“No sé si volveré al Africa. Pero cuando pienso en esos pobres chicos…” – GENTE Online
 

“No sé si volveré al Africa. Pero cuando pienso en esos pobres chicos...”

Los voluntarios miden los riesgos de las misiones que cumplen, y no reclamarán para sí mismos ni para sus allegados compensación alguna”.

(De la Carta Magna de Médicos Sin Fronteras)
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En agosto pasado, a los 25 años, Pilar Bauzá Moreno dejó casa y familia para embarcarse en una misión comunitaria. O mejor, un apostolado. Militar en el programa de nutrición y asistencia en la región del puerto marítimo de Bossaso, norte de Somalia, para tratar de salvar a chicos desnutridos de Africa, bajo la supervisión de Médicos Sin Fronteras, una ONG fundada en Francia (1971) por un grupo de profesionales cuya premisa es: “Todo el mundo tiene derecho a asistencia, cualquiera sea su país y su condición social”. Y Pilar, egresada de la Universidad Austral como enfermera especializada en Pediatría, aceptó ese lema casi hasta más allá de la vida…

EL SECUESTRO. El jueves 26 de diciembre a las nueve menos cuarto de la mañana, la camioneta que la llevaba al centro de atención de chicos desnutridos con la médica española Mercedes García, un chofer y un intérprete, fue detenida por seis hombres armados con fusiles automáticos. Golpearon al chofer, y un minuto después, Pilar y Mercedes eran dos prisioneras con rumbo desconocido… Destino final: las escarpadas montañas del norte de Somalia, en la remota, apenas conocida zona autónoma de Puntlandia. Objetivo de los secuestradores: lograr un rescate 250 mil dólares. O de lo contrario, la muerte. Conocido el ultimátum, el martes 2 de enero, luego de una tan rápida como firme gestión del gobierno español, los secuestradores las liberaron sanas y salvas.

LA BUENA NUEVA. ¡Hola, mamá! No se preocupen más… ¡Estoy bien!”, dijo (gritó) por teléfono Pilar desde un hotel de Bossaso. Patricia, su madre, maestra de escuela, creyó estar frente a un milagro, luego de una semana de angustia, lágrimas y vigilia… Luego le pasó la llamada a Carlos, contador, el padre de Pilar, que cuando su hija anunció su misión, le advirtió: “Leo mucho sobre política internacional, y estoy muy preocupado por tu entusiasmo… Pero está bien: todos te apoyamos, porque comprendemos que es tu vocación”.

El teléfono siguió pasando de mano en mano y de llanto en llanto de alegría por sus cinco hermanos: Hernán (37), Matías (34), Soledad (30), Rosario (27), y José (24). Y al final, la luminosa promesa: “Quiero volver a casa en cuanto pueda, y abrazarlos a todos”.

EL LARGO CAMINO A CASA. Ninguno de sus muchos viajes se le hizo tan interminable, y tampoco tan emotivo. Llegó, agotada, a Madrid, y apenas pudo creer que en el aeropuerto la esperaran más de una decena de periodistas. “Esto no va a pasar en Buenos Aires”, pensó. Pero el viernes, Ezeiza fue un revuelo. Todos los medios, y decenas de desconocidos, la rodearon. Todos querían conocer su vida, su historia, cada minuto de los siete días de secuestro. Las inevitables preguntas fueron: “¿Tuvo miedo? ¿Cómo la trataron? ¿Pensó que la matarían?”. Y dijo lo mismo que ya había definido en el primer contacto con su familia: “Estoy muy contenta por mi decisión de ir al Africa… Atendimos a chicos de un año y medio que pesaban apenas tres kilos. Algo espantoso que muy pocos se imaginan. . Por suerte, muchos engordaron y salieron adelante. A veces, lo confieso, dan ganas de bajar los brazos ante tanta adversidad. Hay mucha corrupción: Es como querer vaciar el océano con una cuchara. Pero…”.

ESOS SIETE DIAS… fueron así, según Pilar se los contó a sus padres y sus hermanos: “Todo fue bastante duro y agotador. Cuando esos hombres armados nos cerraron el paso, no pensé en un secuestro. Pero cuando nos pasaron a mí y a Mercedes a otra camioneta, temí lo peor. Con todo, y a pesar de lo terrible que es un secuestro, reconozco que nos trataron bien. Nos dieron de comer, nunca nos golpearon, y fueron amables con nosotras. Pero lo peor es perder la noción del tiempo. Cuando empecé a vivir esa sensación, me quebré, y recé mucho para poder volver a casa, estar con ustedes y decirles lo mucho, muchísimo que los quiero…”.

El rebote del caso fue impresionante. Decenas de páginas de Internet se inundaron de elogios: “Pilar es un ejemplo que todos deberíamos seguir”; “Nos dio una lección de coraje”; “Hay que nombrarla Mujer del Año”, etcétera. El frente de su casa de Bella Vista reunió a una muchedumbre. Adentro, ella se sentó a la mesa familiar por primera vez en meses y celebró su comida favorita: “Pollo al horno con papas, hecho por mamá. Creí que nunca volvería a vivir este momento… ¡y este plato!”, les dijo. Uno de sus hermanos destapó un buen vino tinto, y –aunque tarde– brindaron por un Feliz Año Nuevo, un 2008 que pudo ser sombrío, pero que de pronto fue radiante…

Al otro día, la invasión: sus amigas del secundario, cargadas de tortas, gaseosas, caramelos Sugus, cholocates Marroc –sus golosinas preferidas–, y decididas a celebrar el cumpleaños número 26 de Pilar. Que fue el 26 de noviembre, cuando ella estaba en la remota Bossaso…, pero que “más vale tarde que nunca”, dijeron ellas a coro…

DOMINGO DE GRACIA. Sí. Domingo 6, Día de Reyes. Los Bauzá madrugaron y pusieron proa a la parroquia de San Francisco Solano. Misa. Agradecieron “a Médicos sin Fronteras, a la cancillería, al gobierno de España, a nuestro Obispo, nuestro Párraco, amigos y medios de comunicación”. Y después, en ese primer mediodía que pudo no haber llegado nunca… ¡pastas! Otra tentación de Pilar. Por supuesto, ya en la agonía de la sobremesa, le preguntaron cómo seguirá su vida. No para influirla: sólo para saber. Porque la conocen: la última palabra fue y es siempre de ella…
¿Volverá al terrible y castigado mundo que eligió? ¿Se arriesgará a una segunda versión del drama? Ese domingo, en esa mesa y ante su gente, dijo: “Voy a tomarme un tiempo para decidir si vuelvo a trabajar en Africa. Por ahora estoy aquí, y este momento con ustedes es único y maravilloso. Después, Dios dirá. Pero cuando pienso en esos pobres chicos…”.

A 300 kilómetros de allí, en Rosario, Aitor Zabalgogeazkoa, el director de Médicos sin Fronteras, decía de ella: “Pilar es un ejemplo para todos. Un ejemplo para el mundo”. Porque, como dijo la Madre Teresa de Calcuta: “Hay que dar. Dar siempre. Dar hasta que duela”.

Viernes 4: Pilar Bauzá Moreno saluda, manos en alto, en la puerta de su casa familiar en Bella Vista, a los vecinos que se acercaron a saludarla. Con ella y feliz, Hernán, su hermano mayor.

Viernes 4: Pilar Bauzá Moreno saluda, manos en alto, en la puerta de su casa familiar en Bella Vista, a los vecinos que se acercaron a saludarla. Con ella y feliz, Hernán, su hermano mayor.

Pilar con un chico que atendía en el centro de ayuda supervisado por la organización Médicos Sin Fronteras.

Pilar con un chico que atendía en el centro de ayuda supervisado por la organización Médicos Sin Fronteras.

Pilar con Rosario, una de sus hermanas, en el micro que la llevó desde Ezeiza hasta su casa. Con Carlos, su padre, y el canciller argentino, Jorge Taiana.

Pilar con Rosario, una de sus hermanas, en el micro que la llevó desde Ezeiza hasta su casa. Con Carlos, su padre, y el canciller argentino, Jorge Taiana.

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