“Me gusta explorar las diferentes mujeres que hay en mí” – GENTE Online
 

“Me gusta explorar las diferentes mujeres que hay en mí”

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–Y, Bonelli? ¿Es cierto que las rubias se divierten más?
–(Ríe) No. Me divertí igual que cuando era morocha. Lo que te puedo asegurar es que a las rubias las miran más. Jamás lo había pensado hasta que lo viví en carne propia.

Sus ojos, pequeños, oscuros y brillantes, y su boca carnosa contrastan con su cabellera casi platinada. Mientras la maquillan, recuerda cuando viajó a Japón para participar de un festival de teatro: “Fue fascinante, aunque todo el tiempo tenía miedo de extraviarme. Como en aquella película, Perdidos en Tokio”, cuenta Andrea Bonelli. Cuando el make-up está terminado, se destacan aún más esa mirada y esos labios, como de dibujo animado japonés. Está por comenzar un juego de dualidades. Rubia y morocha. Frívola e intensa. O cuántas mujeres conviven dentro de la cabeza de esta actriz de 39 años, un hijo (Lucio, 19, fruto de su relación con Gerardo Romano) y un amor, el actor Ignacio Gadano (36). Como blonda, durante dos temporadas conquistó a la audiencia con su papel de Chichita en Los Roldán. Como morena, se lució en un episodio de Mujeres asesinas con un personaje tremendo, que le valió una lluvia de elogios. A partir de esas dos caras, esta charla.

–Los hombres miran más a las rubias, decías.
–Sí. Siempre fui morocha y nunca había tenido la fantasía de ser rubia. Pero cuando me teñí, mi primera sensación fue que entraba a un lugar y todo el mundo me miraba. Eso nunca me había pasado antes.

–Pruebas a la vista, ¿volverías a ser morocha?
–Sí. Apenas termine Los Roldán retomo mi color natural. Creo que me va a ayudar a despegar de Chichita. ¡Fue tan fuerte la identificación que tuvo la gente con este programa! Por mucho tiempo dejé de ser Andrea. Lo de Mujeres…, donde usé la misma peluca morocha que en esta producción, me tranquilizó, porque el público no se confundió.

–Parece un tema trivial, pero el cabello se convirtió en una herramienta clave para tu trabajo, ¿verdad?
–¿Viste? Es que el pelo no es algo menor. Cuando compuse a Chichita, no podía imaginarla de otra manera.

–¿Y vos cómo te sentiste rubia?
–Fue interesante. Encontré cosas mías que están relacionadas con el color de pelo. El rubio te da una… liviandad… No sé cuál es la palabra exacta. Me ayudó a no darle importancia a cosas que no la merecen, a no ser tan dramática. Me dio un nuevo conocimiento de mí, que quedará más allá del look que elija de ahora en más.

–¿Creés que en tu personalidad hay múltiples facetas para descubrir, entonces?
–Totalmente. Lo maravilloso de ser actor es que te permite investigar, actuar de una manera que no lo harías en tu vida cotidiana, seguir ciertos deseos.

–¿Cómo fue explorar ese lado tuyo más oscuro en Mujeres asesinas?
–Fue bueno, intenso y angustiante por momentos. El actor tiene armas y recursos para poder atravesar estas zonas oscuras de la personalidad y seguir adelante, no quedarse en ese lugar. No soy depresiva, pero tuve que pasar por ese lugar de depresión, de frustración, para componer ese personaje.

–Tu carrera también empezó con el drama. Tenías sólo 21 años y estabas embarazada cuando actuaste en La noche de los lápices. ¿Cómo recordás aquella experiencia?
–Fue muy denso. Leí un montón de documentos, me enteré de todo lo que había pasado, de las torturas y de los más grandes horrores. Antes de aceptar, quise saber si podía afectar a mi bebé hacer un papel tan sufrido, tan extremo. Consulté a un psicólogo, a un pediatra, y pude llevarlo adelante. Algo muy intenso.

–¿Cómo fue ser mamá tan joven?
–A esa edad no lo pensás. Fue tirarse a la pileta. Es maravilloso. Me encanta tener un hijo de esa edad. Lucio significó un aprendizaje constante.

–¿Cómo es hoy la relación entre ustedes?
–Buena. Lucio está en esa etapa de total indiferencia hacia su madre. Para que me dé bola tengo que llamarlo por teléfono y pedirle entrevista. Hay días que todo el diálogo es: “Hola”, “Bien”, “Chau”. Igual es divino.

–¿Pensaste en tener otro hijo?
–A veces con Ignacio lo pensamos. Veremos. Es una posibilidad que todavía está ahí. Imagino que sería muy diferente que la primera vez.

–Volvamos al tema del cambio de look. Al transformarte en rubia, ¿evocaste en tu mente a divas como Marilyn Monroe?
–Sí, mucho. Siempre sentí una profunda admiración por Marilyn. Más allá del sex-symbol, fue una gran actriz de comedia. Me conmueve su expresión vulnerable, de nena.

–¿Vos también tenés una faceta glamorosa?
–Sí, me divierte el glamour. Me encantan diseñadores como Pablo Ramírez, que evocan los cuarenta, esa época tan elegante. No me siento incómoda con lo que algunos consideran frívolo; creo que es algo necesario. Por ejemplo, viajar. Lo que para alguien puede ser frívolo, para mí es una experiencia de vida fundamental, que me permite crecer y conectarme con otras culturas.

–¿También tenés un lado gasolero, de persona normal?
–Obvio. El otro día salió una nota en una revista en la cual nos mostraban a mí y a Ignacio saliendo de cenar de un restaurante vegetariano de la calle Corrientes. Es un lugar al que voy siempre y se come bárbaro. No me importa si es fashion o si es barato. Ser famosa no me cambió en nada.

–¿Alguna vez fantaseaste con una Andrea que no fuera actriz?
–Sí. Tuve una crisis muy grande con la actuación cuando terminé Gerente de familia, en 1994. De hecho, dejé la tele por cinco años y me pregunté: “¿Por qué no otra cosa? Estudiar una carrera… La vida no es sólo ser actriz”.

–¿Y qué pasó?
–Fue una crisis que sirvió para reafirmarme. Me volqué al teatro. Hice obras maravillosas, como Finlandia, de Ricardo Monti, otra de Javier Daulte. Y volví a elegir ser actriz.

–¿A tu pareja también la volvés a elegir cada día?
–Claro. Hace siete años que estamos juntos. Batimos todos los récords. Es un hombre en el que encontré todo. Suena tonto, pero es así. Es inteligente, sensible, talentoso. Lo amo profundamente. Compartimos mucho.

–¿Cómo es convivir con otro actor?
–Por momentos no es fácil. Nunca salís del tema. A su vez, tiene su lado bueno: tenés alguien que te escucha, te entiende, no te juzga.

–¿Por qué nunca te casaste?
–Ni me lo planteo. Si tengo que hacer el trámite, ni loca. Además, a Ignacio ya lo siento mi marido.

–¿Y lo que menos te gusta de vos?
–Que no puedo controlar mis enojos. Soy tremenda. Me voy a negro, me saco. En esos momentos, soy de temer.

Morocha de nacimiento, cambió su look al rubio hace dos años para entrar a la tira de Ideas del Sur, y ahora volvió, momentáneamente y peluca mediante, al color oscuro, y sorprendió con una gran actuación dramática en la serie de Pol-ka.

Morocha de nacimiento, cambió su look al rubio hace dos años para entrar a la tira de Ideas del Sur, y ahora volvió, momentáneamente y peluca mediante, al color oscuro, y sorprendió con una gran actuación dramática en la serie de Pol-ka.

“<i>Jamás había tenido la fantasía de ser rubia. Pero cuando me teñí, mi primera sensación fue que entraba a un lugar y todo el mundo me miraba. Eso nunca me había pasado antes</i>”

Jamás había tenido la fantasía de ser rubia. Pero cuando me teñí, mi primera sensación fue que entraba a un lugar y todo el mundo me miraba. Eso nunca me había pasado antes

“<i>Me divierte el glamour. Me encanta la moda que evoca los años cuarenta. No me siento incómoda con lo que algunos consideran frívolo; creo que es algo necesario</i>”

Me divierte el glamour. Me encanta la moda que evoca los años cuarenta. No me siento incómoda con lo que algunos consideran frívolo; creo que es algo necesario

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