Les Luthiers: "Para estas Fiestas les deseamos, paz, humor y toda la democracia que se pueda" – GENTE Online
 

Les Luthiers: "Para estas Fiestas les deseamos, paz, humor y toda la democracia que se pueda"

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Les Luthiers. Foto: Christian Beliera/GENTE
Les Luthiers y sus deseso para las fiestas. Foto: Christian Beliera/GENTE

¡Epa! ¡¡Guau!! ¡¡¡Lo que pesa!!!”, se repiten las onomatopeyas y su justificación apenas va pasando del manager Javier Navarro Llona a Carlos López Puccio, a Marcos Mundstock, a Jorge Maronna, a Martín O’Connor, a Horacio Turano, a Tomás Mayer-Wolf, a Roberto Antier y, por último, a Lino Patalano, el agente de la banda músico-humorística más trascendente de la historia nacional, ahora reunida en el barrio de Belgrano para iniciar la nota con GENTE.

Y entonces apoyan el compacto premio sobre una mesa. Hablamos del Princesa de Asturias que, aunque acaba de llegar vía correo desde España, embalado en una lámina de polietileno con burbujas y dentro de una caja de madera, parece no haber podido domar el díscolo devenir de sus ocho kilos de bronce cercados en 47 centímetros de altura: se rompió un extremo de la base de madera. “Ahora entiendo por qué en Oviedo nos entregaron un diploma y no directamente la obra de Joan Miró –le insinúa Mundstock a López Puccio, dueño de casa–... Si lo hacían volvíamos en un avión sanitario, con los brazos quebrados”, remata, desplegando la mejor presentación para iniciar el reportaje.

El premio que viajó desde España.
El premio Princesa de Asturias que viajó desde España.

–Si les decimos 4 de septiembre de medio siglo, cinco décadas, 50 años atrás, ¿qué dicen ustedes hoy?
Jorge Maronna: Que es la fecha oficial en que nació nuestro grupo, luego de la última función de I Musicisti.
Marcos Mundstock: Era una banda grande de once compañeros del coro de la Facultad de Ingeniería, que preparaban bromas para las fiestas. Al dividirse, una parte desapareció y la otra se convirtió en Les Luthiers.
Carlos López Puccio: I Musicisti venía desde 19’65, cuando estrenó la Cantata Moratón, rebautizada Laxatón.
Jorge: Que explotó en el VI Festival de Coros Universitarios, en San Miguel de Tucumán, a través de una parodia, con la primicia de instrumentos informales, inventados y caseros, y música compuesta por Gerardo Masana.
Carlos: Nuestra prehistoria, el gran momento de la creación. Al par de meses GENTE, que acababa de aparecer, publicó un artículo con I Musicisti… ¿Pero vos habías estado desde el principio-principio, en el ‘63, no Marcos?
Marcos: En 1962: se había organizado un festival en la Facultad de Medicina, y dentro del hall del hotel –cuyo nombre se me escapa– en el que se alojaban compañeros del Interior, se leyó una de las primeras biografías no oficiales de Mastropiero (Johann Sebastian, desde siempre el genial compositor musical ficticio del grupo). Ojo que antes hubo algunas presentaciones en las que ninguno de nosotros participó, salvo el Flaco (Gerardo) Masana... Estos cuatro me miran con estupor.
Roberto Antier: Pasa que en el ‘62 yo tenía un año.
Martín O’Connor: Yo andaba por los 4.
Horacio Turano: Y yo por los 8,9.
Tomás Mayer-Wolf: En mi caso, 19, 20...
Todos: ¡¿Vos tenías 19, 20?!
Tomás: Eran los años que me faltaban para nacer (risas).
Marcos: Los oigo y se me ocurre una boludez… ¿Vieron que una manera de descalificar un chiste es comentar: “¡Qué divertido! La primera vez que lo escuché me caí de la cuna”? Siento que aquellos chicos que ahora son nuestros compañeros, cuando escucharon por primera vez a Les Luthiers, se rieron tanto que cayeron de su cuna.
Horacio: Sí, bueno, yo tenía 17 cuando los escuché.
Marcos: ¿Y todavía dormías en cuna? ¡Dejame de joder!
Horacio: Pero acompañado (carcajada general).
Roberto: La famosa cuna camera.
Marcos: Cuna cameeeeeera, cascabelera (canta).

Les Luthiers. Foto: Christian Beliera/GENTE
Les Luthiers. Foto: Christian Beliera/GENTE

–¿De qué manera se prueba a un potencial Les Luthiers?
Jorge: Son varios los requisitos. El primer casting, en 2000, se hizo porque Daniel (Rabinovich) debía operarse las caderas. Se nos ocurrió buscar dos reemplazantes, por prevención: uno que fuera más actor y cantante y otro, instrumentista y cantante. La zona interpretativa apuntada a Marcos y a Daniel, y la musical, a los Carlos (López Puccio y Núñez Cortés) y a mí. Pedíamos…
Martín: … Una canción y un monólogo de dos minutos.
Tomás: En mi caso, todas las voces de un coro. Debí cantar como tenor, barítono y demás, con Jorge y Puccio.
Horacio: Yo toqué el acordeón. Alquilé uno para ensayar. En la prueba, ellos me acercaron otro distinto, así que no me servía lo aprendido. “¿Y ahora qué hago?”, lancé. Y Carlitos (Núñez Cortés, el último histórico alejado), súper didáctico, desde la platea, me iluminó: “¡Resolvé!”.
Roberto: Cuando nosotros audicionamos, lo hicimos frente a Los Beatles. Lo más complicado no era la obra en sí, sino con quién la tocábamos. Fue como: “¿Sabés Yesterday?” “Seguro; son tres acordes”. “Bueno, tocala con Paul”. ¿Me entendés? Fue como audicionar con mis admirados George Gershwin y Mel Brooks.

En blanco y negro: el equipo del ’71-73 que marcara época: Gerardo Masana, Maronna, Carlos Núñez Cortés, Mundstock, Ernesto Acher, Daniel Rabinovich y López Puccio. Foto: Archivo Atlántida
En blanco y negro: el equipo del ’71-73 que marcara época: Gerardo Masana, Maronna, Carlos Núñez Cortés, Mundstock, Ernesto Acher, Daniel Rabinovich y López Puccio. Foto: Archivo Atlántida

–Una vez que reconocen la madera de los candidatos, ¿qué características extra toman en consideración?
Carlos: Apuntamos a profesionales laburadores y responsables. Deben superar instancias… Este animal (mira a Roberto) sabe las partes de todos, ¡de tres espectáculos!
Marcos: Lo que exige un gran trabajo.

–Aparte de una gran pasión.
Carlos: Cercana a la obsesión.
Jorge: Y hacemos hincapié en la buena gente. Personas excelentes en lo técnico nos han hecho debatir: “¿Nos animamos a compartir tanto tiempo con ellos?”.
Carlos: Realizábamos períodos de experimentación. Les hacíamos pruebas. Por ejemplo, en medio de alguna función. Así íbamos tanteando sobre las tablas. Hubo dos o tres que pasaron pero luego siguieron de largo.
–Llega el momento de la resolución final: ¿Qué clase de humor se le reclama a un posible integrante, que es el humor que el público le exige a Les Luthiers? ¿Cuál es la “fórmula le lutié”, tal se pronuncia la banda?
Roberto: Antes de ingresar, yo me definía como un rematista. Pero Les Luthiers siempre tenían otra vuelta y otra más, lo que lo tornaba fuera de mi alcance. Siempre los sentí como una viñeta de Quino: te maravilla imaginar cómo hicieron para llegar hasta ahí.
Tomás: En Les Luthiers se exige humor sano.
Carlos: Inteligencia y finura.
Horacio: Agregaría elegancia. Y va más allá de las payasadas que pueden verse sobre el escenario y del esmoquin y moñito que usamos. Me refiero a su humor en general. Al conocerlos, los contrasté con lo que veía, Telecómicos, Telecataplum, que eran bárbaros también, pero notaba que a Les Luthiers lo distinguía su elegancia.
Martín: Les Luthiers tiene como capas, que hacen que su humor lo entiendan generaciones y niveles culturales diferentes. Capaz que cuatro personas distintas pueden estar riéndose del mismo chiste, pero desde aspectos diversos: el físico, la sutileza, lo gestual, el grotesco.
Marcos: Manejamos un humorismo conceptual, que genera carcajadas más allá de la situación cotidiana, costumbrista. Eso además me parece lo inédito.
Jorge: Y que es atemporal, universal. Nuestras obras iniciales siguen vigentes a lo largo de las épocas y en cada uno de los países donde volvemos a representarlas.

El backstage de la producción de fotos para GENTE-
El backstage de la producción de fotos para GENTE-

–¿Y cuál es el límite a nivel malas palabras?
Los siete: (Se miran).
Carlos: Culo es lo máximo.
Marcos: No usamos groserías, el chiste fácil.
Martín: ¿Te acordás aquella oportunidad en medio de ¡Chist!? Mandaste “Yo soy un tipo huraño… –y agregaste sin querer–… jodido”. ¡Fue un escándalo! Como si hubieses corrido las bases fundacionales del grupo. Al punto que, veloz de reflejos, añadiste: “Bueno, un tipo difícil”.
Carlos: En un gag de los Setenta, Daniel tenía algo en la boca. De repente se enojaba y cuando le sacábamos eso, gritaba: “¡Carajo!”. Y explotaba la sala.

–Culo, jodido y carajo: han confesado sus grandes pecados… ¿Existen temas que no se tocan?
Carlos: Aquellos en los que hay un dolido o alguien sufriría al escucharlos. Es nuestra consigna.

–¿Política, religión, fútbol?
Marcos: Se tocan sin nombres, actualidad, personificación. Lo que sí, se podrían hacer muchas cosas con el fútbol que nunca hemos transitado. Linda idea.

–¿Un humor bien hecho puede contribuir a que se cierre la ya tristemente célebre grieta?
Marcos: Yo creo que no. Habría que reeducar a mucha gente para que tenga un poco más de sentido del humor y de respeto por… Yo creo que no.
Martín: Léase que no.
Marcos: Con esos hijos de puta que alimentan la grieta no se puede hablar (risas).

Durante la charla con el periodista de GENTE. Foto: Christian Beliera/GENTE
Durante la charla con el periodista de GENTE. Foto: Christian Beliera/GENTE

–¿Añadimos su flamante mala palabra?
Marcos: Nunca en el escenario.
Carlos: Entonces mejor pidamos para estas Fiestas paz, humor y toda la democracia que se pueda. Tal vez era exagerado aquello de que “con la democracia se cura, se come y se educa”, pero es cierto que sin ella ni se cura ni se come ni se educa. Respeto las instituciones republicanas y entiendo que el auténtico y amplio diálogo es el único camino para lograr la Argentina de todos.
Los seis restantes: Coincidimos.
Horacio: Te escondimos otra mala palabra brava...
Los seis restantes: (Lo miran desconfiados). ¿Perdón?
Horacio: Caca.
Tomás: … Cierto. Y dejame agregar culito de rana.

–Negocios y amistad se aconseja no mezclar, pero ustedes rompen con tal regla.
Carlos: Se ve que sí.

–¿Comparten un grupo de WhatsApp?
Jorge: Los históricos usamos uno que se llama Artistas, en el que están también Javier y Lino.
Roberto: Y nosotros cuatro, otro también con el manager: Los Simuladores. Cuando andamos de gira, nos escribimos para juntarnos… Lo que uno nota en los fundadores es hermandad. A veces se frecuentan, a veces no, pero cuando de repente se encuentran, notás su alegría. Quizá es el gran equilibrio que consiguieron entre los momentos en que están solos y los que están juntos.
Marcos: Palabras dedicadas a tres venerables ancianos.

Les Luthiers. Foto: Christian Beliera/GENTE
Les Luthiers. Foto: Christian Beliera/GENTE

–¿Cómo resuelven las broncas?
Carlos: Nos acompañó un psicólogo (Fernando Ulloa) a lo largo de dos décadas. El nos ayudó a que no nos matáramos y a canalizar creativamente dichas broncas.
Jorge: Matarnos en aquel momento, en el ‘73, significaba acabar con el grupo. Estábamos muy mal con la muerte de Masana, nuestro líder, y éramos más bestias. Ahora somos más sabios y más prudentes que a los veintitantos.
Marcos: Y somos más-menos. Las cosas de alto directorio ahora las resolvemos de a tres.

–Hablemos del ego: ¿alguna vez atentó contra el team?
Marcos: Nunca declaradamente. No se permite argumentar: “Yo quiero aquello porque acá me luzco menos”.
Martín: La verdad, una cosa que siempre destaqué es justamente la falta de ego de ellos, incluidos Daniel y Carlitos. Cuando recibís un aplauso o una ovación, los celebran como propios. He vivido años con cómicos, y el cómico es muy egocéntrico y hasta malo.
Horacio: El nuestro es un grupo creado como tal. Por eso la simbiosis resulta tan fuerte. Y por eso además es tan difícil entrar y pertenecer. Sin embargo, al lograrlo comprendés cuánto podés aportar y cómo los fundadores respetan el parecer de quienes nos fuimos sumando.
Roberto: A partir de festejar las cosas que te salen bien, te ayudan a bajar la inhibición que ellos mismos, sin siquiera intentarlo, te producen.
Jorge: Es la mejor síntesis de lo aprendido en análisis: dejar el ego en segundo lugar y al grupo, en el primero.
Marcos: Si bien los niveles de ego entre nosotros son los normales, hay algo que hemos aprendido utilitariamente, no sólo para ser mejores tipos ni para “valorar el aporte del otro”, como solemos repetir: a reconocer e incorporar como buenas las ideas –que de entrada no nos lo parecían tanto– de los nuevos compañeros. Viene bien que uno se dé cuenta de que no se las sabe todas.

–A propósito, ¿sus giras son como las de los rockeros: sexo, drogas & rock and roll? ¿O qué?
Horacio: En ese orden: Bueno, rock and roll no tanto (carcajada). Mejor poné fabada, en Asturias. Y acá...
Martín: … Buen vino, picadas y sanguchitos de miga.
Jorge: No tenemos ceremonias, cábalas ni supersticiones. Somos raros. A lo sumo cenamos los veinte del equipo completo tras el estreno o el cierre de una gira larga.

–Acompañaron el salto del disco al casete, al CD, al MP3 y a iTunes; el cambio del VHS al DVD, a YouTube y al streaming. ¿Va a existir Les Luthiers en otro medio siglo? Sumar damas, desarrollar una franquicia que se extienda a grupos paralelos en distintas provincias y continentes… Las opciones parecen interminables.
Jorge: No sabemos ni tenemos prejuicios con nada. Hace tres años al grupo lo integraban los mismos cinco señores de las últimas tres décadas. Y ahora hay tres nuevos.
Marcos: Más un cuarto al acecho. Mientras que la respuesta del público sigue siendo la misma, al margen de que haya gente que añore a los que ya no están.
Jorge: La gente lo disfruta igual y con un fervor mayor que en toda nuestra historia. Es emocionante.
Roberto: Aparte, se repite el rito iniciático de los papás llevando a los hijos, como sus padres los llevaron a ellos.
Martín: A veces hay instantes en los que te quedás al costado del escenario y descubrís al abuelo, el papá y el hijo muertos de risa. Eso es hermoso, la postal ideal.
Carlos: ¿Ves por qué el humor es una de las formas de la felicidad?... Pero en serio, no sabemos qué va a pasar ni quién lo va a hacer. Estamos con la misma incerteza.
Roberto: Quizá la respuesta es esa que figura en el título del libro que pensó Jorge: Cien años de sol y edad (carcajadas generales finales).

Producción: Mica Faiman
Agradecemos a Alparamis, Facundo Rizzo,
Jerónimo Pujol, Osvaldo Coiman, Maximiliano Fontán
y muy especialmente a Silvia Santos, de SMW Asesores de prensa

Por Leo Ibañez

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