«No hay palabras cuando los hijos te piden comida y no tenés para darles» – GENTE Online
 

"No hay palabras cuando los hijos te piden comida y no tenés para darles"

Uncategorized
Uncategorized

En una semana, 11 chicos murieron de hambre en Tucumán. El Sistema Provincial de Salud, entretanto,
se desayunó con la novedad de que viven allí 18 mil desnutridos de primer y segundo grado. La fría estadística no dice que muchos de ellos, si un urgente auxilio no llega, correrán la suerte de los primeros. Tampoco contemplan los números el dolor de esos ojos hundidos y secos que miran sin ver, y son de María Rosa, la madre de Jorge David Castellanos, 11 meses y última víctima del flagelo. Pero mucho menos dicen los números porqué murió Jorgito. Esconden motivos tan oscuros como la profundidad en la que habita hoy su pequeño cuerpo. (Sin) razones que dan vergüenza y bronca infinita. Y que la ayuda, acercada a destiempo (véase recuadro), no puede ocultar.

Sentada bajo un árbol, lejos del fuego lento que es su casa del barrio Cardenal Samoré, María Rosa ya no llora. A los 26 años, los golpes de la pobreza la han anestesiado. Con la voz monocorde del cansancio y la debilidad (ella también muestra rasgos de desnutrición), cuenta: "Recuerdo que en el CAPS (Centro de Atención Primaria de la Salud)
me negaron la leche para él. Lo recuerdo muy bien, sí… Cuando la fui a pedir me dijeron que debía llevar personalmente a Jorgito para que me la dieran. Les expliqué que era imposible porque tenía neumonía y estaba conectado a un respirador artificial. Ellos, con total frialdad, me contestaron: 'Imposible entregarle si no lo trae'. A los pocos días, Jorgito murió".

A su alrededor, sus otros cinco hijos miran con ojos bien abiertos. A Pablo (7), Marcelo (6), Emanuel (5), Milagros (4) y Lourdes (2), por no tener documentos, también les niegan la leche.

"Cuando los chicos me dicen que tienen hambre, se me hace un nudo en la garganta y no sé qué decirles. La verdad que me quedo muda y helada, como si me hubiesen dado un garrotazo. No hay palabras cuando los hijos te piden comida y no tenés para darles. Varias veces he llorado. Y era frecuente que me enojara con mi marido (Nota: María Rosa convive desde hace años con Fabián Gómez, desocupado).
El me decía que me pusiera en su lugar. Y cuando se enojaba me preguntaba si quería que saliera a robar, y yo le decía que no, y que nos íbamos a aguantar". Pero el pequeño Jorge no aguantó, y el miércoles 20 de noviembre terminó su breve paso por este mundo. "Se despertó bien, pero a eso de las cuatro de la tarde se empezó a agitar y a ponerse morado. Pedimos varias veces la ambulancia del Hospital de Niños, pero no hubo caso. Al fin, un vecino nos ofreció su camioneta, pero cuando estábamos subiendo se nos cortó en los brazos. Cuando murió Jorge, yo no tenía nada. Ni siquiera para comprarle el cajón. Pero, gracias a Dios, los Ale, dueños de la remiseria Cinco Estrellas, me pagaron el entierro". 

En la casa de los suegros de María Rosa, donde vive, la fatalidad no existe. Pero sí, el hambre: "Acá todos estamos desnutridos o anémicos; inclusive yo, porque muchas veces no tenemos para comer. Y para colmo de males, lo poco que comemos se lo llevan los parásitos. ¡Uh, estamos llenos de bichos! Yo tengo de esos con dos bocas, y los chicos largan víboras de este tamaño", describe la mujer abriendo sus manos.

Dominga del Valle Aguilar, la suegra de María Rosa, se esconde en la casa y no quiere salir, pero a la distancia, a través de un ventanuco abierto en la pared, se puede ver su figura diminuta y su cuerpo raquítico:
"Ella tiene 44 años y pesa 40 kilos. Seguro que está anémica como mi hermano Marcelo, que tiene 15 años, según dice, no tiene fuerzas ni para levantarse de la cama. Algo parecido le pasaba a mi hija Lourdes, que tiene dos años y pesa apenas siete kilos: hasta hace poco estaba tan débil que ni siquiera caminaba".

En el Hospital del Niño Jesús de la capital provincial el panorama es sombrío. Cincuenta y seis chicos, en el límite entre la vida y la muerte, esperan el milagro que no llegó para Jorgito. Entre ellos está Pamela Villalba. Tiene 10 años, pesa apenas 17 kilos, su esófago está atrofiado, presenta una insuficiencia pulmonar y espera que el Gobierno se compadezca de ella y le done una prótesis para que pueda ser operada de la columna: de lo contrario, la escoliosis terminará postrándola para siempre en la cama. Hace un mes que está internada en la sala de nutrición. Celina, su madre, desesperada, pide a gritos que alguien se apiade de su situación, agravada el mes pasado cuando quedó viuda: "Mi esposo no nos dejó nada porque vivía de su trabajo en una gomería. Ahora, para sobrevivir, hago changuitas como empleada doméstica, pero mucho no puedo porque debo cuidar a Pamela. Para colmo, todo aumentó, y lo poco que gano no alcanza para comer, apenas para comprarle los medicamentos. Ella, de por vida, debe tomar
Ansofrax para las convulsiones, y con eso no me puedo descuidar. Es muy triste tener que decirles a mis otros dos hijos que no tengo nada para darles de comer. Hace unos días recibí una buena noticia: me asignaron un plan de Jefa de Hogar de 150 pesos. Pero ayer me dijeron que me lo quieren sacar porque no puedo trabajar. ¡Qué voy a ir, si me paso las 24 horas acá en el hospital! No sé cómo saldremos de esto. Sólo me queda encomendarme a

Dios."

Muy cerca está Nadim Luna, de 3 meses y 3,700 kilos de peso. La cuida su tía. Tiene problemas respiratorios, cardíacos, y una severa deshidratación. La enfermera encargada de inyectarle el suero se compadece de la pequeña, porque sus venas son casi transparentes y es imposible encontrarlas. La mujer, veterana de estas lides, está conmovida. Levanta la mirada un segundo y, como pidiendo disculpas por errores ajenos, concluye con una síntesis del drama: "Es terrible. Tengo que pincharla varias veces. Le juro que me parece inhumano". Y realmente lo es.

por Hugo Martin
desde Tucumán: Carlos Quiroga
fotos: Julio Carrizo y gentileza La Gaceta de Tucumán

María Rosa tiene 26 años y cinco hijos. Toda su familia está desnutrida, con anemia o con parásitos. En sus brazos, Lourdes, de dos años. Vive con su suegra que pesa sólo 40 kilos. A la izquierda, Nadine Luna, otra víctima del hambre. Tiene 3 meses y pesa poco más de 3 kilos y medio.

María Rosa tiene 26 años y cinco hijos. Toda su familia está desnutrida, con anemia o con parásitos. En sus brazos, Lourdes, de dos años. Vive con su suegra que pesa sólo 40 kilos. A la izquierda, Nadine Luna, otra víctima del hambre. Tiene 3 meses y pesa poco más de 3 kilos y medio.

Pamela Villalba tiene 10 años y pesa sólo 17 kilos. Está en la sala de nutrición del Hospital del Niño Jesús. A su madre, la única persona que la puede cuidar, le quieren sacar el plan social de 150 pesos que le acaban de otorgar porque no puede trabajar.

Pamela Villalba tiene 10 años y pesa sólo 17 kilos. Está en la sala de nutrición del Hospital del Niño Jesús. A su madre, la única persona que la puede cuidar, le quieren sacar el plan social de 150 pesos que le acaban de otorgar porque no puede trabajar.

Comentarios

Vínculo copiado al portapapeles.

3/9

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipisicing elit.

Ant Sig