando el primer chico entre al templo y sus manos busquen el primer libro y sus ojos descubran al héroe y al malvado, y el suspenso lo atrape, Margarita Barrientos, que tal vez no leyó la historia oficial de José de San Martín (también un hombre de piel oscura y ojos de fuego), sin saberlo, habrá cruzado Los Andes, habrá libertado pueblos, y seguirá viviendo de tal suerte, que viva quedará más allá de sus días mortales.
Margarita Barrientos. Sólo una mujer. Apenas una mujer. Salúdela de pie.

Libros. Dos mil ahora, y los que esperamos que nos donen", dice Margarita Barrientos. Ella y sus chicos hacen honor al nombre de la nueva biblioteca: Apostando al Futuro.">

Libros. Dos mil ahora, "y los que esperamos que nos donen", dice Margarita Barrientos. Ella y sus chicos hacen honor al nombre de la nueva biblioteca: Apostando al Futuro.

Margarita con Isidro, su marido, y algunos de sus hijos y nietos. En Los Piletones no sólo hay comedor, guardería y un lugar para ancianos: también centro de salud con médicos especialistas.

Margarita con Isidro, su marido, y algunos de sus hijos y nietos. En Los Piletones no sólo hay comedor, guardería y un lugar para ancianos: también centro de salud con médicos especialistas.

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