«Me pusieron un arma en la cabeza y me decían que me iban a disparar» – GENTE Online
 

"Me pusieron un arma en la cabeza y me decían que me iban a disparar"

Cristian (18) estaba sentado en el palco junto a dos amigos cuando Boca salió a la cancha para jugar el partido frente a Unión. El último en aparecer por la boca del túnel fue su hermano mayor. Pelota en mano, tres saltitos sobre la pierna derecha antes de pisar el verde césped de la Bombonera. Hasta ahí
todo normal. Un domingo, un partido más. Pero a los pocos minutos, después de posar para la clásica foto, una bandera blanca escrita con aerosol por Roberto Prado y Héctor Olmi -los utileros del equipo-, demostraron que este era un día especial para uno de los mejores jugadores del fútbol argentino: "Muchas gracias a todos. Los Riquelme". La frase, plasmada en una tela blanca, fue el gesto de agradecimiento por el apoyo que recibió Román en el momento más difícil de su vida. El secuestro de su hermano.


EL RAPTO.
El martes 2 a las 22:48, en la habitación 305 del Hotel Los dos chinos, el celular de Riquelme le trajo la peor noticia. Con una voz temblorosa, su mujer, Anabella, le dijo: "Amor, venite para casa que secuestraron a tu hermano. Dijeron que sólo quieren hablar con vos y que no le avises a la policía". Román empezó a golpear las paredes de la habitación. A su lado, Christian Traverso trataba de consolarlo. Después llamó a Marcos Franchi -su manager- y a Mauricio Macri. Pidió permiso y se retiró en su camioneta Mercedes-Benz 4x4 rumbo a su casa del barrio privado Viejo Vivero en Don Torcuato. En el camino recibió otro llamado. Esta vez eran los secuestradores: "Tenemos a tu hermano. Si querés volver a verlo con vida vas a tener que pagar 300 mil dólares. Te vamos a llamar para decirte cómo será el pago…". Cuando llegó, toda la familia estaba en el living. Se abrazó con Mary, su madre, y le dijo: "Vamos a hacer todo lo que piden. Voy a conseguir la plata. Lo único que quiero es qu
e no le hagan nada a Cristian
". A Román no le interesaba el dinero. Era capaz de pagar lo que fuera con tal de volver a ver a su hermano. Claro que la situación no era tan sencilla. Su representante tampoco tenía tanto dinero en efectivo.

Mientras pasaban las horas, subía la tensión y los secuestradores no volvían a llamar. Al día siguiente, cerca del mediodía, la noticia se filtró en los medios y la puerta del country se llenó de periodistas. Román se agarró la cabeza y sintió miedo: la repercusión del secuestro podía terminar con la negociación. Y la vida de su hermano estaba en juego. Además, aunque la familia no había hecho la denuncia -para seguir las instrucciones de los secuestradores al pie de la letra-, la policía actuó de oficio e intervino el Juzgado Federal número 1 de San Isidro a cargo de Roberto Marquevich. "El Chanchi, un amigo y yo veníamos de comer y nos íbamos para casa. No recuerdo muy bien la hora, pero creo que eran cerca de las 22, cuando un Peugeot 504 bordó paró en la esquina de Chile y Cochabamba. Dos tipos se bajaron y nos dijeron que nos tiráramos al suelo. A Cristian lo subieron y se lo llevaron", le contó a
GENTE Ignacio, el mejor amigo de Cristian, quien juega con él en Platense. 

El jueves a las cuatro de la tarde, Cristian se subió a la camioneta de su hermano y se fue a descansar a su casa. Antes, el saludo a los periodistas.

El jueves a las cuatro de la tarde, Cristian se subió a la camioneta de su hermano y se fue a descansar a su casa. Antes, el saludo a los periodistas.

El domingo disfrutó del partido en la cancha de Boca y se emocionó con la bandera que mostró su hermano.

El domingo disfrutó del partido en la cancha de Boca y se emocionó con la bandera que mostró su hermano.

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