“Lo más lindo que hice fue jugar al fútbol, que es el ADN de la vida» – GENTE Online
 

“Lo más lindo que hice fue jugar al fútbol, que es el ADN de la vida"

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Feria del Libro de Guadalajara: un clásico mexicano. Capítulo: Quinto Encuentro Internacional de Caricatura e Historieta. Personaje central: Roberto Fontanarrosa (casi 62). Y allí, un torrente de aplausos para El Negro en su entrada triunfal. Más de 600 almas atestando el salón para el hombre que, desde su Boogie, el aceitoso, publicado por años en el influyente semanario político Proceso, cautivó a este país. Tanto, que un grupo se enfundó en remeras negras con la cara de bulldog y el eterno cigarrillo de Boogie. Un grupo que se hizo notar no sólo por sus aplausos: también por aullidos y silbidos de devoción…

Al final del homenaje llegó a las manos del Negro una estatuilla llamada La Catrina: una calavera de mujer apoyada, y con gesto muy coqueto, en una sombrilla púrpura. Porque, como reza el dicho, “a los mexicanos les gusta reírse de la muerte”.

La figura, esqueleto o calaca, como aquí la nombran, está inspirada en los grabados del célebre caricaturista José Guadalupe Posada, que vivió y creó un poco antes de la Revolución Mexicana.

Fontanarrosa dijo, asombrado:
–Qué curioso. De niño tenía en casa, no sé por qué, un libro con estas calaveras vestidas de gala, que me atraían sin saber de quién eran…
Además de la calaca le entregaron un diploma enmarcado:
–Creí que era un cheque gigante, pero me confundí –bromeó.
Un día antes, en una mesa redonda sobre literatura y fútbol, lanzó su manifiesto:
–Soy hincha de Rosario Central. ¡Soy Canalla! Y esto es lo más importante que voy a decir…Porque el fútbol es el ADN de la vida. Pero también deja lesiones. Tengo una operación de meniscos y un reemplazo de cadera izquierda. Fui profesional, porque siempre hubo plata en mi fútbol. Pagué para jugar, para el alquiler de la cancha, para la camiseta, para los árbitros. Nada me gustó tanto en la vida como jugar al fútbol. Y eso que jugué mal…

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Ahora está en el centro de una larga mesa. Lo acompañan los dibujantes Sergio Aragonés y Fius, y la plana mayor de la Feria: Raúl Padilla López, el presidente, y Trinidad Padilla López, rector de la Universidad local.

–Me han puesto un Padilla López a cada lado. ¡Soy uno de los primeros empadillados de la Feria! –dice.
Más aplausos, silbidos, aullidos, carcajadas. Luego, proyección de un video sobre su trayectoria. Y al final…
–Agradezco que se hayan eliminado mis desnudos artísticos. ¿Qué más puedo decir? Primero, que es un premio merecidísimo. Lo digo con la clásica humildad argentina… Después, que se vienen días de oro para el muralismo mexicano: sobre todo si aprovechan las paredes que están levantando los norteamericanos en la frontera…

Al rato, un toque de seriedad:
–Me parece que el momento que vive Latinoamérica es muy interesante. Kirchner, Bachelet, Vázquez, Lula, indican un cambio en las expectativas de los países. Entiendo que hubo un inicio complicado para el nuevo gobierno mexicano. Pero México es un país de tanta riqueza que ningún contratiempo pone en riesgo su forma de vida.

De pronto, la seriedad se hace pedazos. Un hombre se acerca y le dice:
–Señor Fontanarrosa, qué gusto. Y lo admiro mucho. He visto todas sus películas…
Es su gran amigo, el colombiano Daniel Samper. Que, según Fontanarrosa, forma parte, junto a Woody Allen, Caloi, Alberto Olmedo, Les Luthiers y Rius, de su equipo ideal de humoristas.

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Ahora, el reportaje con el Negro:
–¿Se siente menospreciado como escritor?
–No. Vengo de la publicidad, donde vos hacés las cosas, te pagan y te vas. De la publicidad y la historieta llegué, como un outsider, a relatar. Pero siempre me fue bien con los libros, y por eso no me preocupé demasiado en averiguar si me miran peyorativamente. Nunca viví atormentado por eso. Lo único que me preocupa es cómo va a jugar Rosario Central el domingo. Después, las relaciones personales: mis amores, digamos. Y por supuesto, el trabajo.

–¿Cómo lleva su enfermedad?
–Como puedo... Milagrosamente, todavía puedo dibujar. Escribir y caminar, no, pero dicto. Estoy readaptándome, tratando de no quedarme. Pero las pérdidas son grandes… Apenas si puedo mover un brazo. Pero la tecnología, la computadora y la gente que quiero me ayudan mucho.

–¿Lo toma con humor?
–Y… cuando puedo, ¿viste? Pero podría estar peor. Es muy duro. Sobre todo por la pérdida de la independencia. Pero tampoco quiero hacer de mi enfermedad la estrella de la película. Es algo que uno no puede ocultar, pero tampoco voy a escribir un libro sobre esto. En absoluto… Además, el cariño de la gente es una forma de terapia, y me hace muy bien. Mirá, me están tratando como a un crack de fútbol. ¿Qué más puedo pedir?

–¿Le cuesta mucho pensar y dibujar un chiste por día? (alusión a su presencia cotidiana en la página 2 del diario Clarín).
–No. A pesar de mi enfermedad, sigo. Hacer un chiste todos los días, al principio, asusta. Pero después se convierte en algo natural. En una rutina.

–¿Los políticos siguen inspirándolo?
–Por supuesto. En países como los nuestros, para bien o para mal, pasa en cinco días lo que en Europa no pasa en quince años. Son realidades muy complejas…

–¿Una época de oro para el humor?
–La era de Menem. El, su perfil alto y su entorno, una verdadera Corte de los Milagros, daban para ironizar mucho. En cambio, De la Rúa o Kirchner dan muy poco. Cristina, la mujer del Presidente, un poco más…

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El Negro, en su obligada silla guiada por Gabriela, su mujer, se desplaza por todo el salón. Su enfermedad (una extraña complicación neurológica) “no es la estrella”, como dijo, pero sí él, y absolutamente. Le hablan de Boogie, de Inodoro (y el perro Mendieta, y la Eulogia, y Nabucodonosor, el chancho y los loros), de cada uno de sus libros (El mundo ha vivido equivocado, El rey de la milonga, y siguen las firmas…), y él no suelta la calaca que en tan buena ley se ha ganado, y uno no puede dejar de recordar su grandeza frente a la adversidad, su humor y su genio a pesar de todo y contra todo. Ese humor y ese genio que le hizo decir, cuando le preguntaron en qué nivel estaba su enfermedad, y dijo, futbolero:

–Estoy jugando con ocho…

 Fontanarrosa junto a su mujer, Gabriela, en el escenario central de la famosa Feria del Libro de Guadalajara, donde lo ovacionaron, lo premiaron y fue la estrella absoluta.

Fontanarrosa junto a su mujer, Gabriela, en el escenario central de la famosa Feria del Libro de Guadalajara, donde lo ovacionaron, lo premiaron y fue la estrella absoluta.

 El humorista Sergio Aragonés, Fontanarrosa (ocupando, en broma, la silla presidencial), y José Trinidad Padilla López, rector de la Universidad de Guadalajara.

El humorista Sergio Aragonés, Fontanarrosa (ocupando, en broma, la silla presidencial), y José Trinidad Padilla López, rector de la Universidad de Guadalajara.

"Mi enfermedad es muy dura y la llevo como puedo. Milagrosamente, todavía dibujo. Pero tampoco la voy a convertir en la estrella de la película ni escribir un libro sobre lo que me pasa".

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