“Los kilos de más nunca me hicieron sentir fea” – GENTE Online
 

“Los kilos de más nunca me hicieron sentir fea”

Mi película favorita es El abogado del diablo… y creo que adentro de la casa lo fui. ¿Te acordás del consejo que le decía Al Pacino a Keanu Reeves?

–¿Cuál?
–“Que nadie te vea venir”, y eso pasó conmigo...

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Marianela Mirra lo dice con una carcajada, esa que consiguió más de un millón y medio de votos para consagrarla ganadora de Gran Hermano. Después de cuatro meses, de su guerra victoriosa con Nadia Epstein (villana de turno en el programa) y la nominación espontánea a Diego Leonardi (que definió el juego a su favor), la tucumana de 23 años, estudiante de tercer año de Derecho en la Universidad de Tucumán y 1,70 de altura sigue en Buenos Aires (donde promete venir a vivir), mientras elimina, uno tras otro, los 15 kilos que aumentó en 119 días en la Casa. “Ya bajé tres, estoy en 62… Pero todavía ni me medí los contornos (ríe), mejor dicho, ¡ni quiero saber! Pero ojo, que volveré a mis 50 kilos, porque me gusta el modelaje y tengo propuestas, pero nunca me compliqué con el peso. Los kilos de más nunca me hicieron sentir fea”, cuenta mientras termina la barrita de cereales que será su único alimento hasta la cena.

–¡Cómo comías adentro!
–Fue la ansiedad y la angustia que sufrí los dos primeros meses... Me sentía sola, sin poder adaptarme. Y esa impotencia de sentir que no me querían conocer la canalicé por la comida. Sobre todo cuando cocinaban los varones, que lo hicieron mucho mejor que las mujeres. Y me llevó a esto (se toca la panza y se ríe).

–Pero ganaste. ¿Por qué?
–Porque fui perseverante, usé todas las herramientas que permitía el juego, porque crecí adentro de la casa, porque me gusta que la gente se ría conmigo y porque, como dicen todos... ¡tengo aguante!

–¿Entraste a jugar por la plata?
–Por muchas cosas... Quería ser conocida. Y en la mitad de la estadía, con todo lo que me había bancado al principio, dije: “¿Por qué no puedo ganar yo?” y me puse a jugar para lograrlo.

–Algunos, con la chapa del resultado puesta, decían: “Fui a buscar amigos, no a jugar”.
–Suena raro eso de ir a buscar amigos a la televisión. Porque dentro de la Casa la amistad es muy superficial. Entonces, traté de no involucrar mis sentimientos. Consciente o no, todos sabíamos que era un juego. A algunos les pegó más, a otros menos, pero todos jugamos. Y busqué que no se perdiera esa esencia. Y estoy feliz porque lo conseguí.

–¿Cómo quedaron los enfrentamientos que se dieron en la Casa?
–Al principio fue un tema. Porque el ambiente estaba tenso y cuesta ponerse de acuerdo. Pero lo importante es que yo esté bien conmigo. Todos tenemos nuestro carácter, pero después de algunos días es como que con los chicos es todo paz y amor… menos con Nadia.

–¿No hablaste con ella?
–Es la persona a quien menos conocí. Ella, como yo, sabía perfectamente que era un juego. Pero quedó en la nada y yo gané.

–¿Mala perdedora?
–No sé… nunca entendí lo pasa con ella…¡pero tampoco me quita el sueño (ríe)!

–Cuando hiciste esa nominación espontánea de Diego, que significó su salida, Mariela le dijo: “Creamos un monstruo”. ¿Pensaban que te controlaban y descubrieron que no?
–De alguna manera les inspiré protección. Y los sorprendió, porque soy tranqui y me adapto. Pero cuando no estoy de acuerdo con algo, sigo mis convicciones. A la hora de decidir, pensé en mí.

–Trabajabas en el estudio penal de tu hermano Mario, en Tucumán. ¿Te sirvieron los casos que viste para tu relación con Diego, que estuvo preso y buscó que la sociedad lo perdonara?
–Sí, claro, me sirvió para entender a Diego. No todos los casos son iguales, pero en el estudio se presentaron personas con situaciones parecidas a la de él, y me ayudó. Pude entender mejor cómo pensaba, y descubrir qué había más allá de lo que decía o hacía.

–¿Te cambió algo esta experiencia?
–Me hizo mucho más fuerte, más segura. No tuve miedo a elegir, a la libertad de expresión. Me relajé, y como dije siempre, dejé que las cosas fluyan, porque yo era muy estructuradita.

–¿Hacía falta llegar a un programa de tevé para eso? ¿No te podrías haber ido a vivir sola, por ejemplo?
–En realidad, no necesariamente hay que llegar a Gran Hermano para ponerse a prueba. Pero en mi caso se dio así. Hace tres años vine a Buenos Aires, a probarme con Ricardo Piñeiro (donde, parece, tendrá revancha), y no me animé a quedarme. Ahora, estoy más segura, tengo muchas ganas de empezar una vida nueva, tener proyectos. Quiero estudiar periodismo deportivo y seguir modelando.

–¿Eras tan estructurada de chica?
–Fui a un colegio privado, religioso, Nuestra Señora del Huerto. Yo tenía seis años, y decía que quería ser jueza y modelo. ¡Mi mamá se agarraba la cabeza…!

–¿El “qué dirá mi madre” te paraliza?
–Siempre muestran como que mis viejos fueron mano dura, pero me apoyaron en todo, por más que no lo compartieran. Con mi mamá siempre tuvimos diálogo, hablábamos de todo. A ellos les di una exposición que no querían. Por eso, al principio me preguntaba: “¿Qué pensará mi vieja?”.

–Tu papá, Francisco, no estuvo el último día, y lo buscabas con la mirada. ¿Te decepcionó?
–No. Al contrario. Mi papá tuvo etapas de depresión, que superó. Fue difícil a nivel familiar. Venía triste o decayendo cuando estaba por entrar a la Casa, por eso mi preocupación. Es difícil, ahí adentro, no darte manija con lo que sucederá afuera. Mi relación con papá es hermosa, muy unida. Y antes de entrar a la casa lo hablamos y me dijo: “Esto te gusta a vos, hacélo, pero a nosotros no nos gusta la exposición”. Y no lo cuestiono. Porque dijeron cosas que nada que ver, que mi familia tiene millones... Somos normales, y a mis viejos les quedó pendiente tener un techo propio. Y con el premio voy a contribuir a que lo tengan. Yo me quedo con la experiencia y me hace feliz verlos bien a ellos.

–¿Entre las cosas que hablabas con Angie, tu mamá, estuvo la confesión de la relación con un hombre casado y mayor, que se contó afuera mientras estabas adentro?
–Nada de lo que se dijo es verdad. Tuve dos noviazgos prolongados, muy lindos, que se terminaron hace mucho. Pero nunca jamás estuve con un hombre casado ni mucho mayor… ¡Me enteré de cada cosa! Hasta dijeron que estaba embarazada, porque no me indispuse durante los cuatro meses, y fue por eso, también, que tuve un desequilibrio hormonal… ¡y justo me vino el último día! ¡Me lo pasé yendo al baño! (ríe) Mirá lo que hace la cabeza, me sentí en libertad y me relajé.

–¿Y no dejaste nada pendiente?
–Nadie que me esperara. Estoy solita…

–¿Alguno de tus compañeros de estadía podrían tener la chance ahora?
–Nooo… Yo no fui a buscar novio a la Casa, y tampoco encontré a nadie que me moviera el piso. Igual, desde que salí tuve muchísimas propuestas para ponerme de novia, pero no le di cabida a ninguno.

¡Marianela! Tucumana, 23 años, hincha de Boca, le gusta comer pastas, perfumarse con Euphoria de Calvin Klein, leer a Erich Fromm y dice que su película favorita es El abogado del diablo... “<i>Y yo lo fui en la Casa</i>”, asegura con una carcajada.

¡Marianela! Tucumana, 23 años, hincha de Boca, le gusta comer pastas, perfumarse con Euphoria de Calvin Klein, leer a Erich Fromm y dice que su película favorita es El abogado del diablo... “Y yo lo fui en la Casa”, asegura con una carcajada.

Después de cuatro meses, fue la última en abandonar la Casa. Hoy, en su provincia natal, un vestido similar al que usó el día que ganó Gran Hermano se vende a 99 pesos ¡y es furor!

Después de cuatro meses, fue la última en abandonar la Casa. Hoy, en su provincia natal, un vestido similar al que usó el día que ganó Gran Hermano se vende a 99 pesos ¡y es furor!

“Gané porque fui perseverante, porque usé todas las herramientas que permitía el juego, porque crecí adentro de la casa, porque me gusta que la gente se ría conmigo y porque, como dicen todos... ¡tengo aguante!”

“Gané porque fui perseverante, porque usé todas las herramientas que permitía el juego, porque crecí adentro de la casa, porque me gusta que la gente se ría conmigo y porque, como dicen todos... ¡tengo aguante!”

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