“Me honra que celebren así a un anciano retirado y sin poder” – GENTE Online
 

“Me honra que celebren así a un anciano retirado y sin poder”

Julio 25, viernes, hora del alba. Nelson Mandela camina lentamente por su casa de la aldea, pobre y campesina, de Qunu, donde nació hace 90 años. Ha decidido celebrarlos dos veces: hoy, con su familia, y mañana, sábado, con quinientos amigos de toda su vida. Merece el doblete: de sus 90 cumpleaños, 27 los pasó en una de las cárceles más crueles de Sudáfrica, condenado en 1964 por liderar la lucha contra el apartheid. Cargo: “Alta traición”. Un fallo que hasta hoy es un insulto a la libertad y una apología del racismo.

Prende la radio, y apenas puede creer lo que oye en todos los puntos del dial: mensajes de felicitación del mundo entero, canciones dedicadas a él, programas especiales. Y lo mismo sucede en todos los canales de tevé, y su foto está en la primera plana de todos los diarios. Atiende el llamado telefónico de un periodista, y le dice: “Me honra que celebren así a un anciano retirado, que ya no tiene poder ni influencia”.

Al rato se le acerca Graça Machel, su tercera mujer (viuda del ex presidente de Mozambique, Samora Machel), lo besa, y él le dice “feliz aniversario”. Sí: porque este mismo día cumplen diez años de casados. Hacia el mediodía están todos sus hijos y sus nietos: una alborozada decena en torno del pater famili, que sigue recibiendo mensajes de personajes tan disímiles como la escritora Nadine Gordimer, premio Nobel de Literatura 1991 (“Me enorgullece haber vivido en su tiempo, Mandela”) y François Pienaar, capitán del equipo de rugby de los Springboks cuando ganaron la Copa del Mundo 1995 (“Gracias por la inspiración que le diste a tu país”).

Otro periodista le pide un mensaje para tan especial día, y entonces, en ese cuerpo pequeño y frágil reaparece el luchador: “Hay en Sudáfrica muchos ricos que no comparten su riqueza. Nuestro pueblo sigue siendo víctima de la pobreza. Aquí, los pobres no viven mucho tiempo”, se enciende. Mientras, en la calle se agolpan sus vecinos, honrándolo del único modo que pueden: vistiendo sus mejores ropas. Pasa el largo día familiar entre recuerdos, llega la noche, y en el centro de la gran torta, como antorchas se encienden las velas. La familia corea un Happy Birthday en su lengua tribal, y los cansados –pero no vencidos– pulmones del mayor héroe negro del siglo XX urden un soplo que las apaga con insospechada fuerza y transforma las llamas en rectas, perfectas columnas de humo. Ha sido un día perfecto. En su aldea, amado, y con su espíritu todavía indomable.

Eso le dijo su mujer, Graça Machel, doblemente emocionada: el mismo día, además del 90º cumpleaños de su marido, cumplieron diez años de casados.

Eso le dijo su mujer, Graça Machel, doblemente emocionada: el mismo día, además del 90º cumpleaños de su marido, cumplieron diez años de casados.

“<i>Hice todo lo que pude para que en mi país hubiera justicia, pero los negros siguen siendo pobres. Y en Sudáfrica los pobres no viven mucho tiempo</i>”.

Hice todo lo que pude para que en mi país hubiera justicia, pero los negros siguen siendo pobres. Y en Sudáfrica los pobres no viven mucho tiempo”.

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