“No odio al que atropelló a mi hijo, pero debe estar preso, para que no vuelva a matar” – GENTE Online
 

“No odio al que atropelló a mi hijo, pero debe estar preso, para que no vuelva a matar”

Este fin de semana –el primero sin Francisco– fue terrible. Lo único que hice fue llorar”, dice el arquitecto Juan José Vrech, padre de Francisco (16), el chico atropellado el sábado 21 de abril a las cuatro y media de la madrugada por Guillermo Goñi (18), que conducía un Honda Civic blanco, abandonó a su víctima y huyó, dejándolo tirado en Libertador al 1900, Olivos. Ajeno a la luz cegadora que viene del río y entra por el ventanal de su departamento, ajeno a todo, el hombre está quebrado por el dolor. Sólo lo sostiene su afán de justicia. El viernes 27 fue a la Casa Rosada con Vivian Perrone, presidenta de Madres del Dolor, que perdió a un hijo del mismo modo y casi en el mismo lugar. Quería hablar con Kirchner, “pero nos atendió el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, y cuando le pedí una brevísima entrevista con el Presidente, me dijo: ‘No, arquitecto. El está muy ocupado. ¿Sabe todos los problemas que hay?’’.

–¿Qué sintió en ese momento?
–Lo miré, y pensé: “Claro. ¿Qué es esto para él? Nada. Un chico muerto más… Bueno: que siga ocupado. Así andamos…”. No hay control alguno. Es levantarse a la mañana y esperar a ver a quién le toca… mientras los políticos siguen en campaña. Yo digo las cosas como las siento. La realidad que vivimos es el ‘¡Sálvese quien pueda!’. El tipo que agarra un currito se salvó, y a otra cosa. Si el que está al lado se está muriendo de hambre o lo golpeó la inundación, es problema de él. No hay sentido comunitario, no hay sentido de país. Todos tratan de hacer su agosto. Es el mensaje que les estamos proyectando a nuestros hijos…

–¿Qué quería decirle al Presidente?
–Nada. Quería saber qué me iba a decir él a mí. Cómo explica que los funcionarios no controlen. Y no controlan porque están en campaña electoral permanente. Mientras los negociados marchen, dale que va… ¡Basta, de una vez! ¡Cuiden a la gente! ¿Qué clase de país les estamos dejando a nuestros hijos?

–El director de Tránsito de Vicente López, Juan Carlos Graiño, dijo: “Si un chico de 16 años está en la calle a esa hora, la familia también tuvo algo de culpa…”. Eso causó indignación, y el municipio pidió perdón. ¿Qué opina?
–Estoy indignado con ese señor, al que ahora “renunciaron”. Trato de mantenerme emocionalmente estable, porque debo apoyar a mi mujer (Mónica, licenciada en Ciencias Económicas) y a mi hija Bárbara (19 años, estudiante de la misma carrera). Nos echó la culpa diciendo que no sabemos adónde están nuestros hijos, y quiero contestarle: Yo sé dónde están mis hijos. Perfectamente. Sé adónde iba Francisco, y quién iba a buscarlo. El tipo se está sacando el problema de encima…

–Hubo una marcha para reclamar seguridad y justicia en Vicente López. ¿Cree que dará algún resultado?
–Se dice que los ciudadanos tienen que participar más, con marchas y propuestas. Pero marchas… ¡después de que murieron personas y se destrozaron familias! ¿Por qué tenemos que proponer que nos cuiden, cuando la seguridad es una obligación indelegable del Estado?

–Este fin de semana hubo un gran despliegue de seguridad y se firmó un acuerdo entre Vicente López y la Provincia de Buenos Aires para reforzar el control de las picadas en Libertador…
–Ahora llenaron Del Libertador con policías, motos, radares… Pero, ¿hasta cuándo? Para los funcionarios, la vida de los argentinos no es prioridad. Viven en otro mundo. No se levantan a la mañana para ganarse el pan, como lo hacemos la mayoría. Acumulan dinero y poder, y lo demás no importa. El desprecio por la vida que hay en este país es terrorífico.

–¿Cómo está compuesta su familia?
–Con mi mujer –Mónica– estamos separados. Y nuestros hijos Bárbara (19) y Francisco (16), viven (no dice ‘vivían’: no puede admitir que Francisco ya no esté) con la mamá en Barrio Norte. Salieron a ella: los dos querían seguir Economía. Pero de mí heredaron el gusto por el tenis. Mi hija llegó a estar en el puesto 17 del ranking nacional, y a Francisco le gustaba mucho el fútbol. Veraneábamos en Pinamar o en Cariló. Nos fuimos a vivir en el country El Bosque, cerca de Campana, porque allí podían hacer una vida al aire libre, y deporte…

–¿Qué siente por el que atropelló a su hijo y lo abandonó?
–No lo odio. Pero tiene que estar preso, para que no vuelva a matar. Es importante que todos sepan que si hacen algo así, también van a ir presos. Que atropellar y abandonar a una persona no es gratis… ¡como hasta ahora!

–¿Es cierto que su hija, Bárbara, quiere ir a visitarlo a la cárcel para decirle que lo perdona?
–Sí… Pero eso es algo que primero quiero hablarlo con un psicólogo, para saber si puede afectarla o no. También estoy muy preocupado por Tomás, el amigo de Francisco que también fue atropellado esa noche, y todavía está internado. Son chicos buenísimos. Francisco era demasiado bueno para lo que estamos viviendo. No tenía maldad. Tenía muy buenos amigos. Le gustaba escribir poesía en Internet…

–¿Usted le enseñó a manejar?
–Francisco no manejaba ni iba a hacerlo hasta la edad correspondiente. Nunca lo dejé. Le dije: “Mirá, Francisco: cuando tengas la edad, vas a hacer el curso y rendir los exámenes, como hizo tu hermana”. Mis chicos tuvieron una educación firme. No recuerdo haber tomado alcohol hasta los 18 años. Vengo de una formación bastante áspera: soy hijo de inmigrantes que la pasaron mal. El horario de la comida era estricto. Había sentido de respeto y de familia. Hoy, en cambio, hay alcohol, drogas, jóvenes que manejan autos y camionetas poderosísimas que no pueden controlar, y más si van a gran velocidad. No tienen experiencia, y mucho menos si están alcoholizados. Yo competí en automovilismo y me consta que los autos de hoy son demasiado potentes para dárselos a los chicos. Lamentablemente, ahora nos tocó a nosotros… ¿Quiere que le diga algo más sobre Francisco?

–Sí, por favor.
–Francisco era nuestro sol. La luz de nuestros ojos. ¡Era mi hijo!

Junto a las fotos  de su hijo Francisco, José Luis Vrech reflexiona amargamente: “<i>Quiero que el joven que lo atropelló cumpla con la pena que le toque, para que otros no sigan matando chicos</i>”.

Junto a las fotos de su hijo Francisco, José Luis Vrech reflexiona amargamente: “Quiero que el joven que lo atropelló cumpla con la pena que le toque, para que otros no sigan matando chicos”.

Francisco con su padre, a los 8 años.

Francisco con su padre, a los 8 años.

Amaba la música, el fútbol –era de River– y el tenis. Tuvo su primer y apasionado amor, como lo testimonia este beso. Inteligente, buen amigo, buen compañero, tenía todo el futuro por delante. Un futuro quebrado en apenas unos segundos…

Amaba la música, el fútbol –era de River– y el tenis. Tuvo su primer y apasionado amor, como lo testimonia este beso. Inteligente, buen amigo, buen compañero, tenía todo el futuro por delante. Un futuro quebrado en apenas unos segundos…

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