“No estoy a favor de las papeleras: estoy en contra de los piqueteros” – GENTE Online
 

“No estoy a favor de las papeleras: estoy en contra de los piqueteros”

A primera vista, Eduardo Montes-Bradley (40) es un provocador que encontró el tema justo, en el momento justo, para sembrar vientos y recoger tempestades. Pero es más que eso: escritor, periodista, ex militante trotskista desencantado de la izquierda, y cineasta con respetable curriculum: dos producciones de Hollywood (Smoothtalker y Double Obsession), algunas nacionales, y más de 40 documentales sobre escritores nativos (Borges, Filloy, Pauls, etcétera). “Lo curioso –se queja– es que hice una pila de films sobre la inteligencia argentina que pasaron inadvertidas, y sólo una sobre la imbecilidad local. Pero ésta llamó la atención de todos”.

–¿Qué se propuso, Montes?
–Un viaje al interior del país, pero también al interior de algo tan ambiguo como la argentinidad.

–¿La veremos en la Argentina?
–Hasta ahora nadie quiere proyectarla. Recién irá el 12 de enero al otro lado del río.

–Dicen que usted es empleado de Botnia, espía, adicto a las polémicas, director trucho, y cosas peores. ¿Qué responde?
–Ah, la capacidad de la clase media nacional para inventar teorías conspirativas… Ah, el arte nativo de convertir entredichos irrelevantes en derrotas sublimes…

–¿Cuál es el verdadero sentido de la película?
–El eje, el centro, no es Botnia: es la falsedad ideológica, la violencia de la protesta y la extorsión de la clase media.

–Fundamente esos cargos, Montes. Son demasiado duros.
–Llevamos el caso a la corte de La Haya y perdimos. Pero seguimos sin entender. Un ambientalista medio sacado, con una camiseta plagada de errores de ortografía, puede oponerse a ese máximo tribunal y trazar nuestra línea política. ¡Es de locos!

–¿Qué siente frente a los asambleístas que cortan la ruta?
–Desesperación. Miedo por todo lo que ignoran. Pero ya se sabe: la ignorancia es la madre de todos los miedos. Los autoproclamados ambientalistas –porque convengamos que es casi una profesión: uno no se convierte en ambientalista porque ama a los pajaritos– creen que entienden lo que es el medio ambiente. Falso. Para entender ese fenómeno están los biólogos, los analistas de patrones de conducta climáticos, los científicos. Tarde o temprano, la ciencia acaba con esos temores.

–Eso suena a fundamentalismo científico…
–Pero no lo es. Cuando se supo que el trueno es una descarga eléctrica, entendimos que ese ruido no lo provocaba el enojo de Dios. Del mismo modo, algún día entenderemos que los hombres construyen ciudades para evolucionar como especie, y conviviremos mejor con las chimeneas.

–Según usted, el progreso industrial es Dios. ¿Está tan así?
–Soy progresista. El hombre es industrioso por naturaleza. No todos somos hippies de El Bolsón, y tratamos de construir ciudades funcionales al hombre. Eso alcanzó niveles de desquicio luego de la Revolución Industrial, pero hoy las factorías son mucho más amigables que en el siglo diecinueve. Lo que no podemos hacer es vivir sin papel, porque sin papel no habría libros… y ni siquiera esta nota.

–Pero, ¿cómo producirlo sin riesgos para el medio ambiente?
–Minimizar los riesgos es, justamente, parte de la evolución. En cambio, la negación sistemática de la evolución es barbarie…

–Pero los países del Primer Mundo tienen, respecto del medio ambiente, leyes más estrictas que los nuestros, y eso les da ventaja a las empresas que se instalan acá.
–Bueno, Botnia cumple con los reglamentos que le impone Finlandia. Una de las grandes mentiras del ambientalismo trucho es creer que Finlandia viene a hacer acá lo que no puede hacer en su país. No es cierto. El año pasado, la empresa inauguró dos plantas pasteras en Finlandia… ¡con la misma tecnología que va a usar en el Uruguay!

–En definitiva, usted defiende a la empresa, a pesar de que el sentido de su película parece ser otro…
–¿No ve? Caímos en nuestra propia trampa… Porque la película es sobre la falsedad de nuestros argumentos. No estoy a favor de las papeleras: estoy en contra de los piqueteros. La actitud de los piqueteros de Gualeguaychú es quijotesca. Muchos lo juzgan loable, pero no es otra cosa que una tontería. Después de todo, Don Quijote estaba loco...

–¿Le duele que la película no se exhiba en la Argentina?
–Me tiene sin cuidado. Debería preocuparles a los directores de cine, porque se impide exhibir una obra. Una cosa es que los piqueteros presionen al Gobierno, y otra que censuren el cine…

–En la Argentina, la percepción es que su película hace lobby a favor de las papeleras. ¿Qué responde?
–Nunca se habló tanto del contenido de una película… ¡que nadie vio! Con Botnia pasa lo mismo: todos hablan y condenan a una fábrica que desconocen. Nadie sabe qué produce, cuánto produce, cómo produce, para qué produce, qué consecuencias puede traer. Es la increíble capacidad de la clase media argentina para desarrollar teorías conspirativas, miedos compulsivos, temores generacionales... y mitos.

–¿Quién le dijo “no” a su película?
–Pascual Condito, que es uno de los distribuidores más importantes del cine argentino. La vio y dijo: “No la estreno. Yo tengo familia. Lo que vos decís es exactamente así y lo que la mayoría de los argentinos piensa. Pero eso no se dice, pibe, eso no se dice”. ¿Te das cuenta? Los únicos que me ofrecieron pasarla fueron dos gobernadores: “Si no se la quieren estrenar, venga a mi provincia”, me dijeron. Otra: el embajador argentino en el Uruguay dijo que los piqueteros “están haciendo la misma resistencia pasiva que Gandhi”. ¡Cuando leí eso no lo pude creer! Comparar a los piqueteros de Arroyo Verde con la lucha de Gandhi es como para que el Ministerio de Relaciones Exteriores se preocupe, y mucho...

–¿Será para tanto?
–Sí. Porque yo puedo hacer las declaraciones que quiera: soy un ciudadano común y hablo por mí mismo. Pero un embajador de mi país está hablando por mí. Y si dijo eso, no puede seguir representándome.

–Su película sólo muestra a vecinos. ¿No encontró a ningún ambientalista?
–En Gualeguaychú me enfrenté con un muy mal ambiente. Además, si allí hubiera verdaderos ambientalistas, hubieran arreglado las cloacas, o impedido que el cromo de las curtiembres se deposite en la primera, la segunda y la tercera capa del lecho del río Uruguay…

Dice Montes-Bradley: “<i>La mirada hacia adentro es siempre muy interesante. Woody Allen parodia su condición de judío. Michael Moore, su condición de norteamericano. Pero si un argentino se ríe de los argentinos, es un apátrida o un agente de la CIA</i>”.

Dice Montes-Bradley: “La mirada hacia adentro es siempre muy interesante. Woody Allen parodia su condición de judío. Michael Moore, su condición de norteamericano. Pero si un argentino se ríe de los argentinos, es un apátrida o un agente de la CIA”.

En Gualeguaychú me enfrenté con un muy mal ambiente. Además, si allí hubiera verdaderos ambientalistas, hubieran arreglado las cloacas, o impedido que el cromo de las curtiembres se deposite en la primera, la segunda y la tercera capa del lecho del río Uruguay…".">

"En Gualeguaychú me enfrenté con un muy mal ambiente. Además, si allí hubiera verdaderos ambientalistas, hubieran arreglado las cloacas, o impedido que el cromo de las curtiembres se deposite en la primera, la segunda y la tercera capa del lecho del río Uruguay…".

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