«Lo único que nos paraliza es el sistema, no nuestras piernas» – GENTE Online
 

"Lo único que nos paraliza es el sistema, no nuestras piernas"

"Paralítico las pel…!", suele disp
arar. Claudio Waisbord detesta las

obviedades. El, que sobre su silla de ruedas tuvo la agilidad suficiente para
fundar su propia compañía y convertirse en un exitoso empresario, él que se
mueve por la vida con la misma facilidad que si lo hiciera sobre sus pies, ya
dejó bien demostrado que nada ni nadie lo pueden detener.

En 1986, cuando todavía vivía en su Córdoba natal, dos hombres entraron armados
a robar la joyería de su padre y le dispararon. Entonces, quedó paralítico. Pero
la desgracia no lo inmovilizó. Durante los tres meses que estuvo internado, oyó
hablar de la importancia que tenían las ambulancias de alta complejidad y de que
-incomprensiblemente- en Buenos Aires esos servicios aún no existían. A Waisbord
-que en aquel tiempo tenía 35 años, estaba casado y tenía dos hijos con
pañales-, se le ocurrió un plan que concretó no bien recibió el alta. Y, sobre
esa silla de ruedas que nunca más iba a poder abandonar, pidió dinero prestado a
familiares y amigos, se trasladó a Buenos Aires y compró la primera de las 145
ambulancias que hoy (18 años más tarde) forman parte de su empresa de servicios
médicos: Vittal.

-No es difícil rehabilitarse -cuenta desde sus modernas oficinas, ubicadas en la
Avenida Alvarez Thomas-. La gente que te quiere ayuda mucho para que te
recuperes física y psíquicamente. Lo más complicado de todo es adaptarse a una
sociedad que no está preparada para que nosotros, los discapacitados motrices,
formemos parte de ella.

El segundo cambio histórico que protagonizó sobre su silla de ruedas ocurrió en
enero de 2001 y tuvo que ver con esa "no adaptación" de la que habla: la línea
aérea Southern Winds lo discriminó al considerarlo incapacitado para viajar solo
y le impidió embarcarse con rumbo a Córdoba para el cumpleaños de su ahijada
Rosalía. Ese freno tampoco logró detenerlo. Es más, lo impulsó a crear su propia
ONG. Y hoy, a los 53 años, Waisbord habla de esta última aventura llamada Acceso
Ya, la fundación que creó para que la accesibilidad sea un derecho inalienable y
de TODOS.

-¿Por dónde empieza tu nuevo sueño?
-Por modificar la Avenida Corrientes, de Callao hasta el bajo, para que todos
tengamos llegada a la movida cultural porteña. Hicimos un relevamiento de la
zona y descubrimos que la mayoría de los teatros, de los centros culturales y de
los negocios no tienen acceso para los que nos manejamos con silla de ruedas,
bastón o muletas. La idea es hacer las rampas que sean necesarias para que todos
tengamos entrada a la cultura. Para los funcionarios de nuestro país, que tanto
les gusta hablarle al turista sobre nuestro arte y nuestra cultura, esto es un
verdadero papelón. Las barreras arquitectónicas que tienen los espacios públicos
y culturales los debería hacer ruborizar.

-Y vos, que conducís tu propio auto y trepás tu silla de ruedas en las escaleras
mecánicas, ¿con cuántas barreras te encontrás por día?
-Yo tengo la ventaja de ser el dueño de la empresa en la que trabajo. Y,
obviamente, está adaptada para que entre y salga en mi silla de ruedas. Tengo la
suerte de tener auto, no sufro a la hora de viajar. Pero a la vez, me encanta
cenar en Palermo, y hasta ahora descubrí un solo bar con el baño adaptado para
que puedas entrar con silla de ruedas. Hoy en día, encontrar un baño accesible
es toda una rareza. Otro lugar con problemas de acceso son los cines, los que
están preparados te mandan delante de la primer fila o te ubican al fondo entre
las paredes, o sea que no podés compartir la película con nadie, tenés que verla
solo. El otro día, sin ir más lejos, fui a una muestra que daban en el subsuelo
del diario La Prensa. Ese centro cultural es hermoso, pero cuando llegué me
informaron que el ascensor no funcionaba. Y no llevaba roto quince minutos,
¡estaba así desde hacía quince días!

-Te fuiste sin ver la muestra.
-No, fue mucho peor. Me bajaron a upa, resoplando, entre cuatro personas de
seguridad, y cuando se les terminó su turno se fueron y me dejaron ahí, en el
segundo subsuelo. Cuestión, a las once de la noche, que no pasaba un alma por
aquel lugar, mi mujer tuvo que salir a la calle para pedirle a las personas que
pasaban que la ayudaran a sacarme. Fue una noche con suerte aquella, creo que le
llevó sólo cuarenta minutos reunir a tres voluntarios.

-¿Cómo te tomás esas desventuras?

-Ahora, con bastante humor. El punto es que no hay nada peor para un ser humano
que depender de otro y, en general, la gente normal tiende a que el
discapacitado se haga dependiente de ellos. Yo, si hubiese tenido una rampa o el
ascensor hubiera funcionado o hubieran tenido una escalera mecánica, no hubiese
tenido la necesidad de molestar a nadie. La gente tiende a ayudarte mucho, pero
la idea no es depender de otro sino que yo pueda acceder por mis propios medios.
Sufro de discapacidad motriz y, sin embargo, eso no me paraliza. Y no soy el
único. Si bien no hay cifras exactas, calculamos que el diez por ciento de la
población sufre algún tipo de discapacidad y que el uno por ciento de ellos
tiene problemas de movilidad.

-¿En qué terminó tu pelea legal con la compañía aérea?
-Fue una larga lucha, duró tres años. Gané el juicio en febrero. Con esto
descubrí que un discapacitado que ha sufrido una discriminación no tiene a dónde
ir para hacer su reclamo. Yo llamé a mi abogado, a mi escribano y armamos una
presentación judicial, pero no todos tenemos esas posibilidades. Aquí suceden
cosas insólitas: existen leyes que prohiben la discriminación, pero no hay penas
para quienes no las cumplen. Esa será también una de las primeras cosas que
vamos a modificar: nuestros abogados ya presentaron un proyecto de ley para
lograr ese cambio. Acceso Ya se dedicará a eso, tenemos toda la estructura
necesaria (abogados, secretarias, escribanos) para hacerle frente a casos como
estos.

-Una duda ¿vos ya habías viajado solo en otras líneas?
-Sí, siempre. Y en Southern Winds también. En aquel enero me encontré con una
nueva traba: ellos no me prohibían viajar, pero me obligaban a hacerlo en
compañía de una persona hábil a la que yo debía pagarle el pasaje ida y vuelta,
la comida y la estadía. Una locura. Pero cuando exijo ser embarcado y me
presento con abogado y escribano, me encuentro con un disparate aún mayor: el
reglamento de la compañía. Allí decía que no sólo se reservaban el derecho de
embarcar o no a los discapacitados motrices sino también a las personas que
sufrieran algún defecto físico que pudiese molestar al resto del pasaje. La
justicia, por supuesto, los obligó a modificar aquel reglamento demente. Esa fue
mi gran victoria.

-¿Y cual crees que será la próxima?

-Demostrar que lo único que nos paraliza el sistema, no nuestras piernas. No voy
a parar hasta conseguir que la sociedad tome conciencia de esto.

Waisbord ya tiene un plan. Estudió la calle Corrientes, desde Callao hasta el bajo, y demostró que el 60 por ciento de los comercios no son accesibles para todo el público. Haremos las rampas que sean necesarias para que todos tengamos acceso a la cultura", propone.">

Waisbord ya tiene un plan. Estudió la calle Corrientes, desde Callao hasta el bajo, y demostró que el 60 por ciento de los comercios no son accesibles para todo el público. "Haremos las rampas que sean necesarias para que todos tengamos acceso a la cultura", propone.

La vida le cambió en 1986, cuando dos ladrones entraron a robar la joyería de su padre y le dispararon. Estuvo tres meses internado y quedó paralítico. Tenía sólo 35 años. El bajón no duró mucho, enseguida volvió a pelearle a la vida y aprendió a tomar su propio camino. Hoy, además de fundar su propia ONG, es el dueño de la empresa de ambulancias de alta complejidad Vittal.

La vida le cambió en 1986, cuando dos ladrones entraron a robar la joyería de su padre y le dispararon. Estuvo tres meses internado y quedó paralítico. Tenía sólo 35 años. El bajón no duró mucho, enseguida volvió a pelearle a la vida y aprendió a tomar su propio camino. Hoy, además de fundar su propia ONG, es el dueño de la empresa de ambulancias de alta complejidad Vittal.

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