Las número uno apuestan a las cirugías – GENTE Online
 

Las número uno apuestan a las cirugías

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"Me hice una lipoaspiración en la panza y en los brazos. Además, me achiqué el busto de noventa y cinco a noventa. Me pasé en limpio… Ahora tengo un talle y medio menos".

(Susana Giménez)

En la antigua Roma, la mujer del César no sólo debía ser: tenía que parecer. Hoy, veintipico de siglos después, la mujer del César (léase líder, jefe, etcétera), la famosa, la famosísima, y también la anónima señora de Pérez decidieron ser, parecer, y además, confesarlo. El telón sobre los subterfugios tipo "me fui unos días de vacaciones", "me quedé en casa una semana poniendo al día mis papeles", etcétera, para justificar el paso por el quirófano y la obligada desaparición, cayó lenta pero definitivamente. La cirugía estética, oculta ayer como vergüenza, casi como pecado, entró en la categoría de al pan, pan, y al vino, vino. Como caso emblemático, el relato de Susana Giménez es casi una declaración de los nuevos tiempos y principios: "El posoperatorio es traumático. Tenés que quedarte en la cama, no te podés mover y te ponen un corsé. Por coquetería, intenté que Jorge (Rodríguez)
no me viera así, y traté de echarlo. Pero él quiso estar siempre a mi lado…". Conclusión: no sólo hay apertura y sinceramiento por el lado de la paciente sino también por el frente opuesto, llámese novio, marido o amante. Los dos pasaron del secreto al pacto. 

Y Su fue más allá todavía: "Después de todas las operaciones que me hice, no puedo comer de más y tengo que cuidarme mucho. Dieta total: cero pan, nada de gaseosas, ni un solo dulce. Y, obvio, hago todos los días gimnasia para tonificar: abdominales, pesas, cinta, lo que se te ocurra…", confiesa. Una confesión que en buen romance significa: "Me mato para estar mejor", y que también revela un cambio frontal de actitud. Porque hasta ayer nomás, cuando una mujer le preguntaba a otra: "¿Qué hacés para mantenerte tan bien?", la respuesta solía ser: "¿Eh? Nada, nada… Es mi naturaleza,
¿sabés
?". 

ADIOS, GRASA, ADIOS.
No menos a fondo va Araceli González, a pesar de que su juventud hace presuponer una larga distancia entre ella y el bisturí: "Sí, estoy más flaca, y mi cuerpo está más firme. Pero no por casualidad. Desde hace un año hasta hoy me saqué siete kilos de grasa a fuerza de gimnasia, cinta y hasta boxing, y una cirugía en las lolas me ayudó a recuperar la figura que tenía cuando era modelo. Mente, cuerpo, ánimo y espíritu van juntos. Si uno se achancha y abandona su cuerpo, todo lo demás tambalea. Ahora tengo 96-61-90, peso 56 kilos, no falto jamás a mi cita semanal con la cosmetóloga, sigo un régimen estricto, y obedezco al pie de la letra los ejercicios que me diseña Anahí López, mi personal trainer desde hace tres años".

Con muchos años más -y confesados: 62- que Araceli, tres hijos y varios nietos, Nacha Guevara suele ser el blanco favorito de los que preguntan "¿Cuál es el
secreto
?". Ella responde "mi energía", pero encolumnada también en la ola de sinceridad, revela: "Soy vegetariana desde hace muchos años. En el 92, en Brasil y por primera vez, me traté con embrioninas, agentes naturales contra el deterioro orgánico que pueden combinarse con enzimas, aminoácidos, oligoelementos, antioxidantes y ácidos nucleicos. Desde entonces, y bajo el control de los especialistas Edgardo Guberman y Pedro Kolodzinski, directores del Centro de Revitalización Biológica, logro retardar mi desgaste orgánico y aumentar mi energía, mi vitalidad, mi concentración, mi memoria, y mantener joven mi piel. A los 62 años, mi edad biológica es de 40, lo mismo que mi cuerpo. No reniego de las cirugías, pero creo que no resuelven todo: la juventud debe conservarse de adentro hacia fuera, y no al revés". 

CONFESIONES A BISTURI LIMPIO.
Pero Giménez y Guevara son apenas dos de una lista de notorias que empieza a ser legión. Graciela Alfano, casi un mito nacional, pasados largos los 40, también abdicó del miedo y del secreto: "No soy carne de bisturí porque me aterra el quirófano. Pero también soy profesional ciento por ciento, de modo que cuando decidí ser vedette comprendí que necesitaba más busto, un toque en la nariz (tenía el tabique nasal desviado y no podía respirar bien), y me puse colágeno en la boca". Tampoco era carne de quirófano la insoslayable Moria Casán. Tanto, que "cuando hice Brujas dejé de cuidarme para que el público dejara de mirar mi cuerpo y se fijara en mí como actriz. Pero cuando Nito Artaza me llamó para hacer teatro de revista, me miré en el espejo y descubrí que ya no era la de antes. Entonces me hice una lipo con José Juri, me levanté las lolas y me puse en manos de mi personal trainer Juan Salinas, que me entrena tres veces por semana. Y aquí estoy…".

 Nancy Dupláa todavía vacila antes de meterse en el mar de las confesiones, pero las deja picando en el área: "No tengo un cuerpo diez puntos, Pero Pablo
(Echarri) me empalaga el oído y me hace sentir una reina. De todas maneras, superé mis… zonas erróneas, digamos"(su nuevo escote deja claramente a la vista a qué zonas se refería la actriz). Un extraño caso de doble confesión es Laura Franco, Panam, que hizo un brusco viaje de ida y vuelta: "En una época estaba tan mal, que me sumé a la moda y aposté a ser pulposa. Me agregué lolas, labios, el repertorio completo, pero al tiempo me arrepentí, quise volver a mi personalidad, y me saqué todo. Realmente, llegué a un punto en que no sabía si era una mujer fea… ¡o un monstruo
lindo
!". Tampoco se queda atrás Flavia Palmiero: "Nunca entré por la variante de las cirugías: tenía mucho miedo. Pero empecé a necesitarlas y me
dij
e: ´Quiero ser como a los 20´. Siempre tuve lolas abundantes, pero la maternidad me las fue vaciando. Al principio lo disimulé usando corpiños con aro y relleno, pero no era lo mismo. Hasta que un día me levanté y dije
´Ahora o nunca', fui al consultorio de Pintos Barbieri, le mostré una foto de mis 20 años y le
dije
: ´Quiero ser así otra vez´. Y adelante…". No menos directa es Andrea Frigerio: "Sí, me hice las lolas. Y no hablé con nadie: fue una decisión absolutamente mía. Consulté al cirujano López Carlone, me informé, le dije que era mi segunda operación (ya me había agregado algo cuando tuve a mi hijo Tommy), y me las levantó. Hoy me siento más sexy, la ropa me queda mejor, y me reconcilié con mi cuerpo".


CONFIDENCIAS SIN BARBIJO.
El nuevo tiempo de blanqueo tiene su correlato en el otro lado del mostrador: los cirujanos, antes poco menos que obligados a preservar sus declaraciones como sacerdotes frente al secreto de confesión. Horacio López Carlone, por ejemplo, jura que "los hombres vienen acompañando a sus mujeres, pero -no menos coquetos- se animan, preguntan, y hasta piden fecha… También cambió el perfil de las mujeres. Antes traían la fotito de Kim Basinger, Cindy Crawford, Catherine Deneuve, y pedían una operación a medida para emularlas. Hoy no. Hoy quieren ser más lindas, pero ser ellas. De todas maneras, tanto los psicólogos como los cirujanos serios estamos seguros de que hay que operarse en excelentes condiciones físicas y psíquicas. ¿Por qué? Porque una cirugía ayuda a verse mejor, pero no puede tapar un conflicto…". Coincide, casi sin diferencias, Juan Carlos Pintos Barbieri: "Antes, las famosas escondían sus cirugías, las negaban. Hoy, en cambio, sólo esconden… el precio de la op
eración. Ya no tienen miedo a confesar que se tocaron la cara y el cuerpo. Al contrario: porque pasar por el quirófano, en muchos casos, demuestra buen status social. También tienden a acabarse las operaciones en serie, tipo muñeca

Barbie. No las quieren las mujeres, sus maridos ni los buenos cirujanos. De todos modos, cuidado: una mujer de 40 no debe aparentar 20 porque corre el riesgo de que le digan ´¡Qué bien te queda la última cirugía!´.
Todo tiene que ser muy, muy natural…". Y adhiere a sus colegas Carlos Elías: "Las cirugías dejaron de ser un secreto guardado bajo siete llaves. Hoy son un símbolo de bienestar, son aceptadas por todo el mundo, e incluso no son una prueba de elitismo, porque los precios varían mucho, y en los hospitales hacen operaciones reparadoras y estéticas a muy bajo costo. Desde luego, si una mujer viene a mi consultorio y me dice que quiere parecerse a alguien, no la opero. El modelo puede ser una referencia, pero nada más. Si la cirugía produce un desorden, un cambio de identidad, es negativa. Sí, es cierto que ni las famosas ni muchas anónimas niegan ya sus operaciones. Al contrario: las cuentan al detalle, porque se sienten gratificadas y con su autoestima muy alta. Sin embargo, hay que estar alerta ante cierto peligro: la adicción al quirófano. Porque muchas mujeres creen que una, dos, tres cirugías pueden, por ejemplo, ayudarlas a reconstruir su pareja. Y eso es totalmente falso. Nosotros cubrimos algu
nas necesidades corporales o faciales, pero no podemos curar el alma
". 


SEGUN PASAN LOS AÑOS
. Los antiguos buscaban por cielo y tierra la Fuente de Juvencia: un tesoro tan imposible como la Piedra Filosofal, El Dorado o el Ave Fénix. Un poeta escribió "Juventud, divino tesoro / que te vas para no volver / queriendo llorar no lloro / y a veces lloro sin
quere
r". Un lugar común reza: "Hay que agregar vida a los años, y no años a la vida". El doctor Fausto vendió su alma al Diablo para aventar a la vejez y a la muerte. Oscar Wilde urdió un terrible final en El retrato de Dorian Gray: a la hora de la verdad, el bello cuadro sucumbió entre arrugas y cicatrices mostrando el alma real de su apolíneo amo. El terror al derrumbe físico ha llenado (y llenará) bibliotecas. Sin embargo, en el primer escalón del siglo XXI, el arte de la cirugía plástica se atreve -y consigue- demorar lo inexorable. No es poco. Y las mujeres que hasta no hace mucho ocultaban su paso por el quirófano como irredentas pecadoras, hoy confiesan cómo y porqué, de una semana a la otra, su cara y su cuerpo han entrado en súbita armonía con su espíritu, su fuerza interior, sus ganas. Después de todo, las arrugas y las carnes flojas no son títulos de nobleza ni de sabiduría. Y también se restauran las grandes obras de arte. Como dijo el jefe del equipo que le devolvió los colores a la C
apilla Sixtina, "recién ahora, liberada su obra de los dardos del tiempo, el mundo puede comprender qué clase de gigante fue Miguel Angel".

por Alfredo Serra
entrevistas: Pablo Procopio
informes: Cynthia De Simone
fotos: Santiago Turienzo, Christian Beliera y Archivo Atlántida

La ex top model no ahorró confesiones:

La ex top model no ahorró confesiones: "En un año perdí siete kilos de grasa y mejoré mis lolas gracias a la dieta, la gimnasia y -por supuesto- la cirugía plástica. De pronto me siento como a los 20 años, cuando era modelo. Y lo disfruto mucho, porque mi cabeza y mi cuerpo están en perfecta armonía. Si uno se achancha, perdió…".

"No soy carne de bisturí porque me aterra el quirófano, pero soy muy profesional: para volver al escenario me agrandé el busto, me enderecé el tabique nasal y me puse colágeno en la boca", confiesa. Algunos arriesgan que se hizo un retoque en la cola y se afinó las rodillas. Diosa total.

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