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"No quise matarlo, no sabía lo que hacía"

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El disparo retumbó en la lujosa habitación, y los testigos que
estaban en la

entrada del barrio privado Hindú, a más de trescientos metros de la casa,
aseguran que oyeron el estallido. Era la 1:45 del martes 29 de julio, y lo que
al parecer iba a ser una fiesta de sexo y alcohol terminó con la vida del
abogado Jorge López Orbea (58). Aunque la víctima se retorcía de dolor y el aire
estaba "viciado de olor a pólvora" -como lo definieron los primeros testigos-,
Solange María Belén Inoue (24) todavía pensaba que el hombre la estaba
engañando. Enceguecida por el odio, caminó un par de pasos y, con la misma arma
-una escopeta doble caño de caza Pietro Baretta calibre 12- le pegó un par de
culatazos en la cabeza. Para terminar la faena, y antes de que el cuerpo se
desplomara contra el piso, comenzó a darle patadas en el rostro. El ataque de
ira tuvo su fin cuando el escribano Ricardo Luis Machiavelo (59) entró
desesperado a la habitación: "¡Que hiciste, Soli!", alcanzó a decir y,
posiblemente, estos gritos, sirvieron para traerla a la realidad. Fue ahí cuando
esa joven menudita, de 1,60 metro y madre de dos hijas, vio cómo la sangre
corría por el piso entarugado de madera y se desesperó. "¡Perdoname, no quería
matarte! ¡Por favor, perdoname!
", dijo entre gritos. López Orbea, con el último
hilo de voz, alcanzó a decir: "Está bien, quedate tranquila. Ahora sólo quiero
descansar...".

UNA HISTORIA DE AMOR Y DE ODIO. Solange nació el 11 de marzo de 1979 en San
Fernando, pero hasta los 22 años vivió y se crió en San Isidro. Hija de un
prestigioso jurista, realizó sus estudios secundarios y se recibió de bachiller
con medalla de honor en el Instituto privado Santa María de la Cruz. Su sueño
era recibirse de abogada y junto a Alicia, su madre, se inscribieron en la UBA
para cursar las primeras materias del CBC: "Me ofrecí a ayudarla, y la mejor
manera era cursando con ella"
, cuenta Alicia y agrega: "Pero nos anotamos con
unas semanas de diferencia y nos mandaron a distintos turnos"
. El primer
embarazo de Solange la obligó a abandonar sus estudios y un año después, cuando
decidió volver a empezar, la noticia de una nueva hija volvió a postergar sus
ansias juristas. Al poco tiempo se separó de su pareja y se mudó. Junto a su
madre y su hermano alquilaron una casa en Beccar. Empezó a trabajar como mesera
en un club. Y ahí fue donde conoció a la persona a quien, tres años después, le
iba a arrancar la vida de un escopetazo en el pecho.

PROMESA INCUMPLIDA. "Vos tenés que volver a estudiar derecho y yo te voy a
ayudar a conseguir un trabajo que te permita cursar las materias que te quedan".

En el bar del Club Náutico Bouchard, de Vicente López, Jorge López Orbea,
abogado, soltero, que vivía junto a su madre en Santa Fe 1159, realizó una
promesa que nunca llegó a cumplir pero que le sirvió para iniciar una relación
que terminaría al poco tiempo. "Salimos cuatro o cinco veces y aunque me acosté
con él, nunca fuimos novios
-dijo Solange en su declaración testimonial-. Yo lo
llamaba por el trabajo que me había prometido, y cuando me di cuenta de que me
estaba usando, cortamos
". Por intermedio de Orbea, la chica conoció al
escribano, su actual pareja. "Ricardo y Jorge eran íntimos amigos porque los dos
son militares y frecuentaban los mismos lugares. Lo que yo sé es que él es
escribano de la policía y también le había prometido un trabajo
-confesó una
amiga-. Se veían tres veces por semana en la casa de Don Torcuato. Ella estaba
sorprendida por cómo la trataba el Jefe
-así le gustaba que lo llamaran- y lo
único que le molestaba era que, además de ser separado, tenía su propia pareja a
la que todos conocían. De todos modos, nunca lo consideró su novio. Estaba a su
lado con la esperanza de que le consiguiera un buen trabajo y de paso tenía una
persona que la ayudaba económicamente".

Aunque los dos hombres eran muy amigos, una pelea en el Casino Flotante terminó
por separarlos: "Solange cambió algunas fichas y, en el camino, el abogado se
quedó con la mitad. Perdió todo y le tuvieron que dar más fichas. Ella entonces
le contó lo que estaba pasando a Machiavelo, le insinuó que su amigo lo estaba
viviendo y los hombres dejaron de frecuentarse
-relató otro amigo-. No volvieron
a verse hasta el día del crimen".

LA NOCHE TRAGICA El celular de Solange sonó cerca de las 22 y el llamado de
Ricardo la sorprendió: "Te espero a las 23 en La Biela". La pregunta de la chica
no se hizo esperar: "¿Pero no es que vos los lunes te encontrás con la gente del
Liceo Militar?". "Sí, pero esta noche va a ser especial"
, fue la respuesta del
Jefe. La chica tomó un remis, y cuando entró al lugar vio a Jorge López Orbea
sentado a la barra. Salió, pero en la puerta se chocó con el escribano.
Entonces, entraron juntos. "Ellos tomaron varios whiskies y se recriminaron el
tiempo que estuvieron sin verse
-contó la chica en su declaración-. Yo me tomé
tres cafés y una soda y a los pocos minutos Ricardo me dijo que le íbamos a
buscar una chica a Jorge".
A bordo del Mercedes-Benz de Machiavelo llegaron
hasta la puerta de la whiskería Puerto Colón, ubicada en Las Heras 2435, y ella
se negó a bajar. "Mirá cómo estoy vestida, no me van a dejar entrar", protestó y
se quedó en el auto. Pero a los pocos minutos, Ricardo volvió y la convenció.
Adentro, los dos hombres estaban acompañados por María y Soledad, "dos coperas",
como se definieron ellas mismas ante el fiscal. A los pocos minutos, Jorge le
tocó el hombro a Solange, ella lo insultó y Orbea, ya con varias copas encima,
la tomó del cuello y amagó pegarle con el puño cerrado en la cara. "Tuvo que
intervenir el personal de seguridad para que me soltara",
dijo Solange. Y en
medio de una crisis de llanto narró: "Agarré mi cartera, le devolví la llave y
me fui. Cuando llegué a la esquina me faltaba el aire y me desmayé. Unos vecinos
del lugar me dieron agua, y como no podía caminar, volví para que Ricardo me
llevara al médico"
. Solange se sentó al lado del acompañante, Jorge lo hizo en
el asiento trasero con las otras dos mujeres. Así llegaron hasta el chalet de
Don Torcuato. Adentro, presa de una crisis nerviosa, la chica corrió hasta el
baño y se encerró. A los pocos minutos, María y Soledad fueron a ver qué pasaba.
Cuando entraron, la vieron desencajada, en un mar de lágrimas. De pronto Solange
las apuntó con un arma y les dijo: "Esto es para su amiguito. Ese no va a jo…
más a nadie".

"No sabia lo que hacía". Acusada de homicidio simple, un delito con penas de
entre 8 y 25 años de prisión, Inoue fue alojada en la Comisaría de la Mujer en
Martínez. Al segundo día la tuvieron que cambiar de celda porque recibió una
paliza por parte de una de las internas. Su causa la lleva adelante el fiscal de
San Isidro, John Broyad, quien ordenó que se le realicen distintos exámenes
psíquicos y psicológicos para ver en qué estado se encontraba en el momento del
asesinato. Fernando Abad, quien está a cargo de su defensa, arremete: "Es un
caso de laboratorio
-dice-. Ella estaba en un estado de shock y de ninguna
manera hubo premeditación".

Ahora, más tranquila, mientras comparte la celda con una mujer que tiene un bebe
de dos meses, tiembla mientras apoya su cuerpo en el frío cemento y repite a
quien quiera escucharla: "No quise matarlo, no sabía lo que hacía".

Esta es la cara de la chica que asesinó al abogado. Ella misma paró un patrullero, se subió al asiento de atrás y confesó el crimen.

Esta es la cara de la chica que asesinó al abogado. Ella misma paró un patrullero, se subió al asiento de atrás y confesó el crimen.

Durante 8 horas declaró ante el fiscal y luego fue trasladada  a la Comisaría de la Mujer, en Martínez.

Durante 8 horas declaró ante el fiscal y luego fue trasladada a la Comisaría de la Mujer, en Martínez.

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