“Me casé porque tengo una muy buena relación desde hace muchos años y estoy muy bien” – GENTE Online
 

“Me casé porque tengo una muy buena relación desde hace muchos años y estoy muy bien”

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Los declaro marido y mujer”. Hubo beso… sí, pero no arroz, ni vivas a los flamantes consortes. Cuando el juez de paz, Alberto Llorente, llamado por el novio ese mismo sábado 16 a la mañana, cumplió con el riguroso trámite civil al mediodía, Carlos Lole Reutemann (64) y María Verónica Ghio (37) quedaron casados ante la ley. Sucedió en la casa del ex piloto y gobernador, barrio Guadalupe, Santa Fe, y apenas cinco almas atestiguaron la brevísima pero solemne ceremonia. “Eramos siete personas –cuenta Mirta Lássaga, madre de Verónica–. Además de Carlos, Verónica y el funcionario del Registro Civil que los casó, estaban mi otro hijo con su mujer y su hijo, y yo”.

Muy al estilo Lole –sobriedad, discreción, cero nivel mediático–, ni siquiera se sirvió un módico almuerzo celebratorio, sin duda necesario considerando la hora… Por la noche, María Verónica fue el centro de una reunión con amigas, espontánea aunque tardía despedida de soltera. “¿En serio te casaste y no nos dijiste nada?”, reprocharon unas. “¿Pero cómo que te casaste hoy, si el diario dijo que te casabas el 22?”, se desconcertaron otras. Preguntas ociosas, porque unas y otras saben desde largo tiempo atrás que la recién casada unió su cuerpo, espíritu y destino a un hombre impredecible…

ELLA. Es rubia, de pelo muy largo, de verdes ojos, de equilibrada flacura, de muy buen ver, de atlético look. Se conocieron hace un lustro –los presentó una amiga común–, convivieron un bienio, y se casaron cuando el 2006 agoniza. María Verónica, otras señas particulares visibles: muy buena nadadora, visita a su madre, Mirtha Lássaga, casi todos los días, estudió Comercio Exterior, y cuando su vida se cruzó con el preciso piloto de Fórmula 1 (volante exquisito, según los que más saben de ese mundo), trabajaba en la casa de fotos Mundo & Color, otro tiempo en una escribanía y, tras comenzar su relación con el actual senador, abrió Benedetta, un negocio de ropa femenina en el centro de la ciudad. Muy a su estilo, don Carlos Alberto ocultó su pasión por María Verónica bajo un hermético manto de silencio. “Pocos, muy pocos conocían esa relación”, se oye decir en las esquinas de Santa Fe de la Vera Cruz…

EL. Un día, a mediados de los 70 y en vísperas del Grand Prix de Montecarlo –el más caro y lujoso del rugiente circo–, Reutemann le dijo a un redactor de GENTE: “Yo soy un muchacho que nació en Estación Manucho, un punto que ni siquiera figura en el mapa de la provincia. Yo iba a caballo a la escuela. Y mire dónde estoy: en un yate de lujo, en la ciudad más rica de Europa, y mañana pasaré ante el palco del príncipe Rainiero. ¿Qué más puedo pedir?”. Pues bien: hoy, tres décadas después, su campo Los Aromos, frente a Llambí Campbell, a 70 kilómetros de Santa Fe capital, es tan “mi lugar en el mundo” como entonces lo era Montecarlo, y como lo fue hasta no hace mucho el sillón de gobernador en la Casa Gris. Así es él, así es su vida. Con una diferencia: ahora, en Los Aromos, y cada vez que pueden, son dos…, y él monta sobre un lento tractor con la misma pasión con que empuñaba el volante de un bólido lanzado a 380 kilómetros por hora en una recta. Fierro por fierro, es lo mismo, y una buena cosecha de maíz o soja no es menos que un podio, botellón de champagne incluido…

PUESTA A PUNTO. Sí, es verdad, me casé”, le dijo el senador Reutemann, en la última sesión del año, a su par María Laura Leguizamón. Pero ya era vox pópuli… Luego, por las dudas, le aclaró: “Sólo me faltaba dar el ‘Sí’, y estoy muy feliz de haberlo hecho. Pero por favor, no quiero que esto tenga demasiada importancia mediática. Como bien sabe, prefiero la austeridad en cada paso de mi vida”. Mientras, su ex, Mimicha Bobbio, madre de Cora y de Mariana, vive desde hace décadas en Francia. Verónica, la actual, se lleva bien con Cora y con Mariana. Pero esas mieles no se repiten entre Lole y Mimicha, que en el verano pasado sólo se reunieron para dirimir el divorcio y la separación de bienes… ¿Hay un bebé en camino? Algunos medios lo dieron por hecho, pero una amiga-amiguísima de la pareja fue tajante: “De ninguna manera”. ¿Futuro profesional? La semana pasada, Reutemann voló a Londres para entregarle un premio a la escudería Brabham, de la que fue piloto, y su excelente relación con el mítico Bernie Ecclestone –mandamás de la máxima categoría del automovilismo– disparó una versión: “El viejo zorro le ofreció ser manager de uno de sus equipos: Lole vuelve a la Fórmula Uno”. Pero la noticia se apagó como un cohete húmedo: “Falso. Ecclestone es un buen amigo, pero me quedan tres años como senador, y además soy muy feliz en la Argentina, y en lo mío”, juró. ¿Quizás para integrar la fórmula presidencial del 2007, secundando a Cristina Fernández de Kirchner, como se especula? Se verá...

Me caso porque tengo una muy buena relación desde hace muchos años y estoy muy bien”, confesó emocionado este hombre de pocas palabras. Tal para cual, “la Vero y el Lole” (síntesis de sus comprovincianos) prefieren el silencio, las largas caminatas por el campo y la lejanía de las cámaras y los grabadores. Sólo se permiten el fárrago de una híper ciudad: Nueva York. La aman, van todos los años como quien peregrina a La Meca, y allí, entre los infinitos rascacielos, pasarán su luna de miel. Es cierto, según lo afirma un famoso libro, que la vida empieza a los 40. Pero también es cierto que bien puede empezar a los 60. Y pico…

Carlos Alberto Reutemann (64) posa feliz con su novia, María Verónica Ghio (37). Se casaron luego de dos años de convivencia y cinco de noviazgo, y mantuvieron en secreto la ceremonia hasta  para los más íntimos.

Carlos Alberto Reutemann (64) posa feliz con su novia, María Verónica Ghio (37). Se casaron luego de dos años de convivencia y cinco de noviazgo, y mantuvieron en secreto la ceremonia hasta para los más íntimos.

Reutemann posa orgulloso con sus hijas Mariana y Cora, en el día del casamiento de su chica mayor en la Costa Azul.

Reutemann posa orgulloso con sus hijas Mariana y Cora, en el día del casamiento de su chica mayor en la Costa Azul.

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